En el siglo XVIII la Ciudad de México se estremeció al divulgarse un sangriento multihomicidio de once personas a manos de unos delincuentes, en las famosas calles del Centro Histórico. 

Para ser exactos, todo ocurrió el 24 de octubre de  en la entonces llamada calle de los Cordobanes, actualmente calle Donceles, cuando un soldado encontró un lujoso carruaje afuera del domicilio marcado con el número 13 -ahora número 18-. 

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 Debido a que esa era una zona considerada peligrosa, el oficial se acercó para inspeccionar y se dio cuenta que estaba solo.

Posteriormente decidió ingresar a la vivienda y al aventar la puerta -suavemente con la punta de sus dedos-  descubrió la impactante escena.

En el interior y a pie de las escaleras se encontraba el millonario comerciante Don Joaquín Dongo asesinado brutalmente a puñaladas.

Pero eso no era todo pues pasos adelante, en el vestíbulo de la casa estaban algunas empleadas y empleados muertos por un brutal ataque a machetazos que recibieron, entre las víctimas lograron distinguir al cochero, lacayo, lavandera, cocinera, mensajero, tesorero y hasta a la mascota del español


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Ante el sangriento crimen que presenciaba, el agente llamó de emergencia al alcalde del barrio y tras realizar la inspección en todas las habitaciones de la vivienda contabilizó a once personas muertas. 

Luego de levantar los cuerpos de las víctimas, la policía determinó que el móvil para ejecutar el sangriento atentado fue para robar dinero y objetos de oro que el importante comerciante poseía.

Ya con una razón evidente las autoridades españolas, que en ese momento gobernaban la también llamada Nueva España, comenzaron a indagar sobre los posibles responsables. 

Si bien en un principio aparentemente el crimen quedaría impune, pues los interrogatorios a los vecinos no aportaban datos para identificar a los asesinos,  unas semanas después un informante compartió con el encargado del caso un dato que ayudaría a esclarecer todo. 


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En las crónicas de esa época se dio a conocer que uno de los responsables era un joyero que trabajaba en la calle Plateros (ahora llamada Francisco I. Madero), el cual en ese entonces aparentemente le iba mal en su negocio, por lo que junto a por lo menos otros cuatro hombres organizaron el robo, mismo que termino en un brutal asesinato.

Un mínimo detalle fue el que delató a Ramón Blasio, pues sin darse cuenta  la cinta con la cual amarraba su cabello se manchó de sangre, la cual fue percatada por la persona que informó a la policía.

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Con esos datos, los agentes lograron capturarlo y durante la revisión en su casa encontraron bajo el piso de madera más de 21 mil pesos de monedas de plata, lo cual confirmó que era uno de los criminales.

Tras varios días de interrogatorio, el hombre delató a sus cómplices  quienes fueron detenidos de inmediato, mismos a los que de igual manera se les halló entre sus pertenencias que portaban artículos de oro que habían robado a Don Joaquín Dongo.

El castigo de los delincuentes fue más allá de permanecer en la cárcel, pues la sanción para los rateros en la mayoría de ocasiones era cortarles las manos y clavarlas en las fachadas de los inmuebles con el objetivo de espantar a todo aquel que intentara o pensará en cometer este delito. 

No obstante, a los tres hombres los ejecutaron en una plaza publica del Centro Histórico, además ya muertos los clavaros de pies y manos en la fachada de los palacios aledaños para que las perdonas vieran como terminaban los delincuentes.

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A partir de ese momento, los vecinos de la calle Donceles aseguraban que en la casa de Don Joaquín Dongo se escuchaban lamentos de las almas asesinadas, y que en la noche se veían sombras de personas, por ello nadie se acercaba al lugar por temor que producía estar cerca. 

Varios años después la mansión fue demolida y se construyo un edificio, pero muchos aseguran que las almas en pena continúan rondado la calle, incluso aseguran ver a Don Joaquín Dongo parado en lo que un día fue la puerta de su casa. Actualmente ya sólo queda una placa en donde se lee que en ese lugar ocurrió un crimen en la época colonial.

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GLE. 

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