¿A cuántos conductores hemos escuchado decir groserías cuando están detrás del volante?

El estrés por el tráfico, el poco tiempo para llegar al trabajo, un peatón o ciclista descuidado, entre muchas otras situaciones, son los pretextos perfectos para lanzar al aire o contra alguien una mentada de madre o recordarle con una ofensa la poca pericia al operar su vehículo.


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Sea el improperio del caso, siempre juzgamos la inteligencia de  automovilista que lo hizo, sin embargo, esto podría significar todo lo contrario.

Un reciente estudio del Colegio Marits en Massachusetts sugiere que los conductores groseros tienen un coeficiente intelectual (IQ) más alto al promedio de las personas.

El argumento de los investigadores se basa en la agilidad mental y creatividad desplegada por los automovilistas, mientras su intención sólo sea ofender sin el fin de causar algún altercado con otros.

Y es que decir palabras altisonantes mientras se conduce, permite al operador de cualquier automóvil liberar un poco de estrés y relajarse, según la investigación.


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Pero esto no sólo sirve necesariamente a bordo de un bólido, también es funcional cuando se hace cualquier otra actividad como el trabajo, (sin que tu jefe te escuche, claro); simplemente con el objetivo de desahogar tus pensamientos.

“El maldecir te puede hacer sentir mejor en ciertas situaciones. Si estás esperando una ambulancia y no tienes medicamentos, decir insultos puede incluso reducir la sensación de dolor” declaró el doctor Richard Stephens.

Como todo en nuestra vida, la moderación es lo más importante, los insultos son buenos sobre todo si no tienen remitente, simplemente al aire y así evitar graves consecuencias.


ARM

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