La foto da un seco golpe de realidad a quien la mira. Apareció por primera vez en junio pasado en la página de Cuartoscuro. Aunque la agencia fotográfica no proporcionó dato alguno del anciano del cubrebocas roto, la imagen se ha replicado desde entonces por miles en las plataformas sociales de internet. Tampoco es que los autores tengan la obligación de explicarnos las imágenes que toman, porque el buen fotoperiodismo es así, sin letras, contundente, real, reflexivo, capaz de darle en donde más le duele a nuestro inconsciente colectivo


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Aún así Graciela López accede a dar algo más de información del hombre de la tercera edad que fotografió: se trata, se trataba, de un viejito que vende cosas usadas en el tianguis de chacharas de Chimalhuacán, Estado de México. Al momento de ser fotografiado estaba frente al Palacio Nacional —desde donde despacha el presidente Andrés Manuel López Obrador— rogando, junto a otros comerciantes asfixiados por la falta de dinero, para que les permitieran reabrir el tianguis que ya había cumplido dos meses de haber sido cerrado por la pandemia

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graciela lópez, quien tomó la fotografía del anciano del cubrebocas roto, lleva cinco meses cubriendo la pandemia en la ciudad de méxico a pesar de los riesgos que eso representa

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Foto:

El anciano era el único de todos los comerciantes que trataba de protegerse del virus, pero no tenía más que ese roído cubrebocas para hacerlo, cuenta la fotoperiodista de la agencia Cuartoscuro, quien hizo lo que tenía que hacer: sacar su réflex y retratar al hombre de la tercera edad en su cruda existencia. Él vio directo al lente de la cámara de Graciela, pasivo, no preguntó para qué le tomaban fotos ni en dónde serían exhibidas, el abuelo solo asintió con la cabeza a la fotógrafa una vez que dejó de escuchar los disparos del aparato.  

La imagen se subió a internet. Un fotógrafo amigo de Graciela vio la fotografía en cuestión en las redes de la agencia, no dudo en compartirla en su Instagram, pero le sumó una frase: “No todos vamos en el mismo barco. Estamos en el mismo mar, unos en yate, otros en lancha, otros con salvavidas y otros nadando con todas sus fuerzas”, aquellas palabras fueron el gancho que la imagen necesitaba para viralizarse. 


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Después de eso vino el arrepentimiento —aprendizajes profesionales dirán otros— Graciela se cuestionó de por qué no se quedó hablando más con el viejito del cubrebocas roto, saber más de él le hubiera sido más reconfortante para ella. Con todo y eso la foto es, valga el lugar común, demoledora. Viene a recordar que el fotoperiodismo, nos referimos al hecho por profesionales, es más que nunca importante en una época en la que los grandes medios, así como los pequeños, han prescindido de servicios de sus fotógrafos para auxiliarse de fotos sin mucho fondo bajadas de la redes sociales, o de donde pueden, para ilustrar sus textos.  

Las cifras al respecto son de terror. El columnista Ulises Castellanos, de La Silla Rota, indica que desde 2018 medios como Milenio, Reforma, El Heraldo, El Universal y Excelsior redujeron sus plantillas de fotoperiodistas y editores visuales, quedándose con lo mínimo. Hace referencia al reporte internacional de Careercast que coloca a la profesión de periodista-fotógrafo como uno de los peores pagados y con mayor estrés del planeta. 


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Y aún con todo en contra, los fotorreporteros y fotorreporteras mexicanas han demostrado lo necesarios que son en estos aciagos tiempos de pandemia (y en cualquier tiempo), dando muestra de que difícilmente un fotógrafo ocasión, de esos de celular en mano que sube sus fotos a redes sociales, los puede igualar.

Y esto se puede decir no solo por la foto del anciano del cubrebocas roto sino también por otras más como la de la mujer que desde un puente peatonal manda teamos a su hija hospitalizada en un piso de La Raza, otra que muestra la tristeza de payasos y acróbatas por el cierre del circo Aurelio Atayde en Nuevo León o el peregrinaje de una Virgen de Guadalupe gigante por los hospitales con la intención de calmar la propagación del Covid-19, entre muchas más, es seguro que ninguna de ellas pudo haber sido tomada por un fotógrafo improvisado.  

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cubierta con gorros y guantes, elsa alienta a su hija con señas que hace desde el puente que cruza circuito interior, frente a la unidad de infectología

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Foto: galo cañas/ cuartoscuro.com

Dio tiempo para preguntar a Graciela López a qué fotoperiodistas debemos seguirles el paso de su trabajo durante esta pandemia, dado lo interesante de sus imágenes, empeiza con los de casa: Mario Jasso, Galo Cañas y Moisés Pablo de la agencia Cuartoscuro. 

También recomienda seguir a Sachenka Gutiérrez de EFE; Pedro Pardo, AFP; Héctor Vivas, Getty; Jacky Muniello, DPA; Diego Simón, El Universal; Álex Aguilar y Roberto Hernández de El Sol de México; Leslie Pérez, El Heraldo; Gaby Esquivel, 24 Horas y Paola Hidalgo de Notimex. 

Graciela López, autora de la foto del anciano del cubrebocas roto, nació en la alcaldía Benito Juárez en 1989, es una mujer sencilla. En algunos momentos de la entrevista se mostró algo reservada, es probable que lea este texto una vez que llegue a su casa después de un arduo día de trabajo, en donde se despojará de los goggles, cubrebocas, mascarillas, todos aditamentos que la han librado de enfermar de Covid-19 luego de casi cinco meses de cobertura.  

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