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SEGUNDA PARTE. ¿Trump vs México? La relación política y económica

EPN TRUMP

La relación entre ambos países ha sido tensa desde hace más de una década y los cambios comerciales puede afectar seriamente la economía mexicana.

Por Iván Iglesias

 

Luego de la sorpresiva victoria de Donald Trump en las elecciones por la presidencia de Estados Unidos, toda la atención está puesta en conocer su plan de Gobierno y si cumplirá todo aquello prometido en campaña.

Mientras que el mundo se encuentra en revuelta ante la incredulidad de su triunfo, aquí en México vemos renovar un temor que data ya de muchas décadas: el impedimento, ahora ya habitual, de avanzar como nación sólida y contundentemente; nos quedamos una vez más en el “ya merito”, en el “¿qué hubiera pasado?” y en el “si esto fuera diferente, estaríamos mejor”, mientras que, al formular estas preguntas, caemos en la cuenta de una cruda verdad aunque las autoridades y medios digan lo contrario: por más esfuerzos públicos, privados y sociales, Estados Unidos nos ve como un país de segunda.

A unos meses de que Trump tome posesión de la Casa Blanca, ¿cuál es la perspectiva? En un texto previo se abordó el tema migratorio y la construcción del famoso muro, ahora abordemos la relación política y comercial entre México y Estados Unidos.

Leer másPRIMERA PARTE. ¿Trump vs México? El muro y su tema migratorio

Una relación espinosa

Ésta no es una historia nueva. El odio y racismo hacia México no es cosa inventada por Trump. Desde el siglo XIX, el encono se encuentra en el ADN estadounidense. En una frontera antaño desdibujada, ambos países han convivido tensamente entre guerras, acuerdos y hasta invasiones de uno y otro lado. La frontera común no sólo separa políticamente dos países, también representa la división de dos mundos: el desarrollado y el subdesarrollado.

Históricamente, la relación México-Estados Unidos ha oscilado entre el conflicto y la cooperación. Algunas veces, el principal rasgo de la relación ha sido de pleno conflicto. En otros momentos, la cooperación ha determinado, en apariencia, la principal trayectoria.

De acuerdo con Rafael Velázquez Flores, doctor en Estudios Internacionales por la Universidad de Miami, en su análisis La política exterior de Estados Unidos hacia México bajo la administración de Barack Obama: cambios y continuidades, entre otras causas, el conflicto surge por:

1) el nacionalismo mexicano producto de las invasiones y pérdida de territorio frente a Estados Unidos, que se ha traducido en un sentimiento antiestadounidense;

2) la creciente asimetría;

3) la constante presencia de fuentes de conflicto bilateral, como los asuntos de migración y narcotráfico;

4) la existencia de distintos intereses nacionales y el establecimiento de objetivos de política exterior divergentes, y

5) las diferentes percepciones que ambos gobiernos tienen sobre diversos asuntos, muchas de las cuales resultan totalmente contradictorias.

Por ejemplo, durante la administración de George W. Bush, el asunto migratorio fue un tema altamente espinoso para la relación bilateral. Por un lado, México insistió, a lo largo del sexenio Fox, en firmar un acuerdo que permitiera la regularización de millones de mexicanos ilegales en Estados Unidos. Por el otro, el Gobierno estadounidense aplicó medidas muy restrictivas para la migración ilegal, especialmente después del 9/11 (se intentó militarizar la frontera y se inició la construcción del muro fronterizo para evitar el paso de ilegales), lo que nos lleva a tocar el tema social más delicado: la deportación de ilegales hacia México.

Desventajoso tratado comercial que huele a viejo

Para Trump, su política proteccionista hacia el pueblo estadounidense tiene prioridad. Para fortalecer su economía quiere aislar a Estados Unidos de la mercancía extranjera; el libre comercio es negativo.

De acuerdo con un documento dado a conocer por CNN, en los primeros 200 días del Gobierno Trump se evaluará si abandona el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte).

