Arma pastorela población callejera en CDMX

18 diciembre 2017 9:48 pm

Desde hace 24 años El Caracol celebra cada 18 de diciembre su posada con el fin de que los habitantes de las calles reconozcan sus logros, convivan, se diviertan y olviden -los que aún no los superan- las peripecias y dificultades de no tener un techo donde vivir.

La noche comenzó con una pastorela casi improvisada, sin mucho vestuario o caracterización, pero sí con entusiasmo y felicidad.

A pesar del ánimo con que interpretaron a los personajes bíblicos no olvidan lo que pasan en las calles.

El Diablo les recomendó a los peregrinos:

“Para qué quieren ir; para que los rechacen; para que les digan mugrosos?”.

Esta Virgen María tampoco olvida y reivindica su origen cuando habla con el demonio:

“Él tiene derechos aunque sea un niño de la calle”, refirió sobre el Niño Dios.

Así siguieron su acto, hasta que nació el Niño Dios y El Diablo vio frustrados sus intentos.

Después de la representación actoral, por primer año El Caracol reconoció a aquellos que ya están laborando, a quienes tienen un hogar y a los niños que también lograron comenzar a ir a la escuela.

En total fueron 20 reconocimientos a personas llenas de esperanza, con proyectos y que entre lágrimas en los ojos agradecieron todo lo que les dio El Caracol.

Por ejemplo, Rocío quien este año tuvo un hijo pero en el hospital no se lo querían dar y los activistas intercedieron.

Igualmente Susana quien reconoció la labor altruista de la organización cuando la sacó del pozo de las drogas.

Más adelante niños, niñas y adultos comenzaron con a prender velas y repartir papeles con los cantos.

Los infantes prendían sus velas con ayuda de los adultos, en ese momento, poblaciones callejeras, activistas y ciudadanía en general estaban juntos; nadie discriminaba a nadie.

Al contrario, todos sonreían y cantaban.

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Una vez terminado el rito, comenzó la música para los adultos como salsa y cumbia, clásica de la convivencia de barrio.

Afuera de la casa, dos jóvenes comenzaron a colocar las piñatas para los niños.

Más de 20 pequeños se formaron y golpearon las piñatas, felices porque El Caracol ayuda a rehabilitarse a sus padres y a que ellos tengan un mejor futuro alejados de las drogas.

“Ese niño es muy tonto, es muy tonto, se parece a su mamá”, decían los asistentes para amenizar el momento.

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Así fue la fiesta y diversión que más de 50 personas en situación de calle disfrutaron.

Cosa que no experimentan a diario porque otros días viven discriminación, frío, hambre y abuso por parte de las autoridades.

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