En diciembre pasado, el alcalde de Miguel Hidalgo desplegó, en al menos 123 puntos de esa demarcación, anuncios publicitarios con su fotografía; publicidad tres veces mayor a la desplegada en su campaña de 2018, cuando contendió por dicha demarcación.

Lo anterior fue posible con base en un BANDO que regula, para la demarcación, la contraprestación que establece el artículo 15 Bis de la Ley de Publicidad Exterior (otorgar el 10% de la contraprestación GRATUITA del tiempo de exhibición para campañas institucionales), con el voto de ocho de los diez Concejales, quienes de esta manera, le otorgaron un cheque en blanco propagandístico.

La propaganda de Romo sobrepasó los doce días que la ley permite para publicitar los informes de los servidores públicos; incluso el 11 de diciembre pasado, el propio Romo tuvo que “deslindarse” de la publicidad que aún se exhibía, pues el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) no aplicó la ley, y se lo tuvo que pedir por escrito el 14 de enero, cuando la publicidad continuaba exhibiéndose.

De manera cobarde, la omisión y pasividad del IECM se justificó con la suspensión de términos debido a la pandemia. No obstante, existen casos de otros entes públicos que sí habilitaron plazos de forma extraordinaria, con base en el artículo 75 de la Ley de Procedimiento Administrativo; ejemplo de ello fue la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT), con las quejas por la tala de árboles con motivo de la regeneración de una sección del Bosque de Chapultepec a través de las islas de fertilidad.

El BANDO en comento establece en el artículo 3, fracción XLIV, la definición de la propaganda Institucional, en la cual recae el beneficio del tiempo gratuito de exhibición; además señala que no debe incluir “nombres, imágenes, voces o símbolos que impliquen la promoción personal de cualquier servidor público”, precepto que la propaganda del citado informe violó flagrantemente con el silencio cómplice de ocho de los diez Concejales en Miguel Hidalgo.

Lo que se aprobó como un instrumento para “garantizar la protección, conservación, recuperación y enriquecimiento del paisaje urbano de la alcaldía de Miguel Hidalgo” resultó ser un cheque en blanco propagandístico, sin fiscalización ni contrapeso, ante la falta de previsiones, en el propio BANDO, de candados democráticos para la autorización y supervisión de las campañas institucionales y para la correcta aplicación del propio instrumento.

Sirva este ejemplo de negligencia, de estulticia, de incompetencia y de servilismo político del Concejo en Miguel Hidalgo (salvo dos honrosas excepciones, Gabriela González y Lucia Ruíz de Teresa) para exhortar a todos a NO SÓLO poner atención en las candidaturas para alcalde o alcaldesa, sino también en las planillas de concejales que les acompañan.

Para la vida democrática de nuestra ciudad se necesitan perfiles probos que NO SEAN cómplices, si son postulados por el instituto político que resulte ganador. Pero sobre todo, que si no resultan triunfadores, quienes ocupen los cuatro espacios de contrapeso y pluralidad en cada Concejo de las alcaldías, NO SE VENDAN por unas plazas de honorarios y que NO TRAICIONEN a sus electores volviéndose meretrices políticas de quien gobierna, a cambio de beneficios personales.

Esos cuatro espacios son relevantes y de suma importancia, pues son la garantía de pluralidad y de contrapeso para quienes NO HAYAN votado por la candidatura triunfadora. Cuando negocian beneficios personales y prebendas administrativas a cambio de votar con el Gobierno electo, se traicionan a sí mismos, traicionan a los institutos que les postularon, traicionan a quienes votaron por ellos y les otorgaron su confianza. En resumen, traicionan lo que son y lo que deben ser, y esas traiciones salen caras, muy caras, para la vida democrática y para esta incipiente figura creada por la Constitución de nuestra ciudad.

En democracia se gana y se pierde, pero si los vencidos democráticamente en la urna se venden y se traicionan a sí mismos, todos perdemos y hacen de la derrota de quien los invito a su planilla, una derrota total; y de los votos de quienes en ellos depositaron su confianza, esperanzas marchitas. Sirva este caso como un ejemplo de lo que NO DEBE volver a suceder.

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