El documento señala que la administración buscará “dar vuelta atrás a décadas de política comercial conciliatoria. Nuevos acuerdos serán negociados en pos de los intereses de Estados Unidos y sus trabajadores”.

El plan del magnate propone cinco puntos que desarrollará durante los primeros 200 días de su administración:

1.La primera es la renegociación o abandono del TLCAN;

2. Detener el Tratado Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus siglas en inglés).

3. Detener las importaciones injustas

4.Detener  el comercio inequitativo

5.Devolver los trabajos manufactureros y disminuir las regulaciones impositivas a negocios.

¿Quién gana en todas estas medidas a corto plazo? Con seguridad, no es México. Para el universo Trump, Estados Unidos es quien saldrá fortalecido, pésele a quien le pese.

Durante 22 años que tiene vigente el TLCAN nuestro desarrollo económico se ha visto regulado y protegido por las medidas comerciales de este tratado, y México se ha visto dependiendo cada vez más de las exportaciones e importaciones hacia Estados Unidos; para bien o para mal, esto ha logrado cierta estabilidad económica en nuestro país.

De acuerdo con cifras obtenidas en el documento El Tratado de Libre Comercio de América del Norte en sus veinte años. Balance y Perspectivas. 2014, y juzgando por el volumen de los flujos de comercio e inversión entre los tres países, el TLCAN tuvo resultados impresionantes en sus primeros años de vigencia.

En el caso de México y Estados Unidos, el comercio bilateral se disparó a una tasa de crecimiento anual de 17%, triplicándose entre 1993 y el año 2000. El comercio entre ambos países como porcentaje del PIB mexicano creció de 34% a 64% y los productos mexicanos incrementaron su participación en el mercado de importaciones de Estados Unidos de menos de 7% en 1993 a 11.2% en el año 2000, desplazando México a Japón como el segundo mercado más importante para las exportaciones estadunidenses.

Lo importante de estos flujos comerciales y de inversión es que generaron una integración profunda del sector manufacturero en industrias estratégicas como la de productos electrónicos, automovilísticos (incluyendo autopartes) textiles y vestido y la de alimentos, bebidas y tabaco, creciendo las exportaciones mexicanas de estas industrias al país vecino entre 1993 y 2000 en un promedio anual de 19%, 14.8%, 19.1% y 16.7%.

Dentro de México, el TLCAN estimuló la elaboración de productos en estos sectores más sofisticados –más allá del mero ensamblaje– con trabajos de investigación y desarrollo hoy realizados en nuestro país.

Sin embargo, es importante reconocer que pese a estos logros comerciales y de inversión propiciados por el TLCAN, no todos los sectores pudieron beneficiarse. Han existido reformas incompletas en el sector agropecuario, que lo hicieron poco atractivo, en especial, para los subsectores de subsistencia y ejidal, los cuales además sufrieron una reducción dramática del gasto gubernamental, y una contracción acelerada del crédito otorgado por las bancas de desarrollo y comercial como consecuencia de la crisis de 1994-1995.

En términos generales, el panorama empezó a cambiar para el mundo entero a partir de 2001 con los ataques del 9/11, en especial para México, al añadir una nueva dimensión al TLCAN. Es precisamente ésta una fecha clave en el panorama Trump, pues, a su entender en los últimos 15 años el trato comercial con México es desigual y en desventaja para su país.

Si las fronteras económicas habían sido desmanteladas en gran medida bajo la bandera del libre comercio, de pronto las fronteras recuperaron un nuevo sentido como bastión contra el peligro de potenciales ataques terroristas. Desde entonces el Gobierno estadounidense ha impuesto nuevas regulaciones en la frontera cuyos costos en términos de la congestión y retrasos que producen, le costó a las economías de México y Estados Unidos (en 2010) aproximadamente el equivalente a 7.2 miles de millones de dólares en PIB y 62 mil empleos.

