Precampaña: ‘tonificador de músculo’ rumbo a la presidencial

6 marzo 2018 6:00 am

El periodo de precampañas terminó y los precandidatos mostraron el músculo y sus debilidades de cara a los comicios presidenciales del 1 de julio próximo.

En términos concretos, se trató de una primera etapa de la campaña, pues los tres aspirantes presidenciales –con mayores posibilidades de ganar– prácticamente estaban ungidos por sus partidos políticos.

Eso significa que, con más de 48 spots diarios, promovieron sus aspiraciones en todo el país, bajo la argucia de mandar un mensaje únicamente a su militancia, cuando el tema ya estaba resuelto.

Aún así, las autoridades –léase el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF)–  permitieron recorridos nacionales y propuestas abiertas a la ciudadanía por parte de los presidenciables.

Sin embargo, el resultado no fue el mismo para todos. Unos se fortalecieron y otros se evidenciaron en este gimnasio electoral.    

Andrés Manuel López Obrador apostó por consolidar una candidatura abierta y diferente, al sumar a todo tipo de personajes que influyen en la vida pública del país.

Ricardo Anaya buscó refugio en el panismo tradicional y su alianza con el PRD y Movimiento Ciudadano lo hicieron crecerlo.

Al tiempo que José Antonio Meade simplemente se desdibujó; su mejor momento lo alcanzó en el impasse político que provocó la liturgia priista de su nombramiento.

Las precampañas fueron un laboratorio electoral en el que partidos y candidatos dibujaron las estrategias que, muy probablemente, seguirán en la contienda  por la Presidencia.

El seguimiento de sus actividades durante la etapa previa a la campaña, que comenzará el 30 de marzo, reveló cuáles son las zonas donde tienen mayor fuerza, pero también en dónde les hace falta trabajar.

Al cierre de la precampaña, las cifras muestran el estatus que cada candidato amasó. Los resultados mensuales sobre intención de voto promediaron para López Obrador 37.4% al arranque de esta etapa, y 38.1% en su cierre.

En ese mismo periodo Anaya arrancó con un promedio de 24.9% y cerró con 29.5% a mediados de febrero pasado. Finalmente, Meade comenzó con 23.7% y cerró la precampaña con 22.5% en promedio sobre las preferencias electorales.

Y aunque para algunos ya todo está escrito, una buena estrategia podría modificar el tablero

Ejercicio de resistencia

Los números mostraron que el ganador, al menos en las precampañas, fue López Obrador, el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia.

Mientras Anaya se posicionó en los bastiones panistas del país; la imagen de Meade no cuajó, principalmente por la imagen que generó el Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

En el tramo final de la precampaña, AMLO ganó las 12 encuestas aplicadas en todo el país y publicadas durante ese periodo. López Obrador será el candidato a vencer.

Anaya aprovechó el refugio de los bastiones panistas para fortalecer su imagen, y su mejor discurso se centró en contra del partido que postuló a José Antonio Meade: el PRI.

En 60 días de precampaña, el candidato de la coalición Por México al Frente llegó a concentrar hasta 34 puntos porcentuales en la intención del voto, de acuerdo con los resultados de la encuesta publicada el 4 de febrero por Mendoza Blanco.

Meade, el candidato de la alianza PRI-PVEM y Nueva Alianza, es, quizá, el candidato que llegará a la recta final de la contienda con más dificultad, con una pendiente que puede ser de hasta 20 puntos respecto al puntero.

En encuestas cara a cara, el candidato del PRI se posicionó hasta 33 puntos abajo contra López Obrador, de acuerdo con las cifras publicada por el periódico Reforma el 11 de febrero.

En ese mismo ejercicio, 35% de los encuestados consideraron que AMLO tuvo la mejor precampaña, seguido por Anaya, que consolidó 26% de las respuestas, mientras que el tercer sitio lo ocupó Meade, con un rezagado 9 por ciento.

Pura proteína

La estrategia de los presidenciales fue geográfica. Apostaron por estados en los que sus partidos lideran y en entidades “columpio” en la definición del resultado del 1 de julio, por el valor específico de sus padrones electorales.

En 60 días, AMLO apostó por el sureste nacional, en donde forjó su carrera política. Veracruz, con 5.8 millones de votantes potenciales, fue su refugio. En esa entidad, el tabasqueño encabezó 82 eventos. En Tabasco, su cuna, estuvo en 22 ocasiones, en Chiapas 18, en Puebla 15 y en la Ciudad de México encabezó 13 eventos.

En estas entidades el discurso de López Obrador cuajó entre la pobreza y el rezago social, aseguró Ramón Morales Izaguirre, experto en análisis político de la Universidad de Harvard, pues “es ahí en donde están sus segmentos más redituables”.

Las giras de precampaña de Anaya se concentraron en la Ciudad de México, Querétaro y Veracruz, entidades en las que organizó 29 de los 68 eventos que tuvo su precampaña.

La ruta de precampaña que Meade siguió fue similar, en estrategia, a la de Anaya, pues el abanderado priista concentró sus mítines en la Ciudad de México, Jalisco, Nuevo León, Sonora y Tabasco.

No fue casualidad que así lo hiciera, pues el priista ve en la capital del país la posibilidad de consolidar, al menos, un millón de votos, y en Nuevo León la de capitalizar su imagen en una entidad con 3.8 millones de electores.  Su cierre ocurrió en el Estado de México, bastión tricolor.

Desde noviembre del año pasado, en 20 encuestas analizadas por el sitio de big data electoral Oraculus, sólo en una ocasión, el 21 de noviembre, Anaya empató en primer lugar con AMLO, ambos con 30 puntos en las preferencias electorales.

En este periodo, considerado hasta el 11 de febrero, Meade alcanzó el segundo sitio en ocho ocasiones, de las que en cinco lo hizo sin el acompañamiento del candidato frentista. La máxima diferencia entre el primero y el segundo lugar fue de 23 puntos, el 18 de diciembre en el ejercicio publicado por Defoe Spin, y la mínima fue de tres puntos, el 5 de enero en la publicación de Suasor, que hoy inclina la balanza a favor de AMLO.

AMLO, CON RUTINA DE PODER QUIERE CARGAR AL PAÍS

Andrés Manuel López Obrador cambió. En su discurso, en sus formas y en su capacidad para admitir que no ganará la presidencia el 1 de julio si no despierta al político pragmático.

Su precampaña sirvió para eso y la estrategia fue “redimir” a quienes fueran sus detractores y convertirlos en aliados. Las incorporaciones de los ex panistas Gabriela Cuevas y Germán Martínez a su grupo fueron sólo algunas de las más criticadas durante la precampaña, pero también de las más efectivas.

La retórica beligerante, puritana y excluyente del fundador de Morena quedó atrás y eso se reflejó en los números con los que López Obrador arrancó, mantuvo y consolidó al cierre de la etapa de precampañas. En promedio, 38.1% frente a sus competidores.

“Su discurso cambió porque está en primer lugar. El discurso de un puntero naturalmente es positivo. Son discursos que se enfocan en propuestas, que se preocupan más por la unión que por la división. Por su posición coyuntural no tiene que atacar a nadie, ni denostar a nadie porque está en primer lugar”, detalló Ramón Morales Izaguirre, experto en el análisis de discurso político por la Universidad de Harvard.

La estrategia de Morena y sus aliados: el PT y Encuentro Social, sirvió para el posicionamiento mediático de AMLO; de acuerdo con un análisis de contenido realizado por la consultora política Integralia, 100% de sus spots destacaron cualidades del candidato y de la coalición que encabeza.

El tabasqueño fue enfático, y lo recalcó el 17 de febrero pasado. “Todo es amor y paz, no vamos a confrontarnos (…)no vamos a caer en provocaciones”. Para Morales Izaguirre, este tipo de expresiones muestran que el candidato de la alianza Juntos Haremos Historia, está aprovechando su momento y gestionando los tiempos para ampliar su etapa de cierre.

En 60 días, López Obrador realizó 207 eventos, de los que sólo canceló uno. En su gira visitó 30 de las 32 entidades del país. Las últimas Jalisco y Guanajuato, en donde hizo su cierre de campaña, y en donde reconoce los liderazgos de Movimiento Ciudadano y del PAN, respectivamente.

Para Morales Izaguirre fue significativo que el candidato no visitara Michoacán y Guerrero. “Esto es muy importante porque son entidades profundamente ligadas al narcotráfico y gobernadas por el PRD”, que podrían resultar en negativos para el candidato de Morena.

También resultó significativo que AMLO fuera el candidato que más veces visitó Hidalgo, con 12 eventos organizados. Esta entidad ha sido dominada históricamente por el PRI, y es el bastión del ex secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

López Obrador privilegió su presencia en tres de los cinco estados clave para ganar la elección: Veracruz, Puebla y la Ciudad de México. En Nuevo León organizó tres eventos y en Jalisco tuvo su cierre de campaña.

ANAYA,  LO PUSO EN FORMA; FALTA MÚSCULO

Luego de 60 días de precampaña, en los analíticos de tendencia del motor de búsqueda de Google, el nombre del candidato Ricardo Anaya fue relacionado con las palabras “memes”, “meme” y “propuestas.

La obsesión que el candidato de la coalición Por México al Frente mostró en su precampaña por reafirmar sus capacidades para encabezar la candidatura presidencial ha dado frutos, al menos en cuanto a su posicionamiento.

Su retórica podría ser la clave para que sus números le alcancen, en un par de meses, para un empate técnico con el puntero, Andrés Manuel López Obrador. El ex presidente nacional del PAN arrancó esta etapa con 23 puntos, en segundo sitio.

Este periodo le dio para avanzar al menos diez puntos, de acuerdo con la última encuesta publicada por el diario Reforma, y para consolidarse como el perseguidor más serio.

“Lo más importante del cierre es cómo quedan posicionados para arrancar la campaña”, aseguró Ivonne Acuña, académica especialista en política de la Universidad Iberoamericana. Lo más relevante para las aspiraciones presidenciales de Anaya será que consolide su segundo lugar y a partir de esa posición apuntale su campaña.

