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Mujeres en reclusión, presas del abandono

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Cuestiones culturales hacen a las internas víctimas del olvido familiar y otros actos de discriminación por parte de las autoridades.

Las mujeres que se encuentran en los centros femeniles de readaptación social de la Ciudad de México, además de ser sancionadas por la ley, sufren otro castigo: el abandono familiar.

Su condición de género y los factores culturales de México —entre ellos el machismo— las estigmatiza y termina por convertirlas en “doblemente culpables”.

Situación corroborada por la Comisión de Derechos Humanos del DF (CDHDF), la cual estima que 80% de las mujeres en reclusión sufre de abandono.

Su titular, Perla Gómez Gallardo, dice que el organismo a su cargo desarrolla distintas actividades recreativas, en coordinación con la Subsecretaría del Sistema Penitenciario, para contrarrestar el sentimiento de abandono.

“Hay que sensibilizar a la sociedad sobre lo que implica estar en reclusión con la condición de ser mujer, porque en un reclusorio varonil las visitas de la familia no se suspenden; en cambio ellas pierden ese contacto”, señala.

En las cárceles, apunta, muchas mujeres se encuentran condenadas por haber sido parejas de secuestradores o de adultas mayores que permanecen en prisión porque su hijo era el raptor y ellas se encargaban de alimentar a las víctimas.

Por ello, autoridades, legisladores y especialistas coinciden en que existen mecanismos de control social que reflejan este tipo de conductas.

“Es un tema cultural; a los varones los visitan con frecuencia y las mujeres sentenciadas reciben visitas esporádicas; se aprecia menos apoyo hacia ellas”, puntualiza Hazael Ruiz, subsecretario del Sistema Penitenciario del DF.

Reconoce que las condiciones de encierro y abandono familiar impactan negativamente y traen como consecuencia problemas de autoestima y algunos trastornos mentales, los cuales son detectados y atendidos.

Por si fuera poco, la CDHDF ha documentado “violencia institucional” y emitido recomendaciones a las autoridades penitenciarias, explica la segunda visitadora general de ese organismo autónomo, Montserrat Matilde Rizo Rodríguez.

“Nosotros investigamos quejas en relación con personas privadas de su libertad, entre ellas las de las mujeres, donde las recurrentes se deben al limitado o nulo contacto de las madres con sus hijos, a quienes sólo pueden tener consigo hasta determinada edad”, agrega.

El perfil de las mujeres reclusas

Hasta finales del año pasado, en el Sistema Penitenciario del Distrito Federal había dos mil cinco mujeres reclusas; de éstas, mil 749 purgan condenas por delitos del fuero común en el penal de Santa Martha Acatitla y 256 del fuero federal en el penal de Tepepan.

En años recientes, el índice de mujeres en presidio se ha incrementado debido a que son involucradas —en la mayoría de los casos por su pareja— en ilícitos como robo, secuestro, extorsión y tráfico de drogas.

De igual manera, una gran cantidad de mujeres —sin conocimiento— son utilizadas para el tráfico de estupefacientes; se hacen acreedoras a sentencias por delitos contra la salud.

Los reclusorios femeniles de la Ciudad de México terminan por ser el reflejo de un sistema social que margina, pues las reclusas que están en condición de pobreza y bajo nivel educativo son las más afectadas.

Esto debido a que no cuentan con recursos económicos para contratar a un abogado, y la ignorancia sobre su situación jurídica contribuye a que no sean sujetas a un juicio justo y expedito.

El perfil de las mujeres en reclusión es de instrucción escolar baja (primaria o secundaria), nivel socioeconómico marginal y proceden de familias disfuncionales. La mayoría no desempeñaba un trabajo formal antes de su detención.

La Tercera Encuesta a Población en Reclusión en el Distrito Federal y Estado de México, elaborada por el Centro Interdisciplinario para el Desarrollo Económico (CIDE), arroja que el robo ocupa el primer lugar entre los delitos, con un incremento en el robo con violencia.

El 50% hurtó bienes con un valor menor a cinco mil pesos; pero la mitad de ellas, es decir, 25% fueron condenadas por sustraer valores menores a 500 pesos.

Según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI 2007), los tres ilícitos de mayor incidencia atribuidos a las mujeres son: tráfico de drogas, robo y lesiones.

De viva voz

Con el apoyo de la Subsecretaría de Servicios Penitenciarios del Distrito Federal se logró dialogar con algunas mujeres en reclusión para conocer de cerca este problema.

Los nombres fueron modificados para salvaguardar la identidad de las entrevistadas. A la primera de ellas le llamaremos Sofía, y se encuentra bajo proceso penal porque se le involucró con una banda de trata de personas.

Es originaria de Oaxaca, y la distancia constituye el principal impedimento para mantener contacto con su familia.

—¿A qué se debe que no seas visitada por tus familiares o amigos?

No soy de aquí, y es muy difícil que mi familia venga a verme; son muchos gastos. Tengo una tía en el DF y es quien en algunas ocasiones puede venir. Le hablo una vez cada mes o cada dos.

Laura, en proceso por robo de auto, dice que al principio no quería que su familia supiera que estaba presa, pero cuando se enteró, la reacción no fue la mejor, pues siguió los pasos de una historia familiar delictiva.

“Uno de mis tíos vino a verme y me dijo que llorara, que en cuanto acabara de llorar tenía que oírlo. Al terminar me dijo que era igual que mi papá y que mi abuelo; que cómo era posible que como mujer cayera aquí. Puras cosas feas”.

—¿Te sientes abandonada?

Demasiado. Por mis familiares. Son tres hermanos afuera; ésa es mi familia. Mis papás están muertos. Mis hermanos es lo único que tengo, pero no vienen a verme.

El caso de Susana es igual que el de Laura. Tiene un hijo en presidio y purga una sentencia de 27 años seis meses, de los cuales lleva cuatro.

Susana se muestra como una mujer fuerte, dura de carácter, pero su principal apoyo son los hijos fuera y dentro del penal.

—¿Cuándo recibes visita? ¿Cuándo fue la última vez que te visitaron?

¡Nunca! La última vez fue cuando me entregaron a mis niños en la cárcel, hace como cuatro años.

—¿Eres más fuerte o de corazón más fuerte?

De corazón más duro, de piedra. Ya no me interesa nada; me he vuelto muy insensible. Ahora nada más son mis hijos y ya; la gente no me importa.

Las condiciones de encierro

Las Comisiones Nacional y del Distrito Federal de Derechos Humanos han documentado fallas estructurales en el sistema penitenciario, y que no sólo competen a la Subsecretaría del Sistema Penitenciario, sino a otras instituciones.

El Informe Especial de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos establece que: “como resultado del trabajo de investigación realizado se observó la existencia de hechos que contravienen normas nacionales e internacionales sobre los derechos humanos de las mujeres privadas de la libertad, relativos a la reinserción social, a la igualdad, al trato digno, a la protección de la salud, a la legalidad y seguridad jurídica”.

El 4 de febrero de 2014, luego de más de dos décadas de abandono, el Gobierno del Distrito Federal publicó en la Gaceta Oficial la Ley para Centros de Reclusión del Distrito Federal, pero los pendientes aún son muchos.

 

 

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