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Luchan gays en tribunales por paternidad

Paternidad gay

Los padres homosexuales que pelean por la custodia legal de sus hijos no sólo enfrentan los estigmas sociales, sino prejuicios que escalan el ámbito jurídico.

Para un padre no heterosexual obtener la custodia de su hijo puede ser doblemente complicado, pues no sólo se enfrenta al estigma social, sino que los prejuicios escalan al tema jurídico.

Y es que las leyes, al estar sujetas a interpretación, llegan a convertirse en un arma contra los padres homosexuales y las madres lesbianas, a quienes se les acusa de no ser “aptos” para criar a un menor.

Por ello, desde el año pasado se emitieron protocolos para que los encargados de la justicia en México eviten caer en prejuicios homofóbicos al momento de atender casos que involucren a miembros de la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans).

Cuando un padre –con orientación sexual distinta a la heterosexual – inicia el proceso para obtener la custodia legal de sus hijos, la mayoría de los litigantes juegan a hacer una ponderación entre los derechos del padre homosexual y los de los menores.

“Es decir, ¿qué pesa más? ¿El derecho del padre homosexual al libre desarrollo de la personalidad, a su orientación sexual o la salud, integridad física y emocional de los hijos, y que se desenvuelvan sexualmente sanos?”, dice Alhelí Ordoñez Rodríguez, abogada especializada en derechos reproductivos y diversidad sexual.

Ante este cuestionamiento el juzgador se ve en aprietos porque en la sociedad “no hay nada más importante y sagrado que los niños”, entonces en muchos casos sí hay parcialidad por parte del juzgador, advierte la abogada.

Indica que, por ejemplo, en el Código Civil del Distrito Federal existen presunciones legales que sugieren que los menores están mejor siempre al cuidado de la madre.

Estas disposiciones, que datan de 1932, explican que en 95% de los divorcios que hay en el país, las madres se quedan con la guarda y custodia de los hijos, lo cual confirma el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Sin embargo, ambos son estereotipos y no deberían ser un factor de peso, señala la especialista.

Pedro León Gutiérrez, quien estuvo al frente de la Coordinación de Derechos Humanos y Asesoría de la Presidencia de la Suprema Corte de Justicia (SCJN) cuando los protocolos LGBT fueron aprobados, indica que con ello se trató de proporcionar una guía a los jueces para que sus decisiones no se vean influenciadas.

“Los protocolos le sugieren a los jueces cómo deberían comportarse cuando conocen casos en los que está involucrada la vida familiar de una persona LGBT que tenga hijos o hijas y que se quiera interferir en su relación final”, explica.

Durante su trabajo en la SCJN, León Gutiérrez se dio cuenta de que el principal reto fue la cuestión cultural y la concientización de jueces y juezas.

“El objetivo fue que los criterios de la SCJN que reconocen la identidad de género y el matrimonio igualitario ‘permeen’ dentro de los poderes judiciales locales y el federal; el problema muchas veces es que se partía de un punto de vista cultural de rechazo y estereotipos sobre las personas LGBT”, abunda.

El caso de los varones homosexuales que buscan el contacto con sus hijos o luchar por su custodia tras la ruptura familiar se agrava cuando el matrimonio era heterosexual.

La madre lo acusa de violencia e incluso de tener “deseos sexuales” hacia sus hijos, un recurso que pone a pensar a los jueces, pues el estigma de los homosexuales pedófilos está ampliamente difundido entre la sociedad mexicana.

LEER MÁS: Hijos manipulados, el efecto colateral cuando un padre asume su homosexualidad

La abogada Alhelí Ordoñez explica que el litigante en muchos casos hace parecer al padre homosexual como incapaz e, incluso, peligroso para dejarlo al cuidado de sus hijos.

“Los abogados se ponen creativos alegando cosas que no pueden comprobar al conferirle una tendencia homofóbica al caso, pues sacan a la luz su preferencia sexual, y aunque el juez no tendría por qué tomar en cuenta estas afirmaciones, la triste realidad es que sí las considera”, asegura Ordoñez.

 

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