[OPINIÓN] Rehacer entero el sistema de partidos

14 junio 2018 1:23 pm

El sistema de partidos mexicano muestra signos de agotamiento. Sus rasgos actuales emergen de las elecciones de 1988, cuando nació el PRD y la conformación de un sistema tripartita.

La realidad política de hoy nos enseña que el tripardismo está marchito, sus partidos en profunda crisis, sus liderazgos desgastados, sus militantes desencantados, sus simpatizantes sencillamente enojados, y la ciudadanía, cada vez más escéptica y alejada de lo que pasa en el escenario político.

Las encuestas reflejan que el partido en el Gobierno ha caído al tercer lugar y que, muy probablemente, perderá la Presidencia de la República, la mayoría relativa en ambas Cámaras y 8 de las 9 gubernaturas en juego. El PAN, que ha accedido dos veces a la silla presidencial, aparece en segundo lugar, y únicamente en Guanajuato muestra una ventaja holgada, mientras que en Puebla y Veracruz la contienda está muy cerrada. El PRD parece que dejará de gobernar en la Ciudad de México, Morelos y Tabasco, y tendrá una minúscula representación en las Cámaras.

Movimiento Ciudadano está a la cabeza de las preferencias en Jalisco y mantiene una presencia importante en Veracruz. El Partido Verde gobierna Chiapas, pero todo indica que cederá esa posición. Nueva Alianza, Encuentro Social y el Partido del Trabajo continúan necesitando el esquema de coaliciones.

Es Morena, un movimiento que aspira a convertirse en partido, quien aparece liderando las encuestas. Si bien ya participó en las elecciones federales de 2015 y en distintas elecciones locales, lo cierto es que es la primera ocasión que compite en una elección presidencial, y todo indica que tendrá un éxito rotundo.

Si las tendencias se confirman, el 2 de julio amaneceremos con un sistema de partidos en agonía. Este panorama nos orillará a observar qué partidos se quedaron, cuál es su fuerza electoral real y cómo se tradujo en espacios políticos.

Enseguida, tendremos que determinar cómo reconstruir un nuevo sistema. Tres impulsos contribuirán. El institucional, porque a ningún Gobierno democrático conviene el desmoronamiento de los principales intermediarios entre la ciudadanía y la representación popular; el político, porque son los partidos los que deben darse cuenta de que internamente están resquebrajados y que necesitan reconstruirse desde adentro; y el ciudadano, que a través del voto popular marcará la ruta del tipo de partidos, de políticos y de política que quiere para nuestra todavía endeble democracia.

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