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Hijos manipulados, el efecto colateral cuando un padre asume su homosexualidad

Se le conoce como Síndrome de Alienación Parental (SAP) y es un tipo de violencia psicológica que afecta el desarrollo cerebral y emocional de los niños.

Cuando en una familia formada por un hombre y una mujer, el padre se asume homosexual y deciden disolver el matrimonio, los hijos son los principales afectados si la situación no se asume con responsabilidad.

Y es que en ocasiones uno de los progenitores manipula a los hijos para afectar negativamente la relación e imagen del otro padre, lo que hace aún más traumático el proceso para los menores.

A esto se le conoce como Síndrome de Alienación Parental (SAP), que es “el resultado de una combinación de programación (“lavado de cerebro”) y adoctrinamiento de uno de los padres y de las propias contribuciones de los hijos en la creación de un villano en el padre objetivo”, según la definición del doctor Richard Gardner, uno de los principales estudiosos de este fenómeno.

Datos de la Asociación de Madres y Padres Divorciados en la Ciudad de México reportaron 200 mil casos de SAP al año 2014. Además el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) calcula que los hijos de cerca de 24.6% de familias son monoparentales -lideradas por uno de los padres-, son víctimas potenciales del SAP.

Lo que sí se sabe es que en 95% de los divorcios las madres se quedan con la guarda y custodia de los hijos, por lo que estadísticamente son señaladas de ejercer la manipulación sobre los menores.

Dicha situación se agrava cuando el padre asume su homosexualidad y entonces intervienen prejuicios de violencia sexual y otros estigmas que incluso pueden tener consecuencias legales; la principal preocupación de un padre homosexual es que sus hijos piensen o sientan que no son amados por él.

Este es el caso de Abraham Cassab, quien luego de 15 años de matrimonio decidió separarse de su mujer, pues asumió su homosexualidad. Han pasado 2 años y medio del divorcio y un año de no ver a sus hijos, 8 meses de averiguaciones previas, 2 multas de 20 mil pesos en un lapso de 3 meses -mismas que le han sido condonadas- , y frustración constante.

Al momento de asumir su homosexualidad se lo hizo saber a su esposa y empezó el proceso de separación que pintaba para ser armónico, por ello decidieron desde el principio que la guarda y custodia de los tres menores – David, Raquel y Niza- quedaría en manos de ella.

No obstante, las cosas cambiaron de un momento a otro, la ex mujer decidió que no quería que convivieran con su papá, primero lo acusó de ser generador de violencia, para lo cual logró manipular a los niños y que así dijeran que su padre los violentaba.

Después de un largo proceso de acusaciones, amparos y demás, la autoridad decidió que Abraham tiene derecho de convivir con sus hijos, como último recurso y a manera de golpe bajo, la madre de los niños ventiló la orientación sexual de Abraham y lo acusó de tener deseos sexuales hacia el hijo varón.

“Hay muchos niños abandonados en  el mundo y los padres que queremos convivir, la ley nos pone totalmente de patitas en la calle, privándonos de la oportunidad de darle a nuestros hijos ese amor, educación, tiempo; de estar realmente para ellos”, lamentó Abraham.

En estos momentos siente que no le conviene ser el hombre; en primer lugar, porque arrastra los estigmas de violencia, y en segundo, vivir su homosexualidad abiertamente lo pone como un “pervertido” ante los ojos de la sociedad conservadora y las autoridades.

De hecho Abraham nunca quiso hacer referencia a su homosexualidad, fue la ex esposa quien al hablar de esto ventiló una cuestión privada, violando también uno de los derechos fundamentales de cualquier ciudadano mexicano.

La situación es tan grave que los niños ni siquiera responden a las llamadas telefónicas de Abraham, ni sus abuelos, ni otros familiares paternos.

“El daño es irreversible, no es algo que quisiera que recuerden. Seguramente tendrán que aprender a vivir con esto”, dice sobre la experiencia que están pasando sus hijos.

Alejandro Torres, psicólogo y promotor de salud mental y sexual en adolescentes, explicó a El Big Data Mx que el SAP es un tipo de violencia psicológica que afecta el desarrollo cerebral de los niños.

Al encontrarse en una etapa de la vida en que construyen estructuras cerebrales, esto los pone en riesgo de no desarrollar herramientas afectivas y sociales suficientes, afectando sus niveles de autoestima,  haciéndolos proclives incluso a temas de delincuencia o comportamientos sociales violentos.

El especialista advierte que se debe entender el dolor de la mujer, la separación y enfrentar la homosexualidad de su pareja son factores que le están causando estrés o coraje, pero está siendo irresponsable y está buscando un culpable a su tragedia. Su chivo expiatorio es el padre que se acomoda al caso como anillo al dedo, refirió.

“Al final del día tenemos una madre en una posición de incapacidad en resolver como adulto una crisis familiar, probablemente por la ausencia de herramientas personales para afrontarla y no perpetuar un odio hacia el padre de sus hijos, basado en un sentimiento egoísta de venganza”, abundó Torres.

Lo menores crecerán con conceptos deformados de lo que es la familia y de lo que significa orientación sexual. Su cerebro va a buscar culpables, como la madre les está enseñando, y al final podrían culpar hasta a la homosexualidad, lo que deriva en promover la homofobia en los niños e incluso en el grupo social que envuelve a la familia desintegrada.

Torres recomienda acompañamiento psicológico para cada uno de los integrantes, con énfasis en la madre, pues es la fuente de contaminación y estrés, es la violentadora psicológica de los hijos.

 

“Una cosa es ser homosexual y otra paidofilico, por lo cual una situación no está acompañada de la otra. Esto sería reforzar un prejuicio o ignorancia. Es lamentable que aún sea utilizado como herramienta legal”, refirió Alejandro Torres sobre el caso de Abraham.

Mientras Abraham Cassab no pueda convivir con sus hijos, les mandará mensajes de amor a través de la página de Facebook Cassab Massri (apellidos de los menores), esperando que se enteren de que él siempre piensa en ellos y lucha a diario por regresar a su lado.

“Yo tengo la responsabilidad de unos niños a los cuales mantengo con dignidad, pero lo que más tengo para darles es amor, entendimiento, apoyo, calidez, confianza, un ejemplo”, sentenció Abraham.

 

 

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