Arquitectoma vendió departamentos de lujo dañados el 19S; hoy no quiere pagar

5 junio 2018 6:00 am

Han pasado más de ocho meses del sismo del 19 de septiembre y a la fecha, la empresa Arquitectoma sigue sin responsabilizarse por los daños estructurales que afectaron 390 departamentos y áreas comunes de las cuatro torres del condominio Porta Tlalpan 550.

Desde entonces, las familias que ahí habitaban se establecieron en casas de amigos o familiares; otros rentaron cuartos o departamentos; cambiaron sus dinámicas de vida.

Las consecuencias son, hasta el momento, económicas y emocionales. Cansancio, estrés e incertidumbre sobre el futuro de su patrimonio merman las energías de los afectados.

Algunas familias han adquirido nuevas deudas que les permiten amortiguar su situación de damnificados; y aunque ya no viven en Porta Tlalpan las cuentas de las hipotecas siguen llegando.

En promedio el pago es de ocho mil pesos al mes, a los que suman 650 pesos para pagar el mantenimiento del condominio, el cual también se sigue cobrando.

Ante esta situación, un grupo de aproximadamente 15 vecinos decidieron terminar con la dinámica pasiva de negociación, que posterior al sismo mantenía un grupo integrado por los comités de vigilancia de las torres A, B, C y D, hasta el día 19 de Abril, fecha que realizaron un plantón a las afueras del condominio.

El pasado 4 de mayo El Big Data informó que Arquitectoma envió vía correo electrónico al Comité de Vecinal, una oferta para el pago de 2 millones 500 mil pesos por cada una de las torres, es decir, 10 millones de pesos para todo el condominio. La oferta venció el 31 de mayo pasado.

Dividida entre los 390 departamentos, corresponden 25 mil 641 pesos a cada uno. Dicha cantidad equivale a 1.7% del precio promedio de cada departamento, cuando los vecinos pagaron en un millón 500 mil pesos.

El documento, firmado por Eduardo Pizarro Suárez, asesor legal de Arquitectoma, señala que el ofrecimiento “se realiza de buena fe y con la sola intención de proporcionar un apoyo adicional ante esta tragedia, por lo que no estará sujeta a negociación alguna”.

Los vecinos que integran los comités de vigilancia pretenden agregar 90 días más a este plazo para encontrar vías legales encaminadas a una negociación justa con la constructora.

El Gobierno de la Ciudad de México (GCDMX) ha contribuido al rezago de una solución para los vecinos, pues en los cuatro dictámenes que realizó, en ninguno se establece que el nivel de daño hace inhabitable al conjunto.

Sin embargo, sí  se los han hecho saber verbalmente, incluso les han sugerido contratar los servicios particulares de un Director Responsable de Obra.

Asimismo, en los intentos de diálogo con Arquitectoma, el GCDMX únicamente ha sido mediador a través de la Dirección General de Concertación Política y Atención Social y Ciudadana.

Los vecinos aceptaron contratar a un DRO y optaron por los servicios de Luis Hierro Bohigas, experto estructural; sin embargo, sólo entregó un dictamen incompleto de las cuatro torres.

Pese a ello, de acuerdo con algunos vecinos, ese documento puede ser determinante para que la constructora asuma su responsabilidad por los daños, puesto que las torres apenas tienen una antigüedad que va de los 5 a los 7 años en sus dos etapas.

Ante la falta de respuestas, son ya cerca de 200 vecinos damnificados convencidos de adoptar una actitud enérgica en busca de resultados positivos.

El 4 de mayo marcharon desde el condominio hasta Reforma 509 de la colonia Cuauhtémoc, donde la constructora edifica la torre “Chapultepec Uno”, edificio de lujo desarrollado por T69, alianza de Arquitectoma y Grupo Marca Arquitectos, capaz de soportar sismos de 9.0 grados, garantía que también se prometió a los vecinos de Porta Tlalpan como compromiso de venta.

Damnificados son revictimizados

Hasta el 19 de septiembre, Rosa María Moreno cuenta que al no poder regresar a su departamento en la torre B, ella y su pareja permanecieron mes y medio en casa de sus padres, hermana y sobrino; posteriormente se fueron a casa de su suegra y finalmente tuvieron los medios económicos para solventar la renta de un espacio por 5 mil pesos en la delegación Tláhuac, desde donde a diario se desplazan.

“Lo primero que piensas es ir con los familiares, pero es complicada la convivencia porque llegas y cambias su dinámica”, relató.

