[OPINIÓN] Aeropuerto, refinería y desarrollo

Con estas mega obras, el actual Gobierno busca dinamizar la economía en estos tiempos de crisis

"La economía no crece por un problema de confianza", me dijo una senadora de PAN hace unos meses.

- ¿Por qué?

-Por la cancelación del aeropuerto de Texcoco, confesó.

En efecto, las élites económicas y políticas involucradas en el proyecto de Texcoco han sufrido un largo duelo por su cancelación. Han protestado incluso en las calles. Han dirigido una ofensiva judicial contra el aeropuerto de Santa Lucía. Y han aprovechado la emergencia del coronavirus para relanzar, de manera revanchista, su campaña contra los proyectos de inversión pública de alto impacto. No quieren que se construya el aeropuerto de Santa Lucía, ni la refinería de Dos Bocas ni el Tren Maya. Les gustaría que se terminara el sexenio sin la realización de esas grandes obras. Sueñan con que un día, en una mañanera, el presidente anuncie que sí se construirá el aeropuerto de Texcoco.

Si ellos no han podido concretar sus proyectos, ¿por qué el actual Gobierno sí?

Pero no tienen razón.

Pasaron tres largos sexenios (Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto) y no pudieron hacer su aeropuerto. El gobernador de Hidalgo, Miguel Ángel Núñez y la lideresa de la ALDF, María de los Ángeles Moreno, recomendaban construirlo en Tizayuca (que por cierto queda muy cerca de Santa Lucía), pero Fox se aferró a realizarlo en Atenco, enfrentando una histórica resistencia de aquellas comunidades. Calderón no hizo mayor esfuerzo por el aeropuerto y Enrique Peña Nieto escogió uno de los últimos resquicios de filtración de agua al subsuelo del Valle de México para realizarlo. Antes de que iniciara su construcción, los propietarios de las tierras de esa región recibieron unos cuantos centavos por metro cuadrado, siendo presionados a vender sus predios al Gobierno y a grandes inversionistas privados, para hacer el aeropuerto, pero también un megaproyecto inmobiliario. Otros más, ya se relamían los bigotes con una segunda Santa Fe en los terrenos que hoy ocupa el actual aeropuerto internacional.

Pero pasó todo el sexenio de Peña Nieto y no construyeron el nuevo aeropuerto. Es más, planearon las cosas con el objetivo de hacer de la construcción del aeropuerto un largo camino de ordeña de presupuesto público.


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En cuanto a la refinería, Vicente Fox dilapidó en gasto corriente, los más altos excedentes petroleros en la historia de México sin ampliar la industria petrolera. Felipe Calderón sólo atinó a construir la barda más cara de la historia. Y Peña Nieto renunció a la acción del Estado en materia energética.

Ahora, el Gobierno construye una refinería en Tabasco, un aeropuerto en el Estado de México y un tren que atraviesa Chiapas, Campeche, Quintana Roo y Yucatán. Y busca concretar los proyectos en la actual administración. No pretende heredar las obras a las próximas administraciones.

Las obras se realizan justamente cuando se afirma que este Gobierno no apoya la economía, no busca el crecimiento, no transfiere recursos a la empresa privada; justamente cuando se dice que el Gobierno sólo da recursos para programas sociales, pero no para proyectos económicos.

Estas obras son una forma de dinamizar la economía, de detonar el crecimiento. A través de ellas se transfieren recursos a la empresa privada, pero no en la forma improductiva y corrompida de un rescate tipo Fobaproa, sino a través de formas lícitas y productivas, con compras masivas de insumos a diversas ramas industriales como la del acero y otras.

No le toca a este Gobierno concretar los sueños de sus antecesores. Que bueno que tenga proyectos productivos que dinamicen la economía, fortalezcan la soberanía y promuevan el desarrollo en otras regiones.