Para el politólogo Rafael Morales Ramírez el Instituto Nacional Electoral (INE) perdió autoridad, su imagen está desgastada y, sobre todo, su desempeño en la fiscalización de las elecciones ha sido subóptimo.


Pero sabe que un cambio se debe buscar desde adentro, por lo que fue el segundo aspirante que se inscribió para ocupar el cargo de consejero electoral.


El también candidato a doctor en Ciencia Política por la UNAM y profesor investigador de la UACM, señala que su brújula política no apunta ni a la izquierda ni a la derecha; a veces, refiere, coincide con los dos.


Asegura que México requiere de un INE austero, por lo que asegura que presentará una carta compromiso para que en el caso de que sea elegido consejero para el periodo del 4 de abril de 2020 al 3 de abril de 2029 se reduzca el sueldo inmediatamente.

¿Por qué aspiras a ser consejero del INE?


–La aspiración no es nueva. He participado en otros procesos, por ejemplo en el Instituto Electoral de la Ciudad de México. Mi aspiración es contribuir a la construcción de una democracia plena en el país.


¿Te consideras más de izquierda que de derecha?


–Es una pregunta difícil de contestar. Hay algunas cosas donde coincido con la izquierda y hay otros puntos programáticos donde yo puedo llegar a coincidir con otras fuerzas políticas, pero no necesariamente estoy ubicado en una parte del espectro político.


¿Has militado alguna vez en un partido político?


–No. Jamás en mi vida he militado. Nunca ha pasado por mi cabeza afiliarme a alguna organización y tampoco he recibido una invitación expresa para afiliarme a algún partido nacional o local.


¿Crees en la Cuarta Transformación?


Creo más bien en un Gobierno que tiene un apoyo popular; creo en la efectividad de un Gobierno que tiene el apoyo mayoritario de la población. En eso sí estoy convencido, de su utilidad.


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¿Coincides con el Consejero Presidente del INE, Lorenzo Córdova respecto a que hay grupos en Morena que quieren apoderarse del INE?


–Estoy completamente en desacuerdo con esta aseveración. Siendo el INE una autoridad arbitral está sujeta siempre a las polémicas y me parece que no debe ser refractario ante estas críticas, sino que debe tratar de procesar los cuestionamientos que se le hacen y encauzarlos debidamente en forma institucional y que no se pueda advertir que el INE está reaccionando de una manera indebida ante las críticas que legítimamente pueden hacerle los ciudadanos o incluso los grupos organizados de este país.


El problema del INE es que tuvo experiencias cuestionables, en la elección de 2006 los resultados  y sus consecuencias políticas mantienen en el ideario de la ciudadanía a una autoridad  que muchas veces no estuvo a la altura de las circunstancias.


El INE, creo que de manera injusta, sigue arrastrando esta imagen, esta percepción y es lo que se ve reflejado en la opinión pública.


En 2003 una mayoría eligió a consejeros sin tener el consenso de las otras fuerzas políticas, lo cual derivó en el conflicto político de 2006. Consideras que en este proceso, la mayoría de Morena puede repetir la historia. 


–No debiera hacerlo, no debiera replicar ese ejercicio fallido porque en 2003 se dejó a la izquierda fuera del proceso de selección de consejeros y la consecuencia fue un proceso electoral que tres años después fue profundamente cuestionado.


Creo que Morena siendo el partido gobernante y mayoritario en el Congreso va a  tener la claridad y sobre todo, la responsabilidad para llevar a buen puerto este proceso, respetando lo que se señala en la convocatoria y sobre todo asumiendo un compromiso para que sea transparente, para que la propia mayoría gobernante de Morena que tiene expresión en el Congreso no utilice esa condición para aplastar otras voces.


¿Buscar perfiles lejanos a los partidos políticos es una utopía ?


–No, no es una utopía. Hay que recordar cómo se formó el Consejo General del entonces Instituto Federal Electoral de 1994 y sobre todo el de 1996, porque en ese año sale el gobierno definitivamente de los procesos electorales.


Fueron consejos integrados por ciudadanos de una enorme reputación, de una alta probidad, ciudadanos reconocidos en muchas ocasiones como intelectuales y sobre todo como expertos, hay que recordar la presencia de Jacqueline Peschard.


De consejeros muy destacados, de Miguel Ángel Granados Chapa, de Jesús Cantú y Ricardo Pozas Horcasitas, perfiles que se distinguieron por su personalidad, por su distanciamiento de los partidos y sobre todo por los resultados que dieron.


¿Qué INE requiere México?


–El INE que necesitamos es uno que esté comprometido con la democracia social, no con una democracia procedimental como se pensaba en el pasado.


Cuando hablamos de una democracia social pensamos en un INE que se ajuste a la circunstancia actual del país, es decir, un INE austero, con una burocracia más compacta y despolitizado, que no esté sujeto a las presiones de los partidos, del Gobierno, que tenga autonomía y que sea capaz de tomar decisiones.


¿No un INE cercano al presidente?


–No, yo creo que un INE cercano al presidente no puede ser de utilidad, no puede coadyuvar en el desarrollo de la democracia.


¿Es un error del INE haber reelegido a Edmundo Jacobo Molina como secretario ejecutivo del INE?


–Fue un error de tacto político. El consejero presidente a sabiendas de que hay un procedimiento para reconformar el Consejo General en un acto de prudencia política debió esperar la llegada de los nuevos consejeros.


Hacerlo antes presenta este acto como un acto de revanchismo y de faccionalismo para tratar de dejar una herencia a los nuevos consejeros y de reducirles su margen de acción.


¿Es una herencia negativa?


–Es negativa en tanto se impide que los nuevos consejeros participen en la designación. De haber sido generoso e inteligente Lorenzo Córdova hubiera esperado.


¿Es un error del INE estar en la rebatinga con la Cámara de Diputados por el tema de sus salarios?


–Es un error porque lo pone en tensión con un Gobierno que tiene una profunda legitimidad social, primero. Hay un segundo error por parte del INE al no querer acompañar las políticas de austeridad que se están llevando a cabo en todas las áreas de Gobierno.


¿Los salarios se traducen en autonomía?


–No. El INE no es una isla, forma parte de los órganos constitutivos del Estado mexicano y como tal el INE no puede deslindarse de la nueva orientación que tiene este Gobierno y de la nueva visión que tiene el Estado que se está tratando de impulsar.


¿Cuál es tu diagnóstico actual del INE?


–Es un órgano que ha perdido autoridad. Ha sufrido un profundo desgaste de imagen en la opinión pública y sigue siendo una estructura muy cara. Y lo más importante, el INE sigue teniendo un desempeño subóptimo en áreas como fiscalización.


El caso de Odebrecht, que es reciente, lo que trae tras de sí no sólo es la permisividad que tuvo el viejo Gobierno con relación a temas de corrupción.


Sobre todo, tiene tras de sí el papel que el INE debió haber jugado en la identificación de los flujos, de los recursos que probablemente pasaron de Odebrecht y el Gobierno a las campañas electorales. Para el INE no hubo posibilidad de detectar estos flujos financieros.


Pese a que pueden romper el secreto bancario, de tener el poder para solicitar información a la Secretaría de Hacienda, en fin, todas las facultades para poder hacer una fiscalización plena.


¿Un error técnico o un cálculo político?


–Creo que fue un error técnico. No tengo los elementos para decir que se debió a algún compromiso político por parte del Consejo General o de alguno de sus integrantes con algún partido. No obstante este error técnico tiene implicaciones políticas.


Sin una fiscalización adecuada el proceso electoral puede verse comprometido.


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