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Urgente adiós a los ‘micros’

Este medio de transporte es el más peligroso; se calcula que al mes, las rutas se involucran en al menos 10 percances.

El transporte público más utilizado en la Ciudad de México es el microbús, y también es el más inseguro, ya que al abordarlo, un usuario tiene 90% más posibilidades de sufrir un accidente.

Las razones son varias: la vida útil de las unidades supera los 20 años, por lo que sus fallas mecánicas son muchas, entre ellas la falta de capacitación de los operadores y el denominado “robo del pasaje”, que representa un riesgo hasta para los mismos transportistas y sus inversiones.

Conocer de manera oficial en cuántos percances están involucradas este tipo de unidades es complejo, pues las autoridades carecen de datos al respecto.

De acuerdo a estadísticas del Centro Nacional para la Prevención de Accidentes (Conapra), al menos, cuatro de cada 10 microbuses estarán relacionados en un incidente a lo largo del año.

Los que sí cuentan con cifras son quienes han operado este tipo de transporte durante décadas. Alejandro Luna, coordinador del grupo Movilidad de Vanguardia (MOVA), explicó que bajo el modelo hombre-camión, las rutas se involucran en promedio en 10 accidentes al mes, ya sea por imprudencias del operador, malas condiciones de la unidad o por irresponsabilidad de otros conductores.

 “Tomando en cuenta todo lo que se considera percance: el ‘laminero’, el que ocasiona daños al vehículo y los que incluyen muertes, los cuales son pocos. Desafortunadamente se pierde una vida y esto resalta”, dijo Luna en una entrevista con El Big Data MX.

Sin embargo, indicó que desde 2011, cuando migraron al modelo de empresa de transporte concesionado, los accidentes bajaron a sólo dos o uno al mes; ninguno de gravedad.

Acciones incompletas 

El sector ha buscado medios para renovar no sólo su parque vehicular obsoleto, sino su modelo de servicio y, en consecuencia, incrementar sus niveles de seguridad; sin embargo, aún existen rutas que, ya sea por desinterés o falta de recursos, no han iniciado ningún proceso de mejora.

Tal es el caso de las Rutas 93 y 100, que prestan servicio en diferentes vialidades de las delegaciones Xochimilco y Milpa Alta, y cuya falta de seguridad fue denunciada por grupos vecinales que llevaron sus quejas hasta la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México, en donde la diputada Juana María Juárez subió un punto de acuerdo el 3 de febrero pasado.

A partir de que los accidentes en los que microbuses y autobuses de transporte público se hicieron más visibles, la Secretaría de Movilidad (Semovi) determinó, en noviembre de 2015, endurecer las sanciones en contra de los primeros al aplicar suspensiones provisionales a las rutas en las que alguna unidad hubiera estado involucrada en percances con consecuencias fatales.

A poco más de un año, ni los usuarios ni los transportistas han percibido un cambio real en la forma en que operan las rutas.

“La Semovi cae en un exceso al sancionar a todo un ramal por un operador que comete una imprudencia o que escapa a sus alcances de reacción al momento. A final de cuentas, no toda la ruta tiene culpa. 

“La responsabilidad debería ser de la persona, como responsable solidario, el concesionario y que la autoridad proceda”, expuso Luna.

Consideró que programas de capacitación a los operadores podrían ser una medida más efectiva.

Los concesionarios han señalado en distintos foros, la imposibilidad de algunas rutas para transformar su modelo de operación de hombre-camión al de empresa de transporte debido a la falta de capital, vinculada a diversos factores como las bajas tarifas.

La suspensión durante 15 días, como generalmente la Semovi sanciona a las rutas cuyas unidades se involucran en hechos de tránsito, tiene, al menos, dos efectos negativos, tanto económicos como de servicio, acusó Gerardo Rodríguez, presidente del Consejo de Administración de la Ruta 46.

