Alzheimer, una enfermedad que va al alza en México

9 abril 2018 7:06 pm

El silencio que imperaba en la casa se rompió de repente por gritos, que, literal, le desgarraron la garganta a mi abuela: “¡¿Dónde estoy!? ¡Ayúdenme! ¡Me secuestraron! ¡Quiero ir a mi casa!”

Al llegar a su cuarto la encontramos con la cara pálida, los labios agrietados y secos y con pedazos de cabello en la mano, ella no reconocía a ninguno de los que estábamos en la habitación y entre más nos veía, más se desesperaba. Así pasaron más de diez minutos, hasta que de la nada se tranquilizó y regresó a dormir.

Ésa fue la primera de muchísimas noches en que Margarita Sánchez Vargas despertaría desubicada y sin saber qué pasaba a su alrededor. Tiempo después la diagnosticaron con Alzheimer.

Ésta es una enfermedad que de a poco carcome los recuerdos, intereses y gustos de quien la padece.

Se trata de un padecimiento degenerativo, progresivo, irreversible y, hasta el momento, incurable, que ataca las partes del cerebro que controlan la memoria, el pensamiento y el lenguaje.

De acuerdo con la Asociación Mexicana del Alzheimer (AMAES) este trastorno es el tipo más común de demencia y representa aproximadamente 50% de todos los casos.

Indicó que, en la actualidad, su prevalencia es aproximadamente 10 veces superior a la detectada a principios del siglo pasado, pero se espera que el número de personas con demencia grave se duplique en los próximos 10 años.

Este incremento se debe al envejecimiento de la población, ya que la edad es un factor de riesgo, por lo que si ahora hay casi 350 mil personas que padecen algún tipo de demencia en México, para el año 2025 este número podría rebasar el millón.

Enfermedad degenerativa

Según un estudio de la investigadora Maite Solas, de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Navarra, en España, el estrés puede incrementar el riesgo de sufrir Alzheimer.

La especialista realizó un estudio con ratones expuestos tanto a estrés postnatal, en las primeras etapas de la vida y en la adultez, y se comprobó que el estrés contribuía al desarrollo de un déficit cognitivo y al aumento de marcadores presentes en los enfermos de Alzheimer.

A pesar de que la medicina no ha identificado los mecanismos que provocan el desarrollo de esta enfermedad, este estudio de la experta aclara que van descubriéndose algunas conexiones; por ejemplo, la relación entre la hipersecreción (exceso de fluidos) y la pérdida neuronal, una lesión característica de la dolencia degenerativa.

“Asimismo, la exposición a niveles altos de glucocorticoides, derivadas de la diabetes mellitus de tipo 2. Además, agentes endógenos -como la edad y la genética- podrían ser determinantes en el inicio y la progresión del Alzheimer”, señala el informe.

Parte de la tesis doctoral de Maite Solas se ha desarrollado en el Instituto Karolinska, en Estocolmo, Suecia, uno de los centros más importantes del mundo en la investigación sobre Alzheimer. Su co-director, Ángel Cedazo-Mínguez, indicó que la mayor parte de sus esfuerzos se centran en estudiarla como enfermedad “no determinante”, es decir, que no tiene un origen genético, ya que sólo 1% de los enfermos está predispuesto a sufrirla.

Usualmente los médicos utilizan escáneres cerebrales o pruebas invasivas de líquido cefalorraquídeo, también conocidas como punción lumbar, para verificar que los pacientes tienen una acumulación de la proteína beta amiloide en el cerebro, aunque esta última prueba es invasiva y sólo puede mostrar resultados cuando la enfermedad ya progresó.

Conforme avanza el padecimiento, los pacientes dejan de tener conciencia de su condición, pero conservan la capacidad de experimentar angustia y percibir manifestaciones de afecto.

Amalia Gómez, médico geriatra, explicó que los enfermos se tornarán incontinentes, serán incapaces de comunicarse y presentarán serios problemas de comportamiento, por lo que requerirán cuidado continuo las 24 horas del día.

El padecimiento puede prolongarse por varios años, en promedio de entre 5 a 10, y no causa la muerte; normalmente una persona que la sufre morirá de algo diferente, como una infección o un infarto.

Según datos de la Secretaría de Salud en México, 80% de los pacientes son tratados en sus hogares, lo que demuestra la importancia de apoyar a la familia y orientarla en cuestiones relativas al cuidado de los enfermos. La dimensión del problema impone a los familiares, sobre todo a aquellos responsables del cuidado diario, la necesidad de soporte psicosocial, sociosanitario y socioeconómico para aliviar la carga que la enfermedad ocasiona.

Tiempo después de que le diagnosticaron la enfermedad a mi abuela le empezaron a dar ataques de pánico; en un segundo las cosas en su cabeza cambiaban, y, cuando nos dábamos cuenta, estaba semidesnuda, con las manos heladas y cara de pánico.

Recuerdo bien una ocasión en la que aseguraba que necesitaba encontrar a su mamá, gritaba y exigía que la lleváramos con ella, al darse cuenta de que no nos moveríamos de la casa, el miedo se apoderó de su mente y comenzó a pellizcar y estirar su piel, que por su edad era muy delicada; terminamos en una clínica del IMSS porque se causó una herida muy profunda en su brazo.

Seis años después, mi abuela murió internada en un hospital; carcomida por la edad, sin poder caminar, ni hablar o comer. Lo único que entre balbuceos se le apreciaba era la palabra mamá. El diagnóstico final fue una neumonía.

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