“Lo que vimos en las últimas elecciones fue que en el arranque hay tres contendientes y hacia el final se decanta la elección en relación con dos. Lo que esperábamos durante la precampaña fue que se definiera el segundo lugar”, explicó la académica.

Los números, de momento, son favorables al panista. En las tres últimas encuestas publicadas el 11 de febrero por Parametría, Reforma y Consulta Mito, Anaya obtuvo 28, 32 y 30 puntos, respectivamente. Estos datos lo ubicaron hasta a 14 puntos de distancia de José Antonio Meade.

Anaya y Meade apostaron por la misma estrategia territorial para su precampaña. El queretano buscó refugió en la capital del país, un terreno favorable para él, Querétaro y Veracruz. Fue justo en esta última entidad, en Coatzacoalcos, en donde cerró su precampaña.

“Las historias de amistad y de complicidad entre Miguel Ángel Yunes y Anaya han sido ampliamente documentadas”, apuntó Ramón Morales, especialista en análisis político. El panista buscó refugió en Veracruz, un estado con un botín electoral de 5.8 millones de votos potenciales.

Anaya centró sus tiempos mediáticos para posicionar 19 mensajes en los que atacó principalmente al PRI, en concreto al resaltar las investigaciones por corrupción que apuntan a gobernadores de ese partido y a funcionarios del gabinete de Enrique Peña Nieto.

De los tres candidatos fue el que menos eventos organizó. En total 74 encuentros con la militancia y sólo uno que fue cancelado. Aunque este acercamiento lo posicionó, el discurso del candidato sigue enfocado en legitimarse como candidato del Frente.

Para Morales Izaguirre, su obsesión por lograrlo podría mermar su posicionamiento con los votantes. “Tiene una obsesión consigo mismo. Dijo la palabra ‘yo’ y se refirió a sí mismo durante gran parte del discurso. Meade no cometió ese error, él habló de las familias y de las personas. Anaya se la pasó discutiendo sobre su preparación, su convicción y su capacidad”, abundó.

De este modo, Anaya tiene posibilidades de subir, pero también de desfondarse a un tercer lugar, tras las batallas mediáticas a las que se enfrenta.

MEADE TIENE RUTINA DE PESO MUERTO

Al menos tres hechos dinamitaron los números de José Antonio Meade durante su precampaña: el vínculo que lo ata al PRI, un presidente con los peores niveles de aprobación y, el que más destaca entre los analistas, él mismo.

De los tres candidatos respaldados por partidos políticos, Meade fue el único cuya línea de tendencia sobre aprobación del voto mostró una pendiente negativa entre enero y febrero, el último tramo del periodo de precampaña.

El ex secretario de Hacienda arrancó en un lejano tercer lugar con 14 puntos de desventaja frente a López Obrador. Paradójicamente, su pico en la relación con los votantes lo tuvo fuera del periodo de precampaña, entre el 27 y el 28 de noviembre, los días previos a su destape en Los Pinos.

Luego de ese momento, su grado de posicionamiento rondó entre los 20 y 25 puntos. No más. El candidato no repuntó, ni en las encuestas publicadas por medios de comunicación, ni en las tendencias de búsqueda de Google, en las que su nombre se mantuvo en un rango de 5 a 10 puntos, en una escala de 0 a 100.

En un análisis de tendencias mundiales, con resultados del 21 de noviembre de 2017 al 18 de febrero de 2018, el apellido “Meade” fue buscado por los internautas junto con “Ricardo Anaya”, “Andrés Manuel López Obrador”, “Memes de Meade”, “Pepe Meade” y “José Antonio Meade Esposa”.

Para la académica de la Universidad Iberoamericana Ivonne Acuña, el futuro del candidato del PRI depende, en primera instancia,  de que sea capaz de cerrar la brecha que lo relega del segundo lugar, todavía en manos de Ricardo Anaya.

“El que la tiene más difícil es Meade, porque viene arrastrando la marca PRI. Además, está en una esquizofrenia de presentarse como el candidato del PRI sin ser priista y desmarcarse de lo que tiene al PRI alejado de la ciudadanía, y al mismo tiempo presentarse como candidato ciudadano, pero sin dejar al PRI porque también depende de su voto duro”, explicó la académica del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Ibero.

Más allá de la inevitable carga priista que le acompañará, el reto más grande para Meade será él mismo. “Su gran problema es la falta de carisma, que sí tiene Obrador y que sí sabe cultivar Anaya”, agregó la doctora Acuña.

En su campaña en medios, Meade realizó 28 ataques en contra de AMLO y de Anaya y 50 en los que destacó sus cualidades como candidato. “Cuando se ataca en una campaña es porque se tiene la necesidad de restar popularidad al otro”, explicó el analista político Ramón Morales.

Al candidato le urge captar votos y tendrá una última oportunidad en la campaña, en la que sumará el reto de ganar el voto del grupo de jóvenes conocido como millennials y el de las mujeres. Ambos serán determinantes para el candidato tricolor.

Ilustración: El Big Data

 

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