En la CