Desde los primeros días de su mandato, el presidente

Andrés Manuel López Obrador (AMLO)

eligió a su gran aliado para gobernar: las

Fuerzas Armadas

se han convertido en pieza clave de la llamada

4T

durante los primeros

100 días de Gobierno

.



Del reconocimiento público a su lealtad; su defensa frente a otras corporaciones de seguridad pública como la

Policía Federal;

de su protagonismo en la lucha contra el

robo de combustible

y del encargo de construir las pistas del

Nuevo Aeropuerto de Santa Lucía

, que ellos mismos administraran; hasta la

Guardia Nacional,

su gran apuesta de seguridad, que estará compuesta mayormente por militares; en todo, el Ejército ha sido el gran acompañante del presidente.



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El discurso acerca de su aliado estratégico se ha mantenido inalterable y aquel encuentro que tuvo con las

Fuerzas Armadas

el 25 de noviembre de 2018, antes de ser ungido presidente, predijo la estrecha relación que tendría con los

militares.





En el Campo Militar 1-A y frente a 10 mil elementos del

Ejército,

la Fuerza Aérea y la

Marina,

pronunció: “lo he dicho en las plazas: el soldado es pueblo uniformado (…), el

Ejército

mexicano es distinto al de otros países, es un

Ejército

disciplinado (…); nunca ha dado golpes de Estado”, por lo que aseguró: “le tengo confianza al

Ejército,

porque surge del pueblo”.



Y aún cuando López Obrador ha querido desmarcarse de sus antecesores, en el uso del Ejército como su gran aliado, parece “seguir la inercia” que echaron a andar otras administraciones, considera el profesor-investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Pablo Armando González Ulloa Aguirre.


“Andrés Manuel viene siguiendo un poco la misma línea; hay cosas que ahora estamos viendo que están tomando un papel diferente, pero tampoco es que antes no se tuviera ese papel del Ejército como contratista o del Ejército en las calles, más bien parece que es una inercia que este actor siga en una gran parte de la vida pública”, señala.


González Ulloa, quien es coautor con Jorge Márquez del estudio “Los retos de la gobernabilidad en México” (Gedisa/UNAM, 2016), afirma que no se trata de un nuevo protagonismo del

Ejército,

pero si advierte que la importancia que cobrará esta por verse.


“Habría que ver qué tanto se va a seguir insertando en esta vida pública, en casos como el Aeropuerto, como contratista y si va seguir aumentando su influencia con este gobierno”, indicó.


-Alto grado de confianza-


Después de la cancelación de la construcción del

Nuevo Aeropuerto Internacional de México

(NAIM) en

Texcoco,

el presidente lanzó con más fuerza la promoción del aeropuerto militar de San Lucía como la alternativa que sería tomada.



El 10 de febrero, en las mismas instalaciones de la terminal, el presidente anunció que el

Ejército

sería el encargado de construir las nuevas pistas del aeropuerto internacional.



A las

Fuerzas Armadas

comprometió, además, la administración de la nueva terminal e incluso, anunció el nombre que llevaran las instalaciones una vez que hayan concluido: el del militar Felipe Ángeles.


“El Ejército se está metiendo a otros espacios que antes no eran tan comunes; Andrés Manuel se está apoyando mucho en él para hacer varias cosas; por ejemplo, está diciendo que el aeropuerto de Santa Lucía, ellos van hacer los que los van a operar; pareciera que, en algún momento, el Ejército se va a volver el gran contratista del Gobierno Federal”, opina González Ulloa.


Pero incluso en esa decisión, advierte, también hay un antecedente: en el gobierno de Peña Nieto, al Ejército se le encargó la construcción de la barda perimetral de lo que sería el

NAIM.



El especialista, quien es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), afirmó que no hay sorpresa en que el presidente se apoye en las

Fuerzas Armadas

y concede razón al ejecutivo a la hora de calificar su actuación.


“El Ejército es una de las instituciones junto con la Marina más confiables a nivel nacional, tiene mucha legitimidad, a mí se me hace bastante lógico que Andrés Manuel se quiera apoyar en el Ejército”, afirma.


Sin embargo, también advierte que, en México, la confianza siempre ha estado puesta en instituciones más verticales, como las

Fuerzas Armadas

o la Iglesia, que en horizontales como los partidos políticos o las mismas organizaciones civiles.


“El asunto con esto es cómo estamos construyendo una vida hacia la consolidación democrática y comenzar a confiar cada vez en instituciones más horizontales, donde podamos participar de manera mucho más directa; cuando vemos las encuestas, vemos al Ejército a la Iglesia hasta arriba, a los medios de comunicación, sin embargo, hasta abajo vemos al Legislativo, los partidos políticos, las instituciones que realmente nos deberían de representar y en las que deberíamos de participar de manera constante”, dijo.

“Habría que ver cuál va ser el producto que nos va dar el apoyo del Gobierno a una institución de corte vertical como el Ejército, en la que hay un mando específico y si se va a seguir reforzando esta vida pública de instituciones verticales y no de instituciones horizontales donde todos podemos participar como ciudadanos de manera más directa”, enfatizó.


-Guardia Nacional -


Podrían contarse con los dedos de las manos las conferencias matutinas de

Andrés Manuel López Obrador

en las que no ha pronunciado las palabras

Ejército,

Fuerzas Armadas

, Defensa o Marina.



En los primeros cien días de Gobierno de la

4T,

tampoco hay una sola semana en la que las

Fuerzas Armadas

no reciban un encargo especial por parte del ejecutivo.



Pero en donde el uso de las fuerzas

militares

sigue marcando la narrativa presidencial, es en el tema de la seguridad y del papel que tendrán en la conformación y desarrollo de la

Guardia Nacional

.



El presidente ha hablado de la honorabilidad de los militares, de su lealtad a México y de sus capacidades; también ha dicho que no permitirá abusos del

Ejército

a los derechos humanos y que, si alguna vez los hubo, fue porque siguieron una orden civil.



González Ulloa advierte una trampa: “que el presidente pronuncié ese discurso de que el

Ejército

no ha estado manchados por la corrupción habría que verlo”.



En su lugar, dice,

López Obrador

se ha empeñado en señalar el fracaso que significó la

Policía Federal:

“dice que es corrupta, pero dónde están las pruebas, a qué se refiere, en qué son corruptos; es una descalificación para una institución que ha sido fundamental”.


“Es una institución que ya tiene muchos años, que está operando en contra del crimen organizado, descalificarla de tajo y decir que el Ejército no es nada corrupto, simplemente es el discurso, al final no hay pruebas y se está apoyando en el Ejército por qué son los que tienen más legitimidad a nivel nacional”, advirtió.


Por el contrario, el investigador de la

UNAM

alerta sobre el riesgo de que los militares continúen en las calles a través de la

Guardia Nacional

.


“La formación del Ejército no está hecha para acciones de prevención y de disuasión del delito, ellos llegan directamente a actuar; la disciplina militar es muy diferente a lo que se tendría que buscar en una Guardia, en una institución civil. ¿Qué puede producir el Ejército en las calles?, obviamente eso podría seguir produciendo una gran cantidad de violaciones a los derechos humanos”, agrega.


Los datos los aporta el abogado y ex diputado federal, Pedro José Peñaloza. En su estudio “México a la deriva: y después del modelo policiaco, ¿qué?” (UNAM, 2018) afirma que de 2008 a 2011, la

Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH)

reportó un promedio de cinco quejas diarias contras las instituciones federales encargadas de la seguridad y la procuración de justicia.



Afirma que 54% de esas quejas fueron formuladas contra la actuación del

Ejército.

En total, en ese periodo, la

Sedena,

la PGR, las secretarías de Marina y la de Seguridad Pública Federal, acumularon 11 mil 600 quejas ante el organismo.



Con este panorama, González Ulloa advierte que la solución es mucho más compleja y requiere realmente de una respuesta cívica, “sabemos que lo que se tendría que trabajar es en toda la cadena de la administración de justicia, si eso no se refuerza por mucho que el

Ejército

este en las calles, no habrá solución; en las policías a nivel local y municipal, eso es en lo que se tendría que trabajar”.


-Un panorama por calificar-


Más de una vez,

Andrés Manuel López Obrador

ha defendido a las

Fuerzas Armadas

. Apenas dos días después de asumir el poder, encargó al

Ejército

trasladar a Estados Unidos el avión presidencial que uso

Enrique Peña Nieto

; después siguió el papel preponderante que tuvieron en el combate del huachicoleo.



Los

militares

fueron quienes estuvieron a cargo de seleccionar a los choferes de las pipas que el Gobierno adquirió para normalizar el suministro de gasolina en el país; en instalaciones también, el mandatario anunció la organización de dos subastas de los automóviles de lujo que pertenecían a la administración, así como de los helicópteros y avionetas que ya no serían ocupados.



El 1 de febrero encargó también a los

militares,

la instalación de 11 viveros para el programa Sembrando Vida y el 9 de febrero se reunió con ellos para conmemorar la Marcha de la Lealtad; un día después, con ellos anunció la construcción del aeropuerto de

Santa Lucia

y el 19, acudió a conmemorar la fundación del Ejército.



Pero aún con ese papel protagónico que ha tenido el

Ejército

en los primeros 100 días del presidente López Obrador, González Ulloa dice que es muy pronto para prefigurar si las

Fuerzas Armadas

serán la base sobre la que se apoye la

4T

y si esa tendencia, prefigura el patrón que han seguido otros gobiernos que se perpetúan en el poder.


“Yo no me atrevería ahorita, de entrada, el hecho de que la Guardia Nacional tenga un mando civil, ese es un buen indicador para ver algo diferente, pero creo que es muy pronto para que nosotros podamos prefigurar algo así. Lo que sí es verdad, es el riesgo de que por mucho que sea un mando civil se puede acercar a una estructura militar”, señala.

“En el papel podrá ser un mando civil, pero en el funcionamiento se puede acercar a una estructura militar, ese es uno de los peligros, independientemente de cómo se aprobó la Guardia Nacional”, sostiene el investigador.