26 de Septiembre de 2017
Investigaciones

Lo que el cierre del Bordo Poniente nos dejó

El costo de llevar la basura a otras entidades y la falta de medidas para mitigar los daños ambientales son un problema serio para el Gobierno de la CDMX.

Por Eduardo Suárez y Jessica Castillejos

 

Tras el cierre del depósito final del Bordo Poniente en diciembre de 2011, la Ciudad de México (CDMX) enfrentó una crisis en el manejo de las más de 12 mil toneladas de residuos sólidos que se generan diariamente en la capital.

Los gastos por trasladar la basura prácticamente se duplicaron, pues llevarla al Bordo implicaba un costo de 200 pesos por cada tonelada, pero ahora las autoridades pagan 360 pesos (más IVA) por su transporte y disposición final en el Estado de México y Morelos. Esto implica un desembolso anual de poco más de mil millones de pesos.

De acuerdo a la Secretaría de Obras local –desde inicios de 2012–, la capital del país envía a estas entidades ocho mil 500 toneladas diarias de basura; 80% se queda en el Estado de México: en el municipio de Ixtapaluca en los depósitos La Mina y El Milagro, 10% se va a Chicoloapan y La Cañada, también en esa entidad, y 10% más se manda a Cuautla, Morelos.

Del resto de los residuos, mil 900 toneladas son recicladas, mil 200 se van a la planta de composta y 800 toneladas con algún grado calórico (llantas, plásticos, telas) son enviadas a la planta de producción de Cementos Mexicanos (Cemex); por estas últimas, la Ciudad de México paga a la empresa poco más de 100 mil pesos diarios.

El cierre del Bordo Poniente también impactó a los trabajadores de limpia, pues al aumentar las distancias de traslado, se incrementó el tiempo de sus jornadas laborales.

Hugo Alonso Ruiz, dirigente de la Sección 1 de Limpia y Transportes, del Sindicato Único de Trabajadores de la Ciudad de México, indicó que el Servicio de Limpia de la capital no se da abasto en la recolección y traslado de la basura a las estaciones de transferencia.

Y es que en un camión recolector sólo el chofer es un trabajador de base. Los demás ayudantes no perciben un salario ni seguridad social; sólo viven de las propinas y el dinero que ganan vendiendo los residuos en centros de reciclaje.

De acuerdo al Inventario de Residuos Sólidos para recolectarla, sólo hay dos mil 460 camiones, de los cuales la tercera parte tiene una antigüedad de entre 35 y 45 años, por lo que a inicios de 2017, la administración capitalina adquirió 207 unidades más.

El Big Data MX platicó con algunos de estos empleados, quienes explicaron que un camión recolector de basura inicia sus labores alrededor de las seis de la mañana y termina después de las cuatro de la tarde, debido a la tardanza que representa llevar los desechos a las estaciones de transferencia.

En un día laboral, ellos pueden percibir de 200 a 600 pesos “si les va bien”, ya que al final juntan todas las propinas y las ganancias de la venta de vidrio, aluminio, cartón, y se “rayan” si llegan a encontrar una medalla o teléfono celular.

La apuesta

Con el objetivo de disminuir las toneladas que se llevan a los depósitos finales y aprovechar el mayor número de residuos, el Gobierno de la Ciudad de México prepara la apertura de una planta de Termovalorización y otra de Biodigestión; ambas se ubicarán en la zona del Bordo Poniente.

La planta de Termovalorización ya se encuentra en proceso de licitación; se espera que en abril ya haya un fallo.

La empresa ganadora obtendrá un contrato de Pago por Prestación de Servicios (PPS), de tal manera que ella pondrá la inversión para el diseño, implementación, operación y mantenimiento, mientras que el Gobierno de la CDMX le pagará por el servicio.

Jaime Slomianski, titular de la Agencia de Gestión Urbana, detalló que en esta planta estarían tratando alrededor de cuatro mil 500 toneladas de basura diariamente, con las cuales se generaría energía para suministrar al Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro.

 “Llevar basura a los rellenos sanitarios tiene altos costos financieros y ambientales para la Ciudad de México, por lo que una de las mejores soluciones en el tratamiento de los desperdicios es atraer la tecnología, ya que al mismo tiempo se generará energía y resolvería el problema de los desechos en esta urbe”, señaló.

Tanto las autoridades capitalinas como las del STC Metro reconocen que los beneficios serán básicamente ambientales y no económicos, pues el pago anual se mantendrá prácticamente igual; la diferencia es que se va a reducir el número de toneladas que se envían al Estado de México y Morelos.

“El beneficio para la metrópoli es desde el punto de vista ecológico. Nosotros (el Metro) vamos a desembolsar prácticamente el mismo recurso, pero ahora se va a reducir el número de residuos”, manifestó Jorge Gaviño, director del STC Metro.

Detalló que el tiempo estimado para que esto sea una realidad es de dos años, una vez que se construya la planta.

“Para nosotros sólo será un cambio de proveedor. Los ganadores de la licitación se tienen que certificar en la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Se convierten en distribuidores y generadores”, agregó Gaviño.

La planta de Biodigestión pretende ser la más grande del mundo y podría reciclar dos mil toneladas de desechos orgánicos cada día. Se espera que en breve inicie su licitación.

El daño

Jorge Omar Rodríguez Ramírez, integrante de la organización Economía Ecológica, de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), afirmó que el Estado de México es la entidad que más genera residuos con 16% del total nacional, seguida por la CDMX con 12%.

“Lo anterior significa que estas dos entidades por sí solas concentran casi 30% de toda la basura del país”, señaló.

Añadió que esta situación ejerce una gran presión para los puntos de distribución de los desechos, teniendo como resultado rellenos sanitarios sobresaturados y existencia de tiraderos clandestinos.

Rodríguez Ramírez indicó que, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en el país existen 87% de tiraderos a cielo abierto y el resto, 13%, son rellenos sanitarios.

“Los tiraderos a cielo abierto son, en realidad, una gran extensión de tierra donde se deposita la basura, sin ningún tratamiento técnico de rigor. Los lixiviados de los desechos pueden contaminar de diversas maneras, ya que se filtran en el suelo con la posibilidad de llegar a los cuerpos de agua.

“Por otro lado, la concentración de biogás, compuesta por 50% de metano, contribuye a la polución atmosférica impactando la calidad de aire de nuestra ciudad, además de que es un gas de efecto invernadero”, agregó.

El diputado local Xavier López Adame alertó que las 74 millones de toneladas de basura almacenadas en el Bordo Poniente generan alrededor de dos millones de toneladas de gas metano y 1.8 millones de toneladas de dióxido de carbono, por lo que aún representa una importante fuente de contaminación.

En noviembre de 2012, el consorcio BMLMX Power Company SAPI obtuvo la concesión por 25 años para sanear el relleno sanitario y explotar el gas metano con el objetivo de producir energía eléctrica.

Salvador Rojas Aburto, director del Proyecto Bordo Poniente, declaró que los trabajos de clausura y saneamiento del tiradero, así como el desarrollo de infraestructura para el aprovechamiento del biogás iniciaron a mediados del año pasado; el uso de la energía se podrá efectuar hasta 2019.

Por su parte, la Comisión de Derechos Humanos capitalina (CDHDF) emitió la Recomendación 7/2016 a 18 autoridades por violar los derechos a un medio ambiente sano, a un nivel de vida adecuado y advirtió que trabajadores de recolección de basura viven en estado de vulnerabilidad por no ser una actividad formal.

La problemática

Iztapalapa es la delegación que más basura genera diariamente en la Ciudad de México con dos mil 274 toneladas, aunadas a las 585 que produce la Central de Abasto, según datos de la Dirección General de Servicios Urbanos.

En la lista le siguen las demarcaciones Gustavo A. Madero (1,709 toneladas), Cuauhtémoc (1,325), Venustiano Carranza (855), Tlalpan (839), Coyoacán (812), Miguel Hidalgo (806), Benito Juárez (686), Álvaro Obregón (650), Azcapotzalco (519), Iztacalco (472), Xochimilco (444), Tláhuac (366), Magdalena Contreras (254), Cuajimalpa de Morelos (180) y Milpa Alta (117 toneladas).

A pesar de las legislaciones en la materia, el peligro de los residuos sólidos sigue latente, coincidieron expertos en temas ambientales consultados por esta casa editorial, debido a que los procesos para recibirlos en las estaciones de transferencia son lentos y provocan malos olores, escurrimientos de lixiviados y polución del aire.

En ese sentido, la diputada local Wendy González Urrutia exhortó a las autoridades a que realicen inspecciones ambientales, pues tanto las estaciones de transferencia y composta, como los depósitos finales representan un foco de contaminación por el dióxido de carbono y metano que emiten a la atmósfera.

“Es necesario tomar medidas para que cada una de las delegaciones cuenten con eficientes Centros de Recepción y Procesamiento de Basura y no sólo a nivel delegación, alcaldías o municipios, sino incluso en colonias, barrios o pueblos”, detalló la experta en temas medioambientales.

Ello, explicó, se debe a que es necesario reciclar y procesar los desperdicios lo más cerca posible del sitio donde se originan.

Y es que las 13 estaciones de transferencia con las que cuenta la Ciudad de México están ubicadas en avenidas o lugares habitacionales.

Por ejemplo: Iztapalapa no sólo es la que produce más basura, sino también la que más procesa, con mil 290 toneladas en su estación CEDA y mil 250 en la de la Central de Abasto, es decir, dos mil 540 toneladas diarias.

Las otras estaciones se encuentran ubicadas en las demarcaciones Azcapotzalco (1,280 toneladas diarias), Miguel Hidalgo (620), Cuauhtémoc (980), Venustiano Carranza (707), Álvaro Obregón (1,180), Benito Juárez (308), Tlalpan (540), Coyoacán (1,530), Xochimilco (169) y Milpa Alta (76 toneladas), de acuerdo al Programa de Gestión Integral de Residuos Sólidos 2016-2020.

Tanya Müller, secretaria de Medio Ambiente capitalina, indicó en una entrevista que toda la manipulación de los residuos sólidos la lleva la Secretaría de Obras y Servicios local, pero gracias al manejo responsable por parte de la población y los trabajadores se ha logrado disminuir la polución.

“Recordemos que sobre los residuos orgánicos que se compostan, la Agencia de Gestión Urbana y el Gobierno de la CDMX anunciaron el programa Basura cero, el cual será un ejemplo sobre el manejo responsable aunado a la participación ciudadana con la separación de los residuos desde el hogar, ya que es ahí donde se genera 40% de los desechos de la metrópoli”, explicó.

Destacó que actualmente la Sedema mantiene campañas informativas y de concientización para que las personas sigan separando los residuos en orgánicos e inorgánicos y los entreguen los días establecidos en el calendario.

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