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Mi opinión al Posicionamiento Evangélico sobre Matrimonio Igualitario

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Es momento de dejar de promover una idea de segregación que genera confusiones y divisiones sociales.

El Posicionamiento Evangélico sobre Matrimonio Igualitario, publicado el pasado 30 de mayo, habla de defender “el modelo de familia que asegura la preservación de la especie” y, entre otras, demanda la realización de una consulta nacional para definir si se acepta el matrimonio igualitario en todo el país.

Estas demandas las plantean en apego a su libertad de expresión, derecho que tienen todas las personas sin importar credo, preferencias sexuales, raza, género, etc. Pero el ejercicio de la libertad de expresión no implica necesariamente que todo lo que expresemos sea correcto o que esté libre de prejuicios, y más cuando de imponer un sólo modelo de familia​ se trata, invisibilizando a otros.

La Ciudad de México es un claro ejemplo de lo equivocadas que han estado algunas iglesias al decir que el matrimonio igualitario atenta contra la familia. Explico por qué hago esta afirmación. Recordemos las discusiones que se dieron en la Asamblea Legislativa en 2009 y en 2010 en torno a la aprobación del matrimonio igualitario en la capital del país.

Los argumentos  en ese entonces eran muy semejantes a los que ahora escuchamos en diversos espacios religiosos: ¡La perversión! ¡Juntas, Sodoma y Gomorra, en la capital de país!

Esas iglesias hacían y hacen ostentación creyendo tener  la administración de lo que es o no es “natural”; por tanto, siguen buscando imponer su modelo de familia como infalible y cuasi perfecto.

Un modelo que –dicen- “ha sido probado a lo largo de la historia en su relevancia y certeza social”, por lo cual lo reconocen como el  único aceptable. Yo prefiero  dejar  a las y los historiadores corroborar dicha afirmación.

Lo único cierto es que en los últimos años más de seis mil parejas ha hecho uso de su derecho a un matrimonio igualitario en la CDMX, enfrentando retos sociales, económicos y afectivos como  cualquier otra pareja;  lo único extraordinario en ellas es que rompieron paradigmas.

El matrimonio igualitario no le quita ni hace menoscabo al matrimonio heterosexual, y mucho menos es verdad que las familias homoparentales y lesbomaternales se vayan a colocar como el nuevo modelo de familia, pues simplemente son una forma más  de ser familia. 

Entendámonos: la defensa de los derechos humanos no es una cuestión de estar de acuerdo o no. Los derechos de las personas no se votan. El Estado tiene la obligación de garantizar el derecho de las personas a formar una familia. ¿Cuál? La que queramos, con o sin hijos/as, procreados o adoptados, pero siempre garantizando el interés superior de niñas, niños y adolescentes.

Ese derecho sostiene la libertad de las personas a amar a quien quieran y a decidir su  proyecto de vida. Y nadie tiene derecho de juzgar si un proyecto de vida es mejor que otro, porque esa es una decisión personalísima.

Adicionalmente, en el posicionamiento en cuestión subyace una idea equivocada de lo que es la discriminación. No hay discriminación cuando se rechaza la posibilidad de imponer las ideas y creencias de un grupo de personas, así sean una mayoría, si tales ideas implicarán restarle derechos a otras  personas o grupo de personas.

El Artículo 1 de la Constitución Mexicana señala que una conducta es discriminatoria cuando TENGA POR OBJETO ANULAR O MENOSCABAR LOS DERECHOS Y LIBERTADES DE LAS PERSONAS… y en eso incurren quienes quieren imponer un modelo de familia único, son ellas quienes discriminan  al no  querer darles cabida a otros modelos diversos de familia.

 El posicionamiento también habla, entre otras cosas, de democracia. Y si de democracia hablamos me parece que las iglesias han sido una de las instituciones más beneficiadas por los modelos democráticos. 

Para comprender esto es necesario señalar que las iglesias aprueban sus propias reglas, aunque algunas de ellas limitan los derechos de participación de las mujeres como sería el impedimento para poderse ordenar como ministras o sacerdotisas, o el hecho de que los varones son los que votan de manera mayoritaria y absoluta las decisiones importantes dentro de algunas de estas  iglesias, y  qué decir de esas iglesias que no permiten a sus ordenados el matrimonio que tanto defienden.

Estos sólo son algunos ejemplos y seguramente hay otras vulneraciones… pero existe el derecho a la libre creencia y asociación, sin que los Gobiernos intervengan en sus normas; eso es parte de los triunfos del Estado laico, de los Estados democráticos como el que tenemos.

Las asociaciones religiosas que firmaron el posicionamiento en cuestión han expresado sus opiniones con el derecho que tienen como cualquier institución, en ejercicio irrestricto de su libertad de expresión. Pero de eso a hacer un llamado para violentar el Estado laico, a través de propuestas inconstitucionales como sería la de llevar a cabo una consulta nacional para determinar si se le reconocen derechos a un grupo de personas o no, es en verdad no entender la naturaleza de los derechos humanos y colocarse en un lugar que no les corresponde.

El deber del Estado Mexicano, como ya lo hizo la Ciudad de México en la Declaratoria CDMX, Ciudad Amigable LGBTTTI, es el de armonizar e incorporar las perspectivas de derechos humanos y de género en las políticas públicas y legislativas, basándose en los tratados internacionales ratificados por México y, en especial, en los Principios de Yogyakarta, en la Resolución de la Organización de Estados Americanos sobre Derechos Humanos, Orientación Sexual e Identidad de Género, en la Declaración de Montevideo de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, y en la Declaración de las Naciones Unidas sobre Orientación Sexual e Identidad de Género, para garantizar el respeto a los derechos de las personas lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transgénero, transexuales e intersexuales (LGBTTTI).

Es el momento de quitarnos la mirada obtusa de vislumbrar a un sólo modelo de familia y abrir los ojos,  la mente  y el corazón a la diversidad de familias que actualmente coexisten, es momento de  dejar de promover  una idea de segregación que  genera confusiones  y divisiones sociales. Todas, absolutamente todas, las personas tenemos derecho a decidir cómo queremos formar una familia, sin que una visión se imponga por sobre otra.

La experiencia de la Ciudad de México en materia de reconocimiento de derechos de las poblaciones LGBTTTI ha sido maravillosa. Quien no la quiera ver así es porque en verdad no entiende lo que es el trato igualitario.

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