En la Central de Abasto de la Ciudad de México (CEDA) la sana distancia se cumple cada vez más, pero la acompaña otro fenómeno: el miedo de los comerciantes a perder su fuente de empleo.

De no creer en el coronavirus Covid-19, comerciantes y clientes pasaron a tenerle terror, incluso algunos ya piensan en cerrar su locales por un tiempo, pero saben que esa decisión les traerá consecuencias económicas importantes para ellos y elevará los precios de los productos. 

El Big Data reveló el martes 21 de abril la existencia de una cadena de contagios entre los trabajadores de la Central de Abasto, lo que ponía en riesgo a los asistentes.

Un día después el 22 de abril la jefa de Gobierno reconoció que tenía reportados más contagios. Al final la coordinación general del CEDA confirmó 25 casos positivos dentro de la Central de Abasto y dos fallecimientos.


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Por lo que anunció un reforzamiento en las medidas sanitarias: la instalación de 200 consultorios móviles, lavabos, desinfección constante de espacios, el uso obligatorio de cubrebocas y la prohibición de la entrada a mujeres embarazadas, niños o adultos mayores

Ismael, a quien se le cambió el nombre, es productor, distribuidor y comerciante de fruta en la Central de Abasto y dentro de cinco días optará por cerrar su bodega al menos durante 15 días en lo que pasa lo peor de la pandemia, cuenta en entrevista para esta casa editorial.

“Ni modo, cuando hay que perder hay que perder y bueno ya después veremos cómo nos levantamos”, dice.



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Ya dio la orden de que no se corte más fruta en el campo y está dispuesto a asumir una pérdida de al menos un millón de pesos.

“Prefiero tener esa pérdida que arriesgar mi vida”, señala.


Otro factor que se suma, dice, es que las ventas han disminuido alrededor 60 por ciento. La razón, considera, es el miedo. Tan sólo en el pasillo donde labora ya hay cuatro bodegas que cerraron. 

“Está sirviendo lo que hizo el Gobierno de los letreros, de tomarnos la temperatura, de alertarnos del uso del cubrebocas, eso ahuyentó a la gente, pero está bien porque se respeta la sana distancia”, reconoce.


Son los menos, cuenta, los que no traen cubrebocas o que desoyen las medidas, pero estima que alrededor de 50% de los comerciantes de la Central de Abasto van a decidir cerrar. 

60%

disminuyeron la ventas

50%

de los locatarios piensan cerrar

Los precios se duplican

Para la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum no hay riesgo de desabasto en la Central de Abasto ni en la Ciudad de México, expuso este martes en conferencia de prensa. 

“No hay riesgo de desabasto, se está trabajando con todos los participantes de la Central de Abasto, se está haciendo la información también para evitar mayores contagios en una zona que no se puede cerrar, y hasta el momento no tenemos ningún reporte de desabasto en la Ciudad de México que implique algún problema”.


Además, dijo, están en contacto con las tiendas de autoservicio, de la ANTAD, de Walmart, así como con los mercados públicos.

Juan, a quien se le modificó el nombre a petición suya, es comerciante de la Central de Abasto y es testigo de que cada vez aumenta el precio de los productos. 

Hay demanda, dice, pero lo que no hay es suficiente mercancía. Por eso los productores y comercializadores que llevan su mercancía a la zona de subasta del CEDA han aumentado sus precios hasta duplicarse. 

Por ejemplo, explica, en la zona de subasta la caja de 13 kilos de jitomate está en 800 pesos, cuando regularmente tiene un costo de 200 a 400 pesos. 

Este fenómeno se replica en el limón, ya que la caja de 21 kilos cuesta de 500 a 600 pesos, dependiendo su tamaño, cuando anteriormente estaba en de 150 a 250 pesos. 

Y es que estima que alrededor de 50% de los productores y comercializadores han dejado de llevar mercancía o sus choferes han preferido descansar y no arriesgarse. 

Reconoce que se ha masificado el uso del cubrebocas o de caretas y el cumplimiento de las medidas de sana distancia

No piensa cerrar, pero modificó su rutina: los domingos descansa y el sábado realiza limpieza profunda de su bodega. 

Ahora, reflexiona, los comerciantes y compradores pasaron de la incredulidad al miedo extremo.

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