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Trans: “princesas” dentro del reclusorio varonil (primera parte)

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Su rol femenino les permite gozar de ciertos beneficios e incluso protección por parte de los internos, aunque no todo es miel sobre hojuelas.

Por Eduardo Suárez y Jessica Castillejos

Las cárceles varoniles en la Ciudad de México son dominadas por la ley del más fuerte; sin embargo, las mujeres trans recluidas en ellas han sabido darle un equilibrio a la vida diaria dentro de estos lugares.

Su rol femenino les permite gozar de ciertos beneficios e incluso protección por parte de los internos, aunque no todo es miel sobre hojuelas.

Aseguran que “el respeto se gana”, pero muchas veces han tenido que seguir las reglas no escritas de realizar favores sexuales o “domésticos” para evitar agresiones y poder tener una estancia tranquila.

Sin embargo, los custodios o la misma población trans llegan a ser sus principales “verdugos”.

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Con su mirada ojiverde, su piel morena, cabello largo y cuerpo delgado, Jesús Alberto Ascencio es una mujer atrapada en un cuerpo de hombre:

“Me llamo Bárbara, tengo 26 años y soy oriunda de Guadalajara”, indica mientras coquetamente revela que está por salir tras cumplir una sentencia de cinco años por robo.

Sentada de piernas cruzadas y rodeada de rosas multicolores en el jardín de la Penitenciaría de Santa Martha Acatitla, Bárbara acepta que es seropositiva y cuando fue transferida del Reclusorio Sur tenía miedo por lo que le habían contado de este lugar.

Ella es una de los 464 internos pertenecientes a la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Travesti, Transgénero e Intersexual (LGBTTTI) que cumplen procesos y sentencias en 9 de los 12 Reclusorios de la CDMX. De este número los trans son aproximadamente 100 personas, según datos oficiales.

“Me habían contado que eran muy malos los hombres de aquí, que había mucha discriminación y me mentalizaba:  me agarrarán en bola y me violarán; pero al llegar no fue así, me di cuenta que hay más discriminación por parte de los trabajadores, porque los reclusos nos respetan. Es como tú te la quieras llevar: si respetas hay respeto”.

Y agrega: 

“Como en todo lugar hay un faltoso; hay quien te nalguea y manosea, pero ni te avientan una propina –ríe sonrojada–. Por una parte te sientes halagada porque mínimo te voltean a ver para palparte una nalga o una chichi; si estuviera pal’ catre nadie me pelaría, ni un quiúbole o un qué onda…déjate tantito –ríe de nuevo–, porque la vives como la quiere vivir”.

Acerca de la discriminación de la que muchos de ellos son víctimas en la cotidianidad, Bárbara insiste que varios trabajadores de la penitenciaria, especialmente los del servicio médico, “como que les repugnas o das asco al saber que tienes VIH y nuestra preferencia sexual.

“Y los que te gritan cuando caminas en el ‘Kilómetro’ –camino entre las estancias–: ‘tiragusanos’, ‘rejunta chetos’…simplemente los ignoras”.

En ese sentido, Azael Dosamantes Pineda, conocida como la Güera, coincide con Bárbara, pues acepta que ella siempre les he caído muy bien a sus compañeros, no sabe si por su carisma o la suerte.

“Creemos que esos que nos gritan son personas que tienen un trastorno de sexualidad; es su ignorancia o falta de valor para aceptarse tal y como son”, declara mientras se da los últimos retoques en su piel blanca que evidencia la mezcla tapatía y estadounidense, pues nació en Los Ángeles, California.

La Güera narra que también cayó presa por un robo.

“En la prostitución cuando a los clientes no los atiendes sexualmente bien te acusan de algún delito: un tipo me acusó de robo, que lo amagué y lo secuestré casi casi, y la verdad lo único que hice fue corretearlo porque no me quería pagar”, comenta mientras se mira al espejo de reojo.

Ella está sentenciada a cinco años de cárcel y asegura que su preferencia sexual influyó.

“Muchas veces los jueces no se van por lo humano, sino por la apariencia. Por ser homosexual no soy ni más ni menos delincuente, no ofendo a nadie por tener un gusto sexual diferente”.

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Samantha Fonseca, defensora de los derechos humanos y la diversidad sexual, señala que muchas de las personas trans están acusadas por el delito de robo, principalmente, por parte de alguna pareja o cliente, en caso de que se dediquen a la prostitución, aunque hay excepciones, aclara.

Hace casi 10 años, esta mujer transexual vivió en carne propia la reclusión dentro de un penal varonil. En 2007 fue trasladada al Reclusorio Norte, precisamente acusada de robo agravado, delito del que finalmente fue absuelta.

Desde entonces, asegura, las cosas han cambiado. Mientras que ella tuvo que dejar de lado su identidad de género al interior del penal, ahora las mujeres trans puede usar prendas femeninas, maquillarse e incluso recibir tratamiento hormonal o para el VIH, en dado caso. Asimismo pueden casarse con otro interno o recibir visitas conyugales.

