20 de Septiembre de 2017
Investigaciones

Los Diablos Rojos buscan salir de su infierno

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A pesar del éxito en la cancha, el equipo enfrenta la resaca de problemas fiscales, multas e incluso actos de corrupción que lo tuvieron al borde de la quiebra.

Los Diablos Rojos es el equipo con más campeonatos en la historia de la Liga Mexicana de Béisbol (16), calificó 33 temporadas consecutivas a los playoffs, se distingue por ser un semillero de peloteros y su dueño realmente ama este deporte.

Y a pesar de que es uno de los más sólidos económicamente, posee una “administración de tercera división”… así describe la otra cara del equipo, Othón Díaz Valenzuela, actual presidente adjunto.

Hasta hace unos meses, el histórico conjunto no estaba al corriente en sus declaraciones fiscales, tenía multas sin pagar y sus jugadores no se encontraban dados de alta en la Secretaría de Hacienda. Incluso, había actos de corrupción.

“Diablos se abocó mucho a la parte deportiva, a conformar un equipo fuerte, ganador, con lo mejor, pero fuera de ese terreno prácticamente no existía, y eso dio paso a que el conjunto de primera tuviera una administración deplorable”, explicó el directivo. “Hoy, lo más importante es ponernos a la par del equipo, y para eso necesitamos de muchas cosas”, agregó.

A pesar de que el club capitalino es uno de los que más aficionados reúne cuando juega de visitante, vivía un viacrucis en casa –una urbe de más de 20 millones de habitantes–, donde apenas lograba reunir dos mil 500 seguidores.

La oficina de un equipo de la Liga Mexicana tiene varias responsabilidades. Además de llevar la administración deportiva, como los sueldos de jugadores o encargarse de todos los gastos específicos para poder jugar, también está a su cargo el correcto funcionamiento del estadio, la atención a los aficionados, la presencia en los medios de comunicación y el desarrollo de marketing y publicidad, entre otras cosas. En una parte pegaban de jonrón y en la otra los poncharon.

Othón Díaz llegó al club en febrero de 2016, dos meses después de que el presidente anterior, Jorge Alum, dejara súbitamente su puesto –por una serie de presuntos malos manejos administrativos–, y se encontró con el verdadero infierno de los Diablos.

Detrás de los brillantes éxitos del club dentro del diamante había un caos: desorden administrativo, malos manejos del presupuesto, sueldos onerosos y nula presencia del equipo en la calle y medios de comunicación.

“No había criterios para llevar a este equipo a la victoria de sus finanzas. Diablos Rojos era la única organización de don Alfredo Harp (dueño del conjunto) que no estaba bajo el sistema contable, de administración, de seguimiento que tiene para todas sus organizaciones. Entonces ponernos al día en ello fue extremadamente complejo”, explicó Díaz Valenzuela. 

Libra double play 

Hubo muchas cosas que se dejaron de hacer o se llevaban a cabo con ciertas libertades que no ayudan a un saneamiento y una transparencia, desde la administración de los recursos, hasta todo lo relacionado con las autoridades.

“Había situaciones que resultaban increíbles, como que ninguna marca de Diablos estaba registrada, algo muy grave porque entonces cualquiera podía usar nuestros logos. Hasta hace unos meses teníamos más de 200 multas y requerimientos por parte de la Tesorería de la Ciudad de México, en lo referente a los impuestos de espectáculos públicos. Hoy todavía enfrentamos algunos problemas porque uno de esos asuntos que no se atendió correctamente nos llevó a contar con un crédito fiscal que estamos tratando de resolver porque en la actualidad ya es de casi 15 millones de pesos”, detalló.

Indicó que no todos los jugadores cobraban con recibos de honorarios, por lo que no se canalizaban a deducibles y se perdía una parte de los ingresos.

Señaló que actualmente las nuevas leyes establecen que el manejo de dinero en efectivo en organizaciones como ésta debe ser transparente y correcto, de tal forma que ahora todos los jugadores cobran a través de un recibo de servicios profesionales.

“Están dados de alta en Hacienda, pagamos los impuestos correspondientes y eso nos ha llevado a un orden, aunque todavía tenemos asuntos de 2012 que seguimos cargando y resolviendo”, explicó a El Big Data Mx, Díaz Valenzuela.

Pero eso no es todo. En muchas áreas, en especial las que eran visibles como las relacionadas con el contacto, trato y la creación de nuevos aficionados, el trabajo que se hacía no correspondía con el presupuesto que se había asignado.

Básicamente en los últimos años –en el Foro Sol y el primero en el Fray Nano– se encontró que varios de los recursos no se usaron para lo que estaban destinados o se contrataron servicios que no se prestaban.

Por ejemplo, se detectaron contratos con el fin de “adquirir” los hielos utilizados para enfriar las cervezas, refrescos y aguas que se venden en el estadio, a pesar de que este servicio ya era proporcionado por la cervecera patrocinadora.

