La jornada electoral del pasado 6 de junio consolidó a Morena como primera fuerza política a nivel nacional y nos dejó muchos elementos para el análisis. Aunque las preferencias electorales desde 2015 se mantienen a favor de la 4T, resulta importante advertir que en esta ocasión algunos sectores de la sociedad se mostraron particularmente escépticos, asunto que desde mi punto de vista requiere de atención y análisis.

No hay que olvidar que el principal compromiso hecho por la 4T desde su llegada fue saldar la deuda histórica con los sectores más desprotegidos y vulnerables de la población. Aquellos que en últimos años no se habían visto beneficiados con las reformas estructurales y el modelo económico imperante y, por el contrario,  debido a la corrupción, la mala utilización y distribución de los recursos públicos, habían visto disminuido su acceso a servicios públicos de calidad, salarios justos y programas de desarrollo.

Durante la primera mitad del ejercicio de los gobiernos federal y de la Ciudad de México, el énfasis se ha puesto en atender estos rezagos y erradicar los vicios heredados por un sistema desigual e injusto; sin embargo, las pasadas elecciones dejaron de manifiesto que este esfuerzo no se percibe igual entre los distintos grupos sociales.

En el caso de la Ciudad de México, la evaluación del gobierno se ha mantenido en números positivos a lo largo de los tres primeros años, pero el reciente proceso electoral nos mostró que los buenos resultados no han permeado lo suficiente en algunos sectores capitalinos, por lo que se deben reforzar las estrategias de comunicación y diálogo principalmente con las clases medias.

Se entiende que la pandemia fue un factor que limitó y afectó tanto nuestras vidas como la implementación de políticas públicas, además de convertirse en el punto principal de la agenda pública por más de un año. Un evento de esta magnitud no sólo ha sido difícil de gestionar, sino que ha generado desgaste, por lo que la vuelta a la normalidad en la CDMX debe incluir el restablecimiento de canales y vínculos de comunicación con la ciudadanía que sean más efectivos e incluyentes.

Debemos poner énfasis no sólo en aquellos cambios importantes que se dieron en materia social a partir de la transición de 2018 sino en muchos otros ámbitos de nuestras vidas, incluida la actividad económica, que estaban atravesados por una corrupción profunda y muestra de ello fueron actividades como el desarrollo inmobiliario y la apertura de establecimientos mercantiles en donde eran comunes moches y mordidas que hoy ya no forman parte la normalidad capitalina.

Lo mismo ocurre con los grandes avances en materia de modernización administrativa, el cambio de modelo en impartición de justicia, la implementación de esquemas de innovación en materia de transporte o el rescate y regeneración de espacios urbanos desde una perspectiva incluyente, sólo por mencionar algunos logros. Estos avances que son de suma importancia para el futuro no deben ser olvidados, por el contrario, deben ser piedra angular para la presentación de resultados que eliminen cualquier duda o crítica infundada.

En la Ciudad de México, debemos entender que la organización que hace algunos años ayudó a generar un cambio desde las trincheras de la oposición necesita dar un giro para convertirse en una herramienta que consolide el proceso de transformación social, humano, progresista e incluyente mediante la correcta comunicación de ideas y resultados a una población cuyas características son la pluralidad y diversidad. Todas y todos quienes somos parte de la cuarta transformación debemos convertirnos en voceros del proyecto para comunicar y transmitir de la mejor manera logros y avances.

*Fernando Mercado Guaida, Secretario Técnico del CESA y candidato a Diputado en el Congreso de la CDMX.

Temas: