El polémico libro “Emma y las otras señoras del narco” de Anabel Hernández ha destapado las relaciones de varias famosas con hombres del mundo del narcotráfico y una de las más sonadas ha sido la de Galilea Montijo con Arturo Beltrán-Leyva.

En el libro de Hernández se revelan detalles, que presuntamente fueron compartidos por operadores del cártel y testigos muy cercanos al narcotraficante.

Un miembro del cártel aseguró que la relación que mantuvieron duró mucho tiempo, era seria, y "El Barbas" le hacía regalos muy costosos y finos a Galilea Montijo, como relojes y joyas.

“Le podría decir sin exagerar que la relación duró al menos dos años, le regalaba relojes y joyas”.


Otros miembros afirmaron que, a Don Arturo, como también era llamado, le gustaba ver a Montijo en el programa Hoy con uno de los relojes Rolex que le había regalado.

Se desconoce si el narcotraficante le regaló propiedades a la presentadora de televisión, “lo que sí hizo fue pagar mucho dinero y mover sus influencias para sacar a la hermana de la cárcel” aseguró un testigo.

Esto debido a que la hermana de la conductora estuvo en prisión de 2002 a 2005 acusada de posesión de drogas.

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Otro testigo narró un momento en el cual Beltrán-Leyva llegó con Montijo a una de las casas que él rentaba en Cuernavaca.

Llegaron a bordo de un Mercedes Benz negro, el jefe del clan de los Beltrán-Leyva la trató con respeto. “Venga mi amorcito, pásele”, fueron sus palabras a la conductora, y la tomó de la cadera.

En el libro también se menciona que las otras ocasiones que Arturo Beltrán-Leyva tuvo encuentros con Galilea Montijo, fue en una residencia de la Ciudad de México.

“Siempre iba vestida elegantemente, en una ocasión la miré con pantalón y en dos ocasiones con vestidos pegados y muy elegantes, las tres ocasiones con abrigo”, recuerda un operador del cártel.


“Don Arturo estaba muy encariñado con ella”, agregó. Otros informantes incluso mencionan que el capo estaba enamorado de Montijo.

Sus encuentros siempre fueron privados, nunca en el contexto de fiestas o excesos a los que el narcotraficante acostumbraba.

Cuando esa relación terminó, nunca más se volvió a ver a Galilea Montijo con El Barbas ni con ningún otro miembro del clan.

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