26 de Septiembre de 2017
Big Voces

¡Ya Entré!

El reto de cada noche para los jóvenes es entrar a un antro cuyo acceso es restringido de acuerdo a tu apariencia física.

El “cadenero del antro” es la persona que tiene en sus manos el poder de decidir quién es digno/a de entrar al antro.  Su función es la de hacer una señal con el dedo para indicar que eres el elegido/a para entrar,  no importa si acabas de llegar o si tienes mucho tiempo esperando, él de repente dirá que tú cuentas con el perfil esperado para darle importancia al antro, lo cual no significa que tus cuates ingresen a este lugar.

¿En qué se fija un cadenero? Si eres mujer o un grupo de mujeres tendrás más facilidad de entrar, pero también tienes que contar con ciertas características físicas y de apariencia; si eres hombre debes estar dispuesto a pagar de menos un par de botellas por mesa.

Casi no importa el tiempo que tardes en entrar, porque parece que desde ahí empieza la fiesta y el reto de cada noche es entrar, el objetivo es decir o mandar un mensaje de Whatsapp, diciendo: “Ya entré”.

Hace unos días salieron datos del INEGI en los que se confirma lo que ya sabemos: el color de piel te pone en situación de oportunidades o de desventajas, no sólo para trabajos o estudios sino para temas tan banales como puede ser una noche en el antro; si lo dudas, sólo es cuestión de darte una vueltecita y te darás cuenta que si cumples con las siguientes características tendrás más oportunidades de ser “elegido”:

Tez blanca, facciones arias -dirían los nazis-, ropa de marca o que garantices posibilidades de consumo y que tengas aptitud, lo que esto quiera decir.

Hay quien podría decir que es una barbaridad que los dueños del antro pongan estas características y le pidan al cadenero cumplirlas. Al parecer es un acuerdo entre partes, nadie quiere entrar a un antro de fácil acceso, pues se “abarata” y pierde atracción, aunque adentro la música sea la misma, las bebidas nada diferentes y en general el espacio semejante. Este hecho refleja la sociedad que somos.

Tengo que reconocer que el término cadenero me parece terrible, pero se ha convertido en un acto aspiracional que éste  te deje entrar. Conducta que seguramente irán formando parte de tu vida; al tiempo así elegirás a quien trabaje contigo, la manera en que tratarás a tu trabajadora del hogar, etcétera. Y ¡OJO! no digo que los dueños de los antros sean culpables de lo racistas y clasistas que somos en México, sólo digo que han aprovechado muy bien esta conducta para hacer de su negocio un lugar exclusivo y que dibuja muy bien a nuestra sociedad.

Esto que les comparto seguramente no les es ajeno, ¿quién no ha visto alguna vez al cadenero? Pero nos entristece que quienes no pudieron entrar al antro, no se indignen y no identifiquen la discriminación de la que son sujetos, más bien, en la siguiente ocasión cambiarán y/o mejorarán su apariencia para poder decir: ¡Ya entre!

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