A causa del desgaste, Rosa María y su esposo bajaron hasta 17 kilos, esto aunado a insomnio permanente.

“Tu quisiste comprar ahí’, ‘no te fijaste lo que comprabas’, ‘no tuviste la previsión de tener seguro”, son comentarios que recibe incluso de sus familiares; culpan a ella y su esposo de estar damnificados.


“A mí no se me hace justo luchar toda tu vida para tener un patrimonio y de repente te quedas sin nada. Te cambia la vida. Yo pensaba que con un patrimonio estaba del otro lado y ahí es cuando te concientizas que todo puede cambiar de un momento a otro”, lamentó.

En el caso de su vecina, Leticia Pérez,  platicó que vivió en el departamento el sismo y tras ver el estado de daño, supo que no podrían regresar a esa vivienda. Únicamente pudieron sacar ropa y papeles personales.

Habitaba con su papá de 87 años, sus dos hijas y su esposo, en el departamento 501 de la torre B, propiedad de su padre, quien continúa pagando el crédito hipotecario.

Ante la falta de recursos para pagar una renta o adquirir algunos muebles, fueron recibidos en casa de un primo de su familia paterna, quien vive con su esposa en la zona de Observatorio.

Desde que la tierra se movió cuenta que su vida y la de su familia se convirtió en un peregrinar constante, acompañado de confusión, insomnio y un sinfín de emociones.

“Era desplazarse de noche, con lluvia, juntas; me vino angustia, depresión, ansiedad, presión alta. Yo ya no podía”, expresó.

Leticia buscó rentar cerca de Porta Tlalpan debido a que todos los días debe presentarse ahí o en la delegación Benito Juárez para estar al tanto de las resoluciones.

A casi 9 meses del sismo ha echado mano de donde puede. Pese a que su padre tuvo la previsión de contratar planes de protección, apenas les fue liberado el cheque de uno de éstos por un monto de 30 mil pesos, luego de comprobar su situación de damnificados; “es un batallar, no te lo entregan de inmediato y cada vez te ponen más el pie”.

Debido a que su papá es un hombre mayor, Leticia ha decidido ser la responsable de los trámites, es decir, quien defienda el patrimonio familiar.

“Yo velo por la necesidades de mi papá, por recuperarle su propiedad. Él está esperanzado que yo le resuelva esta situación y lo voy a hacer”, aseguró.

Afirma que como damnificados “no exageramos. Somos víctimas de corrupción en una construcción. Es un edificio mal hecho, inservible”.

Este andar, dice, se ha convertido en una especie de carrera de resistencia; “aguantar hasta el final, lograr que la gente que nos dañó, Arquitectoma, nos responda”.

Miguel Ángel González Villanueva de 30 años, llevaba 7 años viviendo la torre A del condominio. Su departamento lo adquirió en preventa, cuando todavía no estaban en construcción.

Es de los pocos que pudo rescatar sus pertenencias del departamento. Al no tener a dónde ir, cuenta que estuvo viviendo en lugares donde le prestaban un cuarto dónde quedarse. En diciembre pudo establecerse en un edificio cercano al condominio.

“Ha sido como un viacrucis que tú nunca lo piensas vivir, vas de un lado a otro y terminas gastando dinero que no tenías contemplado. Se cortan muchos planes. En donde estaba trabajando al principio no podía ir porque también se había caído la zona de algunos foros y muros. Ese ingreso ya no lo tengo. Mis reservas están poco a poco terminando y yo sigo sin resolver nada”.

Para su vecina de la torre B, Ana María Rivera Díaz, la situación se tornó más complicada. Junto con su esposo y tres hijos pequeños, se mudó a un cuarto en la delegación Iztapalapa con baño compartido.

Relató que los niños son los que más resintieron el cambio de casa. Sus caminos de 15 minutos para ir a la escuela se convirtieron en trayectos de 3 horas entre ida y vuelta; a diario les piden a sus padres regresar a su casa, con los juguetes que quedaron en el departamento, pues no pudieron sacar más que ropa y documentos.

Sus familiares les han donado sillas, tablones, bases de cama, colchones, una parrilla eléctrica y algunos enseres domésticos para hacer de su nuevo hogar un sitio habitable.  

A pesar de todo, platica que su familia está más unida. “Esto te enseña a valorar lo que tienes. Le hemos dicho a los niños que vamos a volver porque es todo lo que tenemos, estamos viendo cómo regresar”, indicó.

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