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Lores y Ladies, bajo el linchamiento social

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De acuerdo con los especialistas, este fenómeno se ha convertido en una catarsis colectiva que refleja el hartazgo social.

En México, la prepotencia, impunidad, el despotismo y abuso de poder sí se castigan, pero sólo a través de las redes sociales y por conducto de los denominados Lores y Ladies, que representan un medio de catarsis colectiva.

Para expertos en temas de sociología y comunicación, grabar con un teléfono inteligente una falta cívica o delito se ha convertido en una herramienta eficaz para exigir justicia, a pesar de que en la práctica las sanciones no sean legales.

Explican que el principal castigo es la exhibición pública y la expulsión “simbólica” de la sociedad; exponerlos es una válvula de escape de una población “saqueada, engañada y abusada por los grupos de poder”.

“Es un fenómeno imparable. Estos capítulos no solamente son dirigidos a políticos, sino también a la misma sociedad, detectando y denunciando ‘actos inmorales’. Es una autorregulación de la misma sociedad”, detalla Darío Ramírez, especialista en temas de libertad de expresión.

El fenómeno tiene ventajas, pero también muchos riesgos, pues bajo el precepto de libertad de expresión, la sociedad señala conductas denostables de una forma que abre la puerta a la denigración pública y a un exceso de insultos.

“Es difícil y peligroso intentar regular la libertad de expresión, por ello debe haber una autorregulación de las personas que se manifiestan en las redes sociales. Son fenómenos nuevos, ya que no hay criterios sociales, culturales, legales y de comunicación establecidos”, dice la socióloga y catedrática de la UAM, Cristina Sánchez Mejorada.

Los políticos y las dependencias han aprovechado estos fenómenos para su beneficio, realizando propuestas legislativas que ya existen o de leyes que, desde hace décadas, deberían de haberse promulgado.

“En este sentido la población no sólo está enojada, sino que está sufriendo la violencia a todos los niveles y en todas la formas de un pequeño número de poderosos, lo que genera desigualdades sociales”, considera René Jiménez Ornelas, investigador de la UNAM.

Los especialistas indican que este tipo de “linchamiento social” tiene rasgos de lucha de clases, revanchismo y resentimiento social, pues en el análisis de los casos hay personas de poder adquisitivo amplio o, por lo menos, así lo proyectan a través de sus excesos y suntuosidad; de ahí derivan los sobrenombres: Lord Audi, Lord Ferrari, Lord Rolls-Royce, Lady Polanco, Lady 100 Pesos o Lady Profeco, entre otros.

¿Resentimiento social o autocrítica?

Cristina Sánchez Mejorada, doctora en sociología e investigadora de tiempo completo de la UAM, señala que en este fenómeno se manifiesta la falta de cultura cívica e insensibilidad, y generalmente los involucrados son personas con alto nivel adquisitivo.

“La prepotencia con la que se mueven los agresores y su séquito de guaruras, ese abuso y alarde de poder es lo que irrita a la población en general”, considera.

Y aunque evidenciar esas conductas es un acto legítimo, agrega, no se puede resolver el problema social sólo divulgándolo en las redes sociales, pues las instituciones encargadas de garantizar la paz pública no tienen acciones preventivas, y únicamente reaccionan ante un problema, que no es nuevo, sólo que se está haciendo evidente con mucha facilidad por la tecnología.

Darío Ramírez, experto en derechos humanos y libertad de expresión, añade que a través de dichas manifestaciones la sociedad está autocriticándose, autorregulándose y, al mismo tiempo, se encuentra en un proceso de asimilación y crítica inédita hacia las instituciones y representantes del Gobierno.

Por ello, la intención de regular las expresiones en plataformas digitales –a través de los memes, tuits y otro tipo de canales para enviar mensajes– claramente habla de un desconocimiento e ignorancia profunda, que son los límites a la libertad de manifestación.

Incluso la mofa, burla y crítica, por lesivas que sean, son discursos protegidos por la Convención Americana de los Derechos Humanos y la Constitución Mexicana.

Se trata de un fenómeno social de autorregulación, de cómo la sociedad reprueba actitudes déspotas, racistas, xenófobas, y las coloca en la opinión pública para una sanción.

Con el fin de lograr el equilibrio de las plataformas digitales se debe tener la capacidad de argumentar, de replicar, pero la regulación gubernamental de ese contenido en ninguna parte del mundo ha dado resultados positivos, indica el académico.

“La indignación, el cansancio, el hartazgo, la necesidad de un cambio, todo eso se tiene que generar de manera presencial, no a través de Twitter, Facebook, WhatsApp, plataformas digitales que actualmente en México siguen estando enfocadas hacia una minoría de la población. Recordemos que la penetración de la Internet es de sólo 30%; sólo a ese porcentaje le son útiles los mensajes”, dijo el experto.

René Jiménez Ornelas, del Instituto de Investigaciones Sociales y coordinador de la Unidad de Análisis sobre Violencia de la UNAM, opinó que este fenómeno genera muchos comentarios al respecto que están entramando un tejido de sanción social, pues pase lo que pase, estas personas son señaladas.

A donde quiera que vayan se les reconoce, por lo menos en el tiempo que hay vigencia y memoria colectiva, pero muchos de los videos jamás desaparecen de las redes sociales y se convierten en una memoria electrónica.

El experto reconoció que estos mensajes, que se multiplican por millones en poco tiempo, pueden ser utilizados por grupos particulares o de poder como un distractor para la sociedad, y quitar la atención de los temas nacionales e internacionales que verdaderamente importan e impactan en la economía o la política del país.

“Estamos viviendo en un contexto social de gran violencia, no sólo criminal, sino económica. A pesar de los mensajes oficiales, la gente no ve reflejada esa bonanza en sus bolsillos; qué país se les está dejando a los jóvenes y niños, cuál es la oportunidad de trabajo. Se generan muchos empleos, pero en los que se les paga una miseria, y sin ningún tipo de prestación”, señaló.

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