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Una nueva época en la Sala Superior del Tribunal Electoral

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A más tardar el 31 de octubre se designará a los nuevos magistrados del órgano.

Cada vez que se renueva un ciclo en una institución surge un proceso natural de evaluación y perspectiva. Hace ya 10 años, el país se encontraba convulso por el desenlace de una elección competida y compartida en los resultados.

El papel de la Sala Superior del Tribunal Electoral fue fundamental en aquellos días, y el veredicto final sobre quién sería el Presidente de la República fue respetado por los involucrados, quienes de inmediato pusieron la mira sobre los retos legales que impuso el proceso electoral.

En medio de todo, se renovó el pleno de la Sala Superior. Quedando sólo el magistrado Luna Ramos de aquella integración, se optó por respaldar el perfil de una mujer con experiencia en el ámbito administrativo electoral (Alanis), un consejero de la Judicatura (Carrasco), el secretario general de la Sala (Galván), dos académicos (González y Nava) y un magistrado regional (Penagos).

El ciclo nuevamente está por concluir, y a más tardar el 31 de octubre se designará a los nuevos titulares. Antes que nada resulta del todo deseable que en la conformación se integren mujeres y hombres que tengan el conocimiento en la materia electoral, pero pareciera que ello no es suficiente.

Considero que el perfil ideal para integrar la Sala recae en aquellos candidatos que hayan estado involucrados en la evolución del Tribunal, que conocen la dinámica de un órgano colegiado y que, además, de preferencia hayan tenido la oportunidad invaluable de ser secretarios, magistrados locales o regionales, pero más allá de todo, que su compromiso con la función sea la carta de presentación y única aspiración.

Ser magistrado de un tribunal constitucional no debe ser producto de una ocurrencia, sino de la vocación.

No es tiempo de filias ni fobias. Investir con el poder de calificar la elección del Presidente de México debe ser analizado con toda la trascendencia del caso y, sin duda, estar conscientes de que es una decisión de Estado con la que habremos de convivir en los años por venir. No hay oportunidad de errores ni curva de aprendizaje. La historia juzgará.

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