Dreamers: los rostros que el fin del DACA quiere borrar de EU

Foto: New York Times
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El viernes pasado un nuevo fracaso se reportó desde la Cámara de Senadores de Estados Unidos, cuando no se llegó a ningún acuerdo respecto al programa DACA. Estas son algunas de las historias que ellos viven día a día en la unión americana.

El viernes pasado un nuevo fracaso se reportó desde la Cámara de Senadores de Estados Unidos, cuando no se llegó a ningún acuerdo respecto al programa DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), lo que deja en limbo a millones de jóvenes indocumentados conocidos como dreamers.

El programa fue abruptamente suspendido por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Sin embargo, dos tribunales lograron una suspensión temporal de la orden ejecutiva. El fin del DACA está previstó para el próximo 5 de marzo, siempre y cuando no se llegue a un acuerdo al respecto.

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Republicanos y demócratas usan a los dreamers como moneda de cambio en una lucha de poder, dónde -aunque haya un bando de «buenos» y «malos»- los únicos afectados son estos jóvenes que viven con el miedo de ser deportados.

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Cabe destacar que mientras el presidente estadounidense busca financiamiento para el muro fronterizo con México, los legisladores demócratas –quienes no planean hasta el momento ayudar a construir el muro- culpan a Trump de mantener en el limbo a los jóvenes que llegaron desde su infancia.

¿Quiénes son los dreamers?

Los dreamers o soñadores son los indocumentados, sea cual sea su origen, quienes llegaron a Estados Unidos cuando eran niños. Según estimaciones federales, hay al menos 11 millones de indocumentados en EU, de los cuales 2.1 millones arribaron al país a temprana edad.

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Fue en 2012, durante el Gobierno de Barack Obama cuando se puso en marcha el DACA, programa que hasta el momento ha beneficiado a 750 mil jóvenes indocumentados.

-Las historias-

Se hicieron más malos, sólo les faltaba un líder

*Luis, de 25 años de edad, arribó a Estados Unidos a los 12, proveniente de Nuevo Laredo, Tamulipas. Llego al país caminando a través del desierto en compañía de su madre y sus hermanos, actualmente sólo uno de sus hermanos y él permanecen en la nación, debido a que uno de ellos fue deportado en 2010.

El joven dreamer reside en una localidad al norte de Texas a dos horas de Dallas, en la que menciona hay mucha discriminación por parte de los estadounidenses que viven ahí.

“La gente americana sabe lo que pasa y si tienes algún problema con ellos, te amenazan con reportarte a migración” menciona.

En estos días de negociación en el Senado, Luis acusa mayor presión sobre su comunidad, de latinos, que en otras ocasiones. Aunque la discriminación siempre ha estado presente, desde que Donald Trump se hizo presidente de Estados Unidos y durante los pasados tres meses, Luis, y sus conocidos, sienten las miradas sobre de ellos a donde quiera que van, por ejemplo en el supermercado.

“Se hicieron muy malos (los americanos), sólo les hacía falta tener un líder que los apoyara” afirma.

Luis fue llevado a EU, cuando niño, por los constantes tiroteos que se daban en su comunidad de origen, él afirma que había al menos uno diario.

“Recuerdo que nos venimos por la violencia que había en México, en Laredo había balaceras todos los días”

Las preocupaciones de Luis con respecto a su estatus migratorio son varias, entre ellas la eliminación de las llamadas ciudades santuario por parte de Trump, lo cual haría que varios de sus familiares distribuidos por toda la unión americana, sean deportados.

Pero su preocupación más grande es que su familia, conformada por su actual pareja y dos pequeños hijos de 4 y 2 años respectivamente, se separe por su probable deportación.

“Tengo dos hijos nacidos aquí, con ciudadanas americanas, los dos dependen de mi, si me deportan no los voy a llevar a esa ciudad que recuerdo y que creo, está peor que antes” asegura.

Luis asegura que desde el día que Trump se hizo con la presidencia, no lograba conciliar el sueño de tanto pensar en su futuro y el de su familia, malestar que no le ha manifestado a nadie por pena. Ingresó al programa DACA apenas en 2016.

Soldador de oficio, Luis, que aún guarda esperanzas a posteridad, hace planes para el futuro en caso de lograr quedarse en Estados Unidos e incluso si se hace con la ciudadanía.

“Quiero irme al sur de Texas en donde hay comunidades de puros hispanos, aquí ya es mucha discriminación”.

