Despedir a los difuntos es una de las tradiciones más importantes para las familias mexicanas, pero la pandemia por Covid-19 rompió con este ritual.

Perder a un ser querido no es el único sufrimiento al que se enfrentan los familiares, también se quedan con un sentimiento de vacío, pues nunca imaginan que después de dejar a ser querido en el hospital no lo volverán a ver jamás.

Norma llevó a su mamá al hospital Belisario Domínguez un jueves por la noche. Tenía Covid-19 y sus síntomas se habían complicado. El dolor del pecho por la falta de oxígeno era cada vez mayor, así que llegó a urgencias.

“Todo fue muy rápido, llegamos al hospital y la ingresaron a urgencias, no le dije nada, sólo quería que la atendieran porque no podía respirar” cuenta.

El sábado su mamá falleció. No pudo verla ni hablar con ella ningún día, ya que las visitas están prohibidas y debido a que era paciente Covid-19 le dijeron que el cuerpo debía ser llevado directamente a la funeraria donde sería cremado.


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Sólo permitieron que alguien la reconociera de forma rápida, lo metieron a una bolsa y lo cremaron. Eso fue todo.

“Cuando me dieron las cenizas y salí del lugar me sentía en shock, no podía creer que después de esa noche que la dejé en el hospital no la iba a volver a ver y que en esa caja había acabado todo, que ya no la iba a volver a sentir nunca más”, narra Norma.

Norma salió de la funeraria con las cenizas de su mamá y se sintió en soledad, nadie la acompañaba y sabía que llegando a casa tampoco podría despedirla como a ella le hubiera gustado. No pudo hacerle una misa, ni rosarios con toda su familia.

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El Protocolo interinstitucional para el manejo de personas fallecidas por sospecha o confirmación de Covid-19  en la CDMX, los cuerpos deben ser entregados a los servicios funerarios en bolsas especiales, que deben permanecer cerradas y selladas en todo momento. La persona puede ser cremada o sepultada.

Asimismo, se pide a las familias no realizar ceremonias funerarias, ya que el nivel de contagio de esta enfermedad permanece en el cuerpo aún después de la muerte; de realizarse no puede haber más de 20 personas.

Erika Álvarez Juárez, etnohistoriadora por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, señala que quitar drásticamente los rituales tradicionales para despedir a alguien puede generar cuadros de depresión, tristeza y angustia.

La especialista explica que los rituales tienen un sentido muy profundo para las personas, pues son acciones que nos brindan identidad y que los seres humanos necesitamos hacer para darle un sentido a la vida.

En el caso de México, las ceremonias en torno a los muertos se realizan no sólo con el fin de despedir a un familiar, sino que también adquieren un sentido de identidad y de ritual colectivo.

“El fin último de una ceremonia funeraria va más allá de la ofrenda, sino que, más bien, tiene este sentido de colectividad: estamos identificándonos con el que partió, despidiéndolo, pero al mismo tiempo estamos generando vínculos identitarios con los que se quedaron”, resalta.

El funeral tiene una función social, los elementos como el pan y el café son para convocar a ciertos miembros de la familia y comunidad. “Todo esto traspasa el vínculo afectivo para situarse en lo social”, señala.

Último adiós

El 80% de las familias mexicanas son católicas, por lo que los funerales van acompañados de algún ritual religioso como una misa o rosarios.

Sin embargo, la emergencia sanitaria también canceló las misas para evitar las aglomeraciones, por lo que las personas que pierden a un ser querido no pueden darle el adiós de acuerdo a sus creencias.

Ante esta situación algunos sacerdotes están ofreciendo misas virtuales para las familias y la Arquidiócesis de México emitió una guía para los católicos en tiempos de Covid-19:

1.      Confía en que los obispos, sacerdotes y fieles laicos de la Arquidiócesis de México oramos incesantemente por los enfermos y agonizantes, en especial durante este tiempo de pandemia por COVID-19. Ni tú ni tu familiar están solos.

2.      Si eres familiar, seguramente estarás sufriendo profundamente por la inminente partida de tu ser querido. Toma algunos instantes para desahogar tu sufrimiento, ponte en manos de Dios y llora, si lo necesitas.

3.      Si tienes la posibilidad y el tiempo, comunícate con algún sacerdote o pide que alguno de tus conocidos lo haga, para solicitarle que ore por tu familiar desde donde se encuentre (en caso de no poder acceder al hospital) y pida por él en la Misa más próxima que celebre.

4.      Si eres médico o enfermera, intenta tomar unos segundos de calma y entregarle a Dios todos los esfuerzos que tú y tu equipo han hecho para salvar la vida de la persona que está muriendo. Dios sabe que han hecho todo lo humanamente posible.

5.      Enseguida, como familiar, médico o enfermera, acércate a la persona en agonía hasta donde la prudencia y las precauciones sanitarias lo permitan, háblale con voz suave, pero clara, e invítale a confiar en el amor y en la misericordia de Dios, a arrepentirse de sus faltas, a pedirle perdón de todo corazón a Dios y a prepararse para el encuentro con Él.

Sin duda, la pandemia por Covid-19 será un antes y un después en la vida de millones de personas en el mundo.

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