21 de Septiembre de 2017
Big Voces

Por la igualdad

Las distintas asociaciones religiosas insisten en polarizarnos como sociedad, cuando podrían ser sancionadas por ello.

En México hemos logrado avanzar con argumentos por la igualdad, ésos que se pueden entender a través del respeto a los derechos humanos. Al mismo tiempo hemos constatado cómo el quehacer político se polariza, utilizando el argot derechohumanero, sin que ello impacte directamente en acciones contundentes.

Para ser más clara, es fácil escuchar en boca de personas conservadoras (a veces quienes legislan, a veces quienes protegen las buenas conciencias) frases como “respeto a los homosexuales…, pero no que tengan los mismos derechos que yo…”. Cambiando prejuicios por argumentos diré que los derechos deben garantizarse a cualquier persona en las mismas condiciones, es decir, no podríamos pensar en derechos diferenciados por color de piel, por religión, por estado civil y, menos, por preferencia sexual o identidad de género. ¿Por qué insistir en sostener la desigualdad?

“Que le llamen de otra forma”. Un mismo derecho no puede tener dos nombres. Como está ahora el matrimonio civil ignora el principio constitucional de igualdad y no discriminación, al mantenerse como privilegio de un hombre con una mujer y con fines de procreación. La Suprema Corte ya ha emitido criterios al respecto y ellos no han sido contemplados en 22 estados de la República.

“El matrimonio igualitario no es natural”. Resulta evidente que el matrimonio de dos personas no es natural, es un derecho que garantiza derechos y obligaciones mutuamente. Es por voluntad de ambas personas y no afecta los derechos de terceras personas.

La Ciudad de México tiene seis años mostrando las bondades de este derecho. Es tanto el temor a lo desconocido, por no llamarle ignorancia, que las distintas asociaciones religiosas insisten en polarizarnos como sociedad, convocando a votar en contra e incitando a la violencia social. Olvidan que violar la Ley de Asociaciones Religiosas les impondrá sanciones.

Se empeñan en hacernos creer que aquello que sugieren sus dogmas tendría que ser obligatorio para una sociedad democrática y plural, cuando apenas es de observancia para sus fieles.

No confundan libertad de expresión con sus discursos de odio. Vuelvan a sus púlpitos y permitan que la sociedad se acomode frente a los avances. En México la igualdad está en tránsito, ¡no volverá al clóset!

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