“Se confiaba a ciegas, y cuando llegué y le presenté a don Alfredo (Alfredo Harp Helú, dueño de los Diablos Rojos) la situación, se sorprendió de lo que ocurría. Ahora el trabajo es que seamos transparentes, que tratemos de hacer lo más eficiente posible el gasto”.

“Por ejemplo, con las cosas que subcontratábamos, pagamos mensualmente a otras empresas por muchas otras que no necesitábamos o ya teníamos. Después de un análisis se quitaron los servicios externos tratando de generarlos nosotros mismos”, ahondó el directivo.

Strike en afición

Con ese manejo, el club comenzó a quedarse atrás. En el campo se mantenían los éxitos y se seguía presentando como equipo de alto nivel, pero fuera del diamante se alejaba de los seguidores.

La salida del Parque del Seguro Social en el año 2000 fue un duro golpe a la tradición de los aficionados, y al llegar al Foro Sol se tuvo que trabajar para recuperar a su público, el cual vio el cambio como una ofensa.

A pesar de una labor opaca de promoción, se logró que los seguidores de antaño se acercaran a la nueva casa –que era un inmueble construido para conciertos adaptado para el béisbol–, en la que se conquistó a nuevos fans.

En 2005 reunió, en promedio, a dos mil 233 aficionados por juego; seis temporadas después subió esa cifra a seis mil 483 en 2011, es decir, obtuvo un crecimiento de 290%.

Parecían buenos tiempos para la administración de Alum, la cual inició en 2008, pero la realidad se descubrió con las diversas auditorías que se efectuaron para conocer la situación en la que se encontraba el club.

El primer paso fue hacer ajustes en el organigrama, donde se prescindió de varios elementos, y se presentó un plan de acción mientras se resolvían los adeudos, que arrastraban desde 2012.

“Vamos un poco atrasados. Lo principal es solucionar los asuntos de cinco años atrás. Crear la nueva estructura ha sido complicado. Se nos ha ido gente y el problema es hallar personal que cubra el perfil: que le guste el béisbol, que sepa del puesto y de la responsabilidad que tendrá”, continuó Othón.

En 2011 se dio otro descenso en la asistencia al Foro Sol y en 2014, a pesar de tener un gran equipo y quedar campeón, promedió tres mil 946 fanáticos. Así fue su último año en el Foro Sol, antes de mudarse a su actual casa, el Estadio Fray Nano.

Se albergaba la esperanza de que con el parque nuevo se mantendría o aumentaría la asistencia, pero sucedió todo lo contrario: bajó a dos mil 787 en 2015, el último año de la administración anterior, y a dos mil 511 en 2016.

Gracias a las estrategias que se han desarrollado en la temporada actual, hasta finales de abril de 2017, el promedio de asistencia que el equipo registraba era de cuatro mil fanáticos.

Las signs del futuro 

El trabajo de la oficina de los Diablos se basará en seguir limpiando su casa para brindarle al aficionado lo que no se le dio en mucho tiempo, incluido el nuevo estadio; desarrollarán un plan para obtener jugosas ganancias económicas.

Calculan que en los próximos meses tendrán en orden toda la parte financiera, mientras presentan un avance de lo que se vivirá en el nuevo estadio, que se inaugurará en 2018.

Entre los aspectos más notables están los nuevos patrocinadores, presumir la marca Diablos dentro de sus instalaciones con cosas tan sencillas como una pelota gigante con el logo del equipo, que es el objeto de cientos de fotografías de los fans en cada juego, así como destacar la historia de la franquicia con unos pendones y reconocer a las estrellas de la actualidad con mamparas distribuidas en la explanada.

De igual forma hay una jaula de bateo para que los seguidores prueben su habilidad, una tienda de souvenirs en la que ofrecen más artículos para los fans y permanece abierta durante, prácticamente, todo el año, así como el Museo de los Diablos.

El objetivo de todo esto radica en cambiar por completo lo que era Diablos fuera del terreno no sólo para los aficionados, sino también para los patrocinadores, con el fin de que haya un aumento notable en la asistencia al estadio y en la creación de nuevos fans.

“¿Cuándo creo que podamos experimentar un cambio? Por supuesto cuando se dé lo del estadio nuevo; ésa será una ola que nos lleve, y ahora trabajamos para que esa ola sea lo suficientemente buena en llevar la tabla a la orilla y que empecemos a tener mayor cantidad (de ingresos)”, explicó Díaz.

“Nuestro reto es hacer que gente que no asiste al béisbol, venga, no diario, pero que acuda una vez al mes. Que registremos entradas de ocho o nueve mil personas, en promedio, es a lo que estamos aspirando en este momento, pero sabemos que podemos lograr más”, afirmó el directivo.

El nuevo estadio, aseguró, cambiará las cosas para todos; será un sitio nunca antes visto para el béisbol en la Ciudad de México, convirtiéndose en una experiencia de 360º para los fans, ya que el juego sólo constituirá una de las múltiples atracciones.

“Ése es el béisbol moderno, ésa es la vida moderna de una metrópoli como la casa de los Diablos, quienes por años han vivido en un infierno, su propio infierno”, finalizó Díaz Valenzuela.

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