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Foto: Paola Martínez

“Yo entré ya como una mujer y, sí, tuve que hacer favores sexuales a cambio de protección. Me cortaron el cabello, no podía usar ropa interior de mujer y tenía que pagar para poder cubrirme mientras me bañaba. Los custodios me decían que por haber ingresado perdía todos mis derechos. Algunos de los propios internos me ayudaban a llevarme ropa un poco más femenina”

Samantha ha trabajado de cerca con el Sistema Penitenciario y reconoce la discriminación dentro de la misma población trans, sobre todo, por un tema de envidias.

Pese a ello, señala que los avances en materia de derechos humanos han contribuido a que las agresiones contra la comunidad de la diversidad sexual vayan a la baja.

Asimismo, reconoce que las mujeres trans juegan el rol femenino dentro de las cárceles, pues la mayoría de los internos les dan ese trato, les piden que les ayuden con cuestiones que consideran más femeninas, algunos las ven como sus parejas y otros les guardan cierto respeto.

Estos tratos por parte de los internos las convierte en las “princesas” dentro de los penales.

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“Toda la vida supe que era gay, cuando a los 12 años me di cuenta que lo mío eran los hombres me salí de mi casa por miedo a que no me aceptaran. Me trasvestí a los 13 años y a los 16 comencé a ser transgénero y empecé a prostituirme para solventar mis gastos”, cuenta la Güera.

Ella está comprometida con su novio dentro del penal y declara que existen muchos homosexuales, pero debido a la discriminación no les da valor para aceptarse.

“No es nada nuevo, siempre ha estado (la homosexualidad), es tanta la ignorancia que aún lo ven raro, como algo del diablo y sólo es una preferencia sexual diferente, porque no hago daño a ti ni a nadie por mis gustos diferentes”.

Ángel Jetzabel Rojas, llamada por todos como Angie, tiene 30 años y es estilista profesional desde los 15 años. Cuenta que dedicarse a la estética humana le ha abierto muchas puertas en el exterior y dentro del penal donde lleva tres años.

Con su atlética figura, sus lentes de aumento, sus labios gruesos y piel tatuada con 32 figuras no pasa desapercibida por los internos.

“Aquí corto cabello, atiendo a muchas reos, licenciadas y equipo del penal. Tengo mucha experiencia, soy colorimetrista. Conozco a mucha gente y tengo respeto; entro a todos los módulos, conozco a extorsionadores, traficantes, asesinos, de todo…tengo una buena relación con todos, ni agresión de ningún tipo, ni con seguridad ni con internos, no he tenido problemas”.

Angie comparte con tristeza que recién le fue dictada su sentencia de 21 años por el delito de homicidio, el cual se dio tras una riña callejera con un transexual. 

“No me había caído el veinte desde mi detención, ahora que me dieron la noticia si me impacta el saber que estaré aquí otros diez años. Yo me peleé con un trans y al final llegó otro amigo y lo mató. Siempre fui consciente del grado de culpa que yo tenía, ahora que me confirmaron la sentencia fue más fuerte mi impresión”, dijo.

Además, su novio Jeremy, de 23 años y con quien piensa contraer matrimonio en diciembre próximo., fue liberado y no lo había visto desde hace quince días.

El trabajo institucional

Pese a que estas mujeres están recluidas en un penal varonil, ellas indicaron estar cómodas con su situación actual, pues se les trata bien y no tiene quejas sobre su reclusión.

De hecho, el Subsecretario de Sistema Penitenciario de la Ciudad de México, Hazael Ruíz Ortega, explicó durante las celebraciones del Día Internacional del Orgullo Gay, que al interior de los centros de reclusión de la capital se reconoce las condiciones de cada persona, por lo que se promueve el reconocimiento de todos los grupos considerados vulnerables.

“Además de las autoridades hay muchos organismos preocupados y ocupados en apoyar a la Comunidad LGBTTTI que dentro de las prisiones también tiene necesidades; por ello, agradecemos a grupos como Almas Cautivas, Cuenta Conmigo Diversidad Sexual y al Centro Comunitario de Atención a la Diversidad Sexual, por todo el trabajo que realizan con este sector”, declaró Ruíz Ortega.

Por su parte, la presidenta del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred), Jaqueline L’Hoist explica que hace poco capacitaron a todos los custodios porque hay que estar cerca de ellos, sensibilizarles porque tiene una obligación con los internos.

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Foto: José Luis Villa Reyes

El Dato

Trans engloba a las personas transexuales y transgénero.

Transexual: Es quien tiene una discordancia entre su identidad de género y el sexo biológico que se le asignó al nacer, generalmente se someten a hormonización o cirugías de cambio de sexo.

Transgénero: Es quien tiene una identidad de género diferente al sexo que se le asignó al nacer, sin que necesariamente esté a disgusto con sus genitales.

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