Con el fin de prevenir futuros trastornos del comercio transfronterizo, los tres países (incluido Canadá) han negociado diversos acuerdos sobre “fronteras inteligentes”, cuya finalidad es asegurar la infraestructura y el tránsito de personas y bienes legítimos en las fronteras norteamericanas. Sin embargo, también es importante señalar que todas estas nuevas fórmulas se han dado fuera del marco institucional del TLCAN.

Es así que parecería que el TLCAN, sin haber desaparecido, quedó congelado en el tiempo y ya no es relevante para enfrentar los nuevos desafíos que tenemos en puerta (de ahí la importancia para Trump el renegociar o cancelarlo).

Pero, ¿cuál es el futuro desde el punto de vista económico y social, ahora bajo el aura de la América Trump? Para Estados Unidos, no queda más que volver a regular, en el mejor de los casos actualizar o, en el peor de los escenarios para nosotros, cancelarlo junto con el TPP.

Leer más:  Trump anuncia intención de retirar a EU del TPP

¿Qué tiene que perder Estados Unidos? Nada. La economía estadounidense no depende en gran medida de su comercio con México, ya que éste representa sólo 2.04% del PIB estadounidense, pero el caso contrario es grave, ya que el intercambio con Estados Unidos afecta 40.2% del PIB mexicano. Si el desarrollo de algún país está atado a la dinámica de la economía de otro o a los avatares políticos de otro, ese es México.

Predicciones dolorosas

No en vano la noche del martes 8 de noviembre el dólar llegó a cotizarse en 20.74 pesos mexicanos, con una pérdida del 13.21% frente al precio de 18.32 registrado por Reuters antes de que Trump ganara la Presidencia. Consultoras, como Capital Economics, han pronosticado que el cambio podría llegar hasta los 25 pesos mexicanos por dólar (de acuerdo con datos de longforecast.com).

El peso mexicano ha experimentado muchos altibajos relacionados con la campaña de Trump. De hecho, el peso perdió 10% de su valor frente al dólar durante el último año, por lo que las fluctuaciones del cambio han sido drásticas.

Por su parte, otras monedas también han visto sufrir los embates del huracán Trump. Según la agencia Reuters, en Brasil el real cayó 2.5%. El peso argentino se depreció 1.84%, mientras que el peso chileno cayó 1.02%, y en Colombia, también, el peso se depreció 2.81%.

En otros países, la cosa también pintó de color rojo. El índice Nikkei de Japón perdió 2.4% tras confirmarse que Trump ocupará la Casa Blanca; el Hang Seng de Hong Kong cayó 1.7%, el Kospi surcoreano bajó 1.4%, y el S&P ASX/200 de Australia cayó 1.2%. De acuerdo con la BBC, los mercados europeos se hicieron eco de la tendencia con una fuga de dinero hacia acciones seguras, oro y otras dividas, como el yen japonés. Así, la bolsa de Madrid, el Ibex 35, cayó 3.8%; en Milán, la bolsa se desplomó 3.2%; y el Fráncfort Dax cayó 1.76%.

¿Qué nos queda por hacer? La respuesta a esta pregunta es generalizada: ante la volatilidad de las opiniones y planes de Trump, todo el mundo, sociedades, gobernantes, analistas y legisladores están a la expectativa de lo que pueda decir el Presidente electo.

Para él, el cambio ya está hecho y se encuentra en plena campaña de negociaciones empresariales y acercamientos políticos. El estilo Trump, aunque aberrante y políticamente incorrecto, representa mucho del sentir de un gran porcentaje de los estadounidenses y su nuevo Presidente será el paladín de los “verdaderos derechos americanos”.

Hay quien dice que este año 2016 está marcado por el destino. Ante este panorama general, es indudable que el mundo cambiará de manera mucho más acelerada con el Gobierno de Donald Trump.

 

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