¡Orgullo maya! Ellas son las Las Diablillas de Hondzonot, las softboleras en huipil

En su mayoría son amas de casa y juegan descalzas porque, aseguran, así son más rápidas.

Siempre vestidas con huipil, que ellas mismas confeccionan, un grupo de 20 mujeres juegan softbol en una comunidad rural a 80 kilómetros de Tulum, en Quintana Roo. Su equipo recibe el nombre La Diabillas de Hondzonot y han buscado mezclar la tradición con el deporte.

Estas mujeres deciden jugar descalzas, pues aseguran que los tenis "les estorban" para correr y descalzas son más veloces.

 

El equipo nació en el año 2018, y  en sus inicios jugaba con palos de escoba y una pelota de tenis. Su nombre surgió para combatir el machismo en su comunidad, ya que las mujeres no podían jugar un deporte, su maridos nos las dejaban, y ellas decidieron poner un alto, lo que les generó el apodo de "las diablillas" o "las mandonas", según ha narrado Fabiola, la capitana del equipo.


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Todo comenzó con la intención de divertirse y salir un poco de la rutina, pero el juego se fue convirtiendo en un estilo de vida. Un día las invitaron a un partido de beisbol y ganaron, y con el machismo que impera en su comunidad, les dijeron que mejor jugaran softbol, porque ese es juego de mujeres, además de comentarios como "que ellas no tienen nada que hacer ahí".

Para poder entrenar, las mujeres, y algunos de sus maridos podaron un predio, colocaron las marcas, apilaron unas piedras que hacen de gradas e instalaron un techo.

La mayoría de las integrantes del equipo, son amas de casa, también se dedican a bordar y buscar la manera de salir adelante, pero debido a la pandemia, muchas se quedaron sin oportunidades, incluso, las dejó sin el entrenador que el municipio les había proporcionado. Ahora, ellas mismas dicen que después de terminar sus quehaceres, entrenan solas.

Estas mujeres juegan los domingos, en partidos locales donde también venden tamales, para poder costear los partidos que se llevan a cabo fuera de su comunidad, y también reciben algunas ayudas de empresarios locales. Les gustaría que el Gobierno las apoye construyendo un baño donde se puedan cambiar, poner iluminación y unas gradas donde juegan. No piden uniformes ni calzado caro.

Son un ejemplo para Hondzonot, ya que mujeres más jóvenes que ellas, tienen el sueño de algún día poder jugar junto a Las Diablillas. Este juego les ha enseñado que pueden aspirar a algo más que sólo dedicarse a cumplir con las tareas del hogar y a ser respetadas.