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Muerte y crimen al otro lado de la frontera

*Martin, originario de Jesús María, un pueblo enclavado en los altos de Jalisco, siente que la descomposición social, al interior de su familia, vino de la mano con migrar a Estados Unidos, por ello aunque en un principio era renuente a ser deportado, ahora considera trasladar a su familia a su lugar de origen.

Al otro lado de la frontera con México el joven beneficiario del programa DACA sólo ha conocido el dolor de la pérdida de uno de sus hermanos, la injusticia y la desintegración familiar.

Todo comenzó cuando en 2005, él tenía 13 años, su abuela paterna falleció, y desde entonces la tragedia golpeó a la familia una y otra vez.

«Un día llegando yo de la middle school (equivalente a la secundaria), encontré a mi papá recostado sobre la mesa llorando inconsolablemente, mi mamá me dijo que mi abuelita había muerto, para mí fue un golpe muy duro, yo no sabía que ahí empezaba todo» relata Martín.

Después de la muerte de su abuela y una larga ausencia de su padre debido a un viaje a México, que se extendió por un año, una de sus hermanas fue atacada al interior de su departamento. Ella tenía cinco meses de embarazo. Perdió a su hijo nonato.

En agosto de 2007, un año después del ataque a su hermana, esperaban a las 23:00 horas la llegada de su hermano mayor, trabajador de los restaurantes que posee su padre en EU, su arribo siempre era a la misma hora, sin embargo, nunca llegó a la casa familiar.

Los padres de Martín llamaron a la policía, a las 7:00 del día siguiente, y ellos les contestaron que no podían hacer nada. Al reportar la desaparición del vehículo en el que su hermano acostumbraba transportarse, los agentes se presentaron a las 11:00 horas en el domicilio de la familia, para avisar que la camioneta se encontraba vacía y con rastros de sangre.

A los dos días encontraron un cuerpo en terrenos cercanos al lugar donde encontraron el automóvil del hermano de Martín, un detective les indicó que se prepararan para lo peor y recolectó muestras de ADN de sus padres. Tres días después se confirmó que el cadáver pertenecía a su desaparecido hermano.

En 2011, cuatro años después del asesinato, fueron detenidos los culpables del crimen. En una primera instancia les dijeron que el homicidio fue producto de un asalto, sin embargo Martín y su familia pudieron notar que las declaraciones de los supuestos culpables eran falsas. Un juez los procesó por asesinato y el caso se cerró a pesar de las protestas de la familia.

Dos años después el juez responsable del caso de su hermano fue enjuiciado y encarcelado por nexos con un narcotraficante local. Todos sus casos fueron reabiertos sin embargo la justicia no ha llegado para el hermano de Martín.

«Yo soy dreamer, pero Estados Unidos en vez de ser un sueño para mí, es una pesadilla, quisiera que pasaran una ley pero para poder entrar y salir de aquí, ahora que tengo esposa y una hija, prefiero que ella crezca humilde y no vea tanta cosa que se vive aquí», afirma.

Martín llegó a Estados Unidos con su madre, tres hermanos y cuatro hermanas. Su padre siempre ha vivido en Estados Unidos, él no fue llevado por los abuelos de Martín a la unión americana, nació allí y es un ciudadano con derechos.

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Actualmente, Martín reside en San Antonio Texas en una comunidad donde los integrantes, en su totalidad, son latinos. Él manifiesta que aunque casi nunca sufre racismo, en un pueblo cercano, si los niños (estadounidenses) oyen a alguien hablar español los insultan y los mandan a «regresar a su país«. En este caso no culpa a los niños, culpa a sus padres por la educación racista que les dan.

Foto: Especial

«Vengo de una familia rica, que tienen muchos restaurantes (en Estados Unidos), ellos tuvieron o trajeron a sus hijos aquí para que tuvieran un futuro mejor que el que les esperaba en México, hicieron dinero, los hijos crecieron, y empezaron los problemas» relata.

Martín dice que tras los divorcios que se dieron en su familia, los hijos abandonaron la escuela y que todo el dinero de los padres no sirve de nada ahora que varios de sus hijos están en prisión.

«Es mejor ser pobre, humilde, a vivir así, ellos hasta lloran porque dicen que tienen todo pero que lo que en verdad quieren nadie se los puede dar», narra.

El plan de Martín es regularizar su situación migratoria para enviar a su familia a Jesús María y él quedarse a trabajar por periodos largos en EU, en los restaurantes de su papá, para mandarles dinero y «que vivan bien» en México.

*Las identidades fueron protegidas por petición de los involucrados en el relato

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