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Jóvenes y solteros, los principales consumidores de crack en la CDMX

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Iztapalapa, Cuauhtémoc y Coyoacán es donde más se consume esta droga.

El ambiente en el oscuro callejón de la colonia Santo Domingo, Coyoacán, se irradia con la chispa del encendedor para calentar una lata de aluminio. Con el fuego truena la “piedra” o “crack” para convertirse en humo blanco y desfigurar los rostros envueltos en un olor acaramelado.

Un gotero de vidrio y una antena de carro con cobre dentro, son las “pipas” vacías que tiene El Chiquilín en su bolsillo, quien paranoico pide más y más droga para intentar hablar con su tensa quijada…sin importar que haya caído varias veces en anexos para alcohólicos y drogadictos anónimos.

El Chiquilín es uno de los miles de consumidores de “crack” –sustancia ilegal cocinada con cocaína, bicarbonato de sodio y otras sustancias químicas–, a la muchos le llaman la “droga del diablo”.

Mario Domínguez, investigador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), a través del estudio Jóvenes usuarios de drogas en la Ciudad de México: etnografía de la gestión del riesgo en el uso del crack, explicó que las características de los consumidores es un abanico de personalidades y ocupaciones, en donde no todos están sumidos en el abismo de la adicción.

El grupo de entrevistado fue de 156 participantes: 114 hombres y 42 mujeres. De ellos, 97 tenían entre los 18 y los 34 años de edad (62.5%), más de la mitad eran solteros (64%) y menos de una cuarta parte eran casados o se encontraban viviendo en unión libre (21%); el resto se habían separados de sus parejas (7.5%) o eran mamás solteras (7.5%).

Otros datos significativos del documento fueron que 54% aún vivían en casa de sus padres y otros rentaban cuartos departamentos con sus parejas (15.4%) o con otros amigos (23%).

Una minoría de ellos y ellas (8 %) vivían en la calles, en terrenos baldíos, carros abandonados y en lugares improvisados como pequeñas habitaciones hechas de cartón, madera y telas.

La mayoría habían estudiado hasta el nivel de bachillerato (36%), seguidos de quienes terminaron la secundaria (32%) y los que sólo habían terminado la primaria (14 %). Algunos usuarios llegaron hasta el nivel superior (17 %) y muy pocos no tenían estudios (1%).

La mayoría de los usuarios tenía empleos o trabajos poco estables y otros se dedicaban a pedir dinero o a cuidar autos en la vía pública o hacían mandados.

El también investigador del Instituto Nacional de Psiquiatría, Mario Domínguez indicó que si bien el consumo de crack aún no es tan medible, hay indicios de que la Ciudad de México es la entidad donde más se ha detectado un crecimiento.

“En los puntos de venta de toda la capital está mucho más extendida de lo que pensamos. Los dealers argumentan que ahora venden más ‘crack’ que cocaína, después de la marihuana”, alertó.

Iztapalapa, Cuauhtémoc y Coyoacán es donde más se consume esta droga, pero, señaló, que Azcapotzalco, Álvaro Obregón, Venustiano Carranza y Gustavo A. Madero muestran altos índice también.

El Sistema de Registro e Información en Drogas (SRID), del Instituto Nacional de Psiquiatría, reportó que en la Ciudad de México la marihuana es la sustancia más consumida (61%); le siguen los inhalables con 40.4% y la cocaína ocupa el tercer lugar de consumo (34.0%).

El grupo más afectado es el de los 15 a 19 años (45.9%). El nivel de uso más frecuente es el leve (1 a 5 días en el último mes) en 38.8% de los casos. Los nombres que más reportan los usuarios son cocaína (73.4%) y crack (25.9%).

No hay dinero que alcance…

Mario Dominguez dijo que los usuarios de crack que tienen un consumo intenso llegan a vender sus pertenencias, robar o empeñar cosas propias o de sus familiares cercanos para poder comprar la sustancia.

Algunas frases de consumidores lo resumen: “en una pipa cabe toda tu casa y toda tu familia” y “no hay dinero que alcance para este vicio”.

Por ejemplo, El Chiquilin estudió sólo la secundaria y mide más de 1.90 metros de altura. Su figura robusta se ha ido consumiendo con el paso de los años y su mirada, detrás de sus lentes de fondo de botella, se pierde en el pensamiento de cómo obtener dinero para seguir fumando.

Él ha tenido varios trabajos como vendedor en los tianguis o repartidor de pizzas. Pero como él mismo indica, no dura en los empleos porque la droga le lleva a perderse algunos días.

Acepta que ha tenido que robar para poder seguir fumando, la cual es como una piedra en su zapato, dice, porque a cada paso que da, siempre estorba para hacer buenas acciones.

No todo lo que brilla es oro

El crack o “piedra” llegó a México alrededor de los años 80 con los migrantes mexicanos que regresaban de Estados Unidos y en la actualidad es causa de diversos estragos entre sus usuarios, como daños físicos, familiares o sociales.

“La gente que comenzó a cocinarla eran migrantes que llegaban de Estados Unidos y traían este hábito. Por su precio, la introdujeron en varias colonias populares de la Ciudad de México, porque en otros estados de la República no está tan extendido su uso”, explicó Mario Domínguez.

Para Eduardo Zafra, antropólogo, quien junto con Domínguez participó en la investigación binacional, El Surgimiento del Crack en la Ciudad de México (TRCC, por sus siglas en inglés), es necesario tomar en cuenta la propiedad farmacológica de la “piedra” para entender sus repercusiones.

Este antropólogo también hizo trabajo de campo para el libro de Carlos Alberto Zamudio, Las redes del narcomenudeo, y se ha sumergido en varias colonias de la Ciudad de México donde el uso del crack comienza a ganar adeptos.

“Las propiedades de la “piedra” tienden a ser muy adictivas, aunado a su constante uso. En estudios recientes hay teorías de que apuestan que la propiedad adictiva es el bicarbonato, por ejemplo”, indicó en entrevista.

Zafra realizó un análisis de la “piedra”. Las colonias donde se compraron las muestras fueron Desarrollo Humano, Iztapalapa; Barrio de la Asunción, Xochimilco; del Mar, Tlahuac; San Pablo Tepetlapa, Carmen Serdán, Pedregal de Carrasco y Santo Domingo, Coyoacán.

El costo del “papel” de “piedra” va de los 25 a 130 pesos. El peso de cada dosis varía de 40 a 115 miligramos. Y en todas las dosis se manifestaron cuatro adulterantes: levamisol –se usa como medicina veterinaria desparasitante para el ganado–, benzocaína, paracetamol y procaína.

Sin embargo, Rendón denunció que es difícil adquirir la silica gel y los químicos para seguir analizando que tipo de sustancias están consumiendo los jóvenes por medio de drogas que cada vez están más adulteradas.

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