Rodríguez coincidió con el coordinador de MOVA en que este tipo de castigos no ha impulsado una mejora en la calidad del servicio; “al contrario, el servicio que terminan prestando con sus unidades (del Sistema M1) es deficiente porque los usuarios son los que padecen al no haber una continuidad en el flujo de transporte; con nuestros vehículos pasamos cada cinco minutos y ellos, cada 10. Hay una afectación al pasajero que en nada beneficia a la comunidad”, expuso el transportista.

Asimismo detalló que el impacto económico es significativo, ya que no operar un ramal durante 15 días es equivalente a que por cada vehículo que se tenga en servicio, la ruta deja de percibir alrededor de 20 mil pesos por unidad, es decir, “no entra nada de ingresos en ese tiempo y nosotros debemos de buscar alternativas para llevar el gasto familiar”.

De acuerdo a los datos proporcionados, un ramal que opere con un mínimo de 15 vehículos, durante el periodo de sanción, dejaría de percibir 300 mil pesos.

El líder de la Ruta 46 admitió que para solucionar la siniestralidad y mejorar la calidad del servicio es necesario la transformación del modelo hombre-camión al de empresa de transporte. No obstante, también apuntó que por el momento no cuentan con las condiciones financieras para implementarlo.

“Sería iniciar de cero, en números rojos y nos iríamos de volada a la quiebra, porque la tarifa actual no nos da para el cambio”, reconoció.

Alejandro Luna, coordinador de MOVA, coincide con que la descapitalización del sector ha limitado su renovación. “No hay un alto financiamiento. Las condiciones de los procesos se alargan; un proyecto que pudiera consolidarse entre ocho o nueve meses, se prolonga hasta tres o cuatro años.

“La autoridad tendría que participar con los bonos de chatarrización que ya existían; no se trata de un capricho, sino de una necesidad. Se debe de quitar una tarifa que políticamente no le pegue al Gobierno. Le sale más caro a la ciudad y a los habitantes disponer del transporte que hoy tenemos”, apuntó.

Imposible mantener el modelo

En la Ciudad de México hay una red de 108 rutas de microbuses y mil 234 ramales, con los que se realizan alrededor de 12 millones de viajes al día con una flota de poco más de 14 mil microbuses, de acuerdo a censos de la Secretaría de Movilidad (Semovi), publicados en el Programa Integral de Movilidad 2013-2018.

Bajo un modelo similar en la zona metropolitana del Estado de México, operan otros siete mil 35 autobuses y mil 15 vagonetas que tampoco ofrecen las condiciones necesarias de seguridad a los pasajeros.

El tipo de sanción a los concesionarios existe desde que se creó el sistema hombre-camión; sin embargo, el crecimiento que tuvo el sector lo ha hecho inviable

La autoridad, en este caso la Semovi, no puede asumir toda la responsabilidad para demostrar que los concesionarios están actuando fuera de la ley. “El modelo ideal es aquél en el que el concesionario prueba que está haciendo todo bien y en él recae el compromiso de exponerlo”, dijo Xavier Treviño, director de Céntrico, en una entrevista.

Consideró que la transformación de rutas a empresas de transporte es un primer paso en el proceso de mejora no sólo del modelo de servicio, sino de operación y administración, cuya figura ideal sería similar a la que aplica actualmente el sistema Metrobús.

“Convertir a los concesionarios en compañías es un primer paso y una buena idea para rutas troncales; no resulta tan buena idea en áreas periféricas, porque se valora mucho la cobertura sin que aumenten los costos de operación”, explicó Treviño.

“La segunda parte es que estas empresas no recauden directamente; hoy lo hacen, y entonces el tema de la tarifa les preocupa. Lo que tenemos que hacer es que no cobren y que el pago se efectúe a través de la tarjeta de la ciudad”, agregó.

El especialista en temas de movilidad advirtió que un modelo que pudiera implementarse para garantizar la seguridad y calidad del servicio sería que las rutas y empresas sean sometidas a auditorías externas e independientes del Gobierno, en las que demuestren que cumplen con los requisitos documentales, de operación y seguridad.

“Los transportistas deberían generar informes de operación y comprobar, a través de una auditoría, que lo están haciendo bien, que las unidades se encuentran en condiciones óptimas y que los choferes están capacitados”, concluyó Treviño.

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