El factor Fernando Mercado

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21 junio 2018 1:40 am

El candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la Jefatura de la Ciudad de México, Mikel Arriola, es la luz y sombra de esta elección.

Tras ser ungido como el abanderado del del tricolor para la capital del país, sorprendió a propios y extraños.

Un tecnócrata, miembro del primer circulo del presidente Enrique Peña Nieto y mano derecha del candidato presidencial José Antonio Meade, arrancó con una campaña a ras de suelo.

Comenzó a recorrer las 16 demarcaciones de la mano de su equipo, saludaba de beso a las vecinas; abrazos y las selfies nunca faltaron. Incluso, su discurso crítico hacia el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Morena tuvo impacto.

A lo largo de estos casi 80 días de campaña, Mikel se hizo de lo votos duros del PAN, por sus posturas conservadoras, y de muchos indecisos que vieron en él una opción distinta a la que la CDMX vive desde hace 20 años.

En la campaña el priista lució, se entusiasmó y por momentos lució atractivo para el electorado, pero el error provino de otra parte: del interior de las bases priistas.

Él y su grupo, prácticamente ignoraron a quienes, en teoría, serían sus principales operadores territoriales: los jefes delegacionales de Cuajimalpa, La Magdalena Contreras y Milpa Alta.

El recurso federal comenzó a fluir en la CMDX, pero sólo para la candidatura de Mikel, al grado que su círculo cercano opera pagos en efectivo y programas sociales de la Secretaría de Desarrollo Social en estas demarcaciones y sin avisarles a los delegados.

Cuatro meses después de su llegada al PRI capitalino, como delegado especial, Francisco Olvera se encontró al delegado de La Magdalena Contreras, Fernando Mercado, y en un acto de cortesía le pidió su número celular. La llamada nunca llegó.

De ese tamaño ha sido el desdén del grupo de Arriola hacia los jefes delegacionales, razón por la cuál, Mercado y Adrián Rubalcava (líder hegemónico de Cuajimalpa) estuvieron a un paso de unirse los frentistas (PRD, PAN y MC).

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Mercado se quedó sólo en la operación, en el Gobierno local le cerraron la llave por no pelearse con los morenistas; su partido lo desdeñó y Mikel puso como bandera, políticas que van en detrimento de la agenda que Fernando ha impulsado desde varios años atrás: libertades.

Por eso, en días recientes dijo públicamente que no apoyará a Arriola, y esa voz no sólo es la de él, sino la de todos los priistas de esa demarcación. Dejar las filas del partido no está en su mente, pero sí jugar en contra del ex director del IMSS.

En el caso de Ruvalcaba, la historia es distinta, pues debido a que tuvo un papel protagónico en la Asamblea Legislativa del DF, pudo operar la actual elección con recursos suficientes; sin embargo, promueve un voto cruzado.

En tanto que el delegado de Milpa Alta, Jorge Alvarado, no ha dicho nada públicamente, pero su operación política está centrada en el candidato del frente, Octavio Rivero, debido a que la dirigencia del tricolor le impuso a Mariana Moguel como candidata.

En sentido estricto, lo de Fernando Mercado es sólo una muestra de lo que no puede hacer un candidato a la jefatura de Gobierno capitalino.

Sin la operación de sus tres jefes delegacionales, la estructura del PRI es sólo aire, el nivel de aceptación entre los indecisos es alto, pero desinfla sustancialmente la intención de cerrar la brecha que hay entre la candidata del Frente, Alejandra Barrales y él.

De esa forma, el millón de votos que prometió llevar al presidenciable José Antonio Meade, prácticamente se evaporó y una operación cicatriz a estas alturas del partido, está más que imposible.

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