La semana pasada se suscitó en nuestra Ciudad un hecho lamentable e inconcebible en pleno siglo XXI. En Six Flags, un parque de diversiones que en teoría es para todas y todos los capitalinos, una pareja gay fue increpada por un trabajador del establecimiento por haberse dado un beso.

Posteriormente, un amigo de la pareja publicó en Twitter el video donde se observa al encargado diciendo que, por reglas del parque, cualquier muestra de afecto dentro del mismo quedaba prohibida. “Es un parque familiar… si hay muestras de afecto, se tolera como todo, pero ya el tema de besarse en público, se sienten traspasados las demás personas” (SIC).

Antes de entrar en detalles, hay que decir que esta empresa tiene ya un historial negro en lo que a discriminación se refiere, en 2013 el Consejo para prevenir la Discriminación capitalino inició una investigación en su contra por discriminar a personas con tatuajes; el parque de diversiones tenía en su reglamento un código de vestimenta en el que se establecía que no se permitiría la entrada a quienes portaran una “vestimenta inadecuada” que mostrara sus tatuajes. Asimismo, durante ese año negó el acceso a diversos juegos a Carlos Omar Uribe Guzmán, un joven con Síndrome de Down. Debido a esto, presenté como diputado en el 2014, una serie de reformas al Código Penal para que no se discrimine a nadie en razón de modificaciones corporales.

Este hecho de discriminación desencadenó varias reacciones que vale la pena analizar a efecto de generar una discusión positiva en lo que a derechos de personas se refiere, a manera de protesta, integrantes de la comunidad LGBTTTI hicieron un “besoton” afuera de las instalaciones del parque y se inició un expediente en el Copred y una mesa de trabajo con la Secretaría de Gobierno instruida por la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, con todo esto, sumado a un fuerte reclamo social capitalino, el parque retiró de sus “políticas” esta práctica discriminatoria.

Esta rápida respuesta institucional es congruente con el resultado de años de lucha por parte de la comunidad LGBTTTI, lucha que se refleja en un andamiaje jurídico sólido que protege sus derechos. Recordemos que de acuerdo con la Constitución Federal y con la constitución capitalina, en el país y en la Ciudad de México está prohibida toda discriminación motivada por las preferencias sexuales entre otras y que la Constitución de la Ciudad de México reconoce y protege los derechos de las personas LGBTTTI para tener una vida libre de violencia y discriminación.

Sin embargo, lo sucedido en días pasados es un recordatorio de la discriminación existe en nuestra sociedad, de que los derechos de muchas personas son vulnerados a diario y de que la desigualdad sigue siendo algo contra lo que debemos luchar quienes queremos una sociedad abierta, en la que quepamos todas las personas, independientemente de nuestra forma de pensar.

Hace unas semanas, una compañera diputada de Acción Nacional publicó un mensaje en sus redes sociales señalando que su agenda legislativa se fundamentará en luchar contra “el socialismo, los progres y la ideología de género”. Más allá de la discusión teórica que esta declaración debe motivar, lo que queda claro es que existe y es muy vigente un ala conservadora en nuestra sociedad que pugna porque quien piense diferente deje de existir y se oculte a su vista, como si las realidades sociales se difuminaran por no verlas.

Desde nuestro punto de vista, y a diferencia de esta agenda que pretende anular la otredad, el progresismo constituye el reconocimiento y protección de quienes piensan distinto, porque vivir en una Ciudad de derechos es precisamente esto, la aceptación de las diferencias que evitan que caigamos en totalitarismos y en que tengamos la posibilidad, por ser un derecho, de manifestar nuestra forma de pensar o amar libremente.

El progresismo que defendemos aspira a que las normas jurídicas que nos rigen protejan a todos por igual, evitando el maniqueísmo y procurando que hasta quienes quieren vivir en una sociedad uniforme y conservadora tengan el derecho básico de expresarse y discutir, porque el disenso es la base para la construcción de una sociedad mas justa y si, progresista.

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