[OPINIÓN] Ante la embestida de la naturaleza

7 marzo 2018 8:00 am

Han pasado poco más de cinco meses desde aquel martes 19 de septiembre de 2017, en el que un nuevo movimiento telúrico trajo consigo las imágenes imborrables de aquella mañana del mismo 19 de septiembre, pero de 1985. Y es que justo cuando los capitalinos nos preparábamos para conmemorar el 32 aniversario de uno de los eventos más devastadores en la historia de nuestro país, la tierra volvió a cimbrarse provocando pánico y desconcierto entre la población.

Aunque en esta ocasión tanto la pérdida de vidas humanas como la magnitud del terremoto fueron menores a las del 85, para quienes lo perdieron todo este evento fue tan devastador como el anterior. Tan sólo en la delegación Cuauhtémoc más de 20 edificios fueron diagnosticados en riesgo de derrumbe, por lo que las familias que habitaban en ellos simplemente no pudieron regresar. Éste es el caso de cientos de familias capitalinas que se quedaron sin un techo en cuestión de minutos; de acuerdo con las estimaciones de Sedatu (hasta diciembre pasado), las viviendas declaradas como inhabitables sumaban cerca de dos mil.

A pesar de los apoyos entregados por el Gobierno federal, e incluso de la ayuda internacional, la realidad es que esta problemática está lejos de haberse superado. Hace apenas unos días, otro movimiento, ahora de 7.2 grados, sacudió nuevamente la capital del país y otras entidades.

Esto saca a relucir nuevamente la deuda que las autoridades tienen con aquéllos que sufrieron y continúan sufriendo los estragos de este desastre. Los cuestionamientos sobre el destino de los recursos para la reconstrucción y apoyo a los damnificados se han incrementado recientemente, pues la opinión pública exige saber con precisión quiénes han sido los beneficiados y si el recurso será suficiente, al menos para garantizar un techo a quienes lo perdieron todo.     

Esta tarea, sin duda alguna, nos involucra a todos, no sólo a las autoridades, sino también a los partidos políticos, a las organizaciones civiles, a líderes sociales y, por supuesto, a los ciudadanos. Todos somos corresponsables en la reconstrucción de nuestra ciudad, por lo que debemos estar muy atentos al uso que se le dará a los recursos destinados para este fin. No tengo duda de que la opinión pública demandará a las autoridades responsables la transparencia y la eficiencia en el ejercicio de éstos, pues seguir estos principios implica no sólo la esperanza de una familia para ponerse de pie, sino también la posibilidad de afrontar con mayor fuerza y en mejores condiciones un nuevo embate de la naturaleza.

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