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Y tú, ¿eres racista?

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El racismo parte de prejuicios, estigmatizaciones y estereotipos que impiden ver el valor real de cada persona.

La pregunta puede parecer poco común porque creemos que ni en nuestra Ciudad de México  ni en nuestro  país somos racistas. Son los otros –los de afuera– los racistas.  Incluso hasta llegamos a justificar nuestro no racismo argumentando que “aquí no hay negros”.

Sin embargo, la Encuesta Intercensal 2015, realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), dice que en ese año había en la República Mexicana un total de 119 millones 530 mil 753  personas, de las cuales 1 millón 381 mil 853 se consideran como afrodescendientes, esto es 1.16% de la población total.

Y en la Ciudad de México de 8 millones 918 mil 653 personas que habitan, 160 mil 353 se consideran afrodescendientes, es decir, 11.6%. Esto echa por tierra la falsa idea de que no hay afrodescendientes. O nos les consideramos como personas mexicanas o no les queremos ver.

Pero el tema del racismo no sólo está relacionado con las personas afro, sino también con las personas indígenas, con quienes de hecho se agudiza. En nuestro país la población indígena por autoadscripción es de 15.7  millones de personas. Pero también son sujetos de este flagelo social las personas  migrantes, las refugiadas y las personas solicitantes de asilo. Todos éstos son grupos de personas que han sido identificadas como víctimas de la discriminación racial en muchas sociedades a nivel mundial

La Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial dice que este tipo de discriminación no solo incluye raza, sino también color, linaje y origen nacional o étnico. Si miramos más allá, si analizamos la forma en la que hablamos y nos comportamos con los demás, podemos darnos cuenta que el racismo no solo se da con las actitudes de exclusión o desprecio a los que consideramos inferiores a nosotros, ya sea por su posición económica, su cultura, origen étnico, lugar de procedencia o aspecto físico.

El racismo está presente también en la forma en que nombramos a los otros, cuando utilizamos las palabras para dirigirnos a otra persona con menoscabo o peyorativamente.

El racismo es el odio, rechazo o exclusión de una persona por su raza, color de piel, origen étnico o su lengua, que le impide el goce de sus derechos humanos. Es originado por un sentimiento irracional de superioridad de una persona sobre otra.

Cuántas veces has escuchado un chiste, un dicho, frases o comentarios que ridiculizan a las personas por su lengua, su tono de piel, su cultura, sus tradiciones, su posición económica o social. Las decimos y las repetimos de manera irreflexiva, pensando que como se da en el espacio de lo privado (en la casa, en la oficina o en la escuela) no es racismo.

Te suena común: “El negrito en el arroz”, “Trabajar como negro para vivir como blanco”, “Pareces indio”, “Se fue como las chachas”, “mi hijita mejora la raza” ”, “Me engañaron como a un chino”, entre una lista interminable de frases que utilizamos las y los mexicanos a diario, sin darnos cuenta de su profundo sentido discriminatorio.

La Encuesta sobre Discriminación en la Ciudad de México (EDIS-CDMX 2013), elaborada por el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED), revela que las personas encuestadas relacionaron la palabra discriminación principalmente con “indígenas”, “racismo” y “color de piel”.

Las personas encuestadas reconocen a la población indígena como el grupo más discriminado, pues 9 de cada 10 personas señalaron que existe discriminación hacia este sector de la población, mientras que 8 de cada 10 consideraron que se discrimina a las personas de piel morena, ubicándolas en el tercer lugar.

Pero no todo es negativo. La encuesta EDIS-CDMX 2013 nos marca una perspectiva optimista para trabajar y crear acciones que resuelvan el problema, ya que 76% de las y los encuestados considera que quienes vivimos o transitamos por la Ciudad de México podemos hacer mucho para resolver el problema de la discriminación.

La invitación es a reflexionar que el racismo parte de prejuicios, estigmatizaciones y estereotipos que impiden ver el valor real de cada persona.  Hemos construido un paisaje social donde el ser mestizo crea aspiraciones, siempre y cuando el color de la persona mestiza se acerque a lo blanco y no a la indígena.

Es cierto, no tenemos políticas de segregación racial como el Apartheid en  Sudáfrica y Namibia. Pero tanto tú, como yo, podemos ayudar a cambiar la forma de expresar las diferencias, para mirar al otro y a la otra como integrantes de nuestra sociedad con los mismos derechos.

Porque el respeto que le tengo a una persona no debe darse a partir de cuál es su lugar de procedencia, ni qué posición económica tenga, ni mucho menos de qué color de piel sea. Se trata de convivir en esta gran ciudad de manera armónica, reconociendo y valorando nuestra diversidad. 

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