La bella historia de por qué a los chilangos nos gusta el bolillo

Josue Huerta
junio 9, 2018

Todos conocemos los memes en los que se señala despectivamente a los chilangos de querer meter cualquier alimento en un bolillo, desde un tamal hasta una orden de tacos al pastor. La explicación ha esta humilde afición gastronómica de los capitalinos se encuentra en la fundación de, nada más y nada menos, que de la mismísima conquista.

La cosa empezó más o menos así: Juan Garrido, el único hombre negro en la tripulación de Hernán Cortés, encontró tres granos de trigo dentro de un saco de arroz que venía en un barco procedente de Europa. De acuerdo con la narración del periodista Héctor de Mauleón en el libro La ciudad que nos inventa dos de estas semillas se le perdieron.

Decidió sembrar la única que le quedó, de la cual, obtendría a la postre 47 espigas. Con ellas y con otros ingredientes el colaborador de Cortés decidió preparar pan, así una mañana de 1522 el aroma a trigo hecho masa, esponjado y horneado invadió por primera vez la Ciudad de México.

El olor y sabor del pan cautivó a los nativos y a los españoles les recordó el hogar. No existen muchos documentos que hablen de cómo conquistados y conquistadores quedaron prendados de este producto de Juan Garrido, pero al poco tiempo después la demanda de pan en lo que hoy es la capital de México era tal que las autoridades ordenaron venderlo por montones en el Zócalo.

De acuerdo con la revista Food and Travel es probable que el primer pan en la Ciudad de México haya sido el “pambaxo” de que posteriormente se origina el pambazo que se comercializa en la actualidad. El pambaxo era una pieza muy apreciada entre las clases bajas porque su precio era muy accesible.

Es así como el pan fue haciéndose de más adeptos. No solo en la capital del país, también en los estados, ejemplo de ellos son la preparación de platillos como las capirotadas o incluso sirve como elemento espesante en el mole poblano.

Como dato adicional debe decirse que el bolillo que tanto nos gusta a los capitalinos tiene similitud con el brötchen, un pan económico pero muy codiciado por los alemanes. Así que a la otra que un norteño ose a insultar a los bolillos y tu gusto por ellos puedes decirle que esta afición chilanga tiene  una muy buena explicación histórica.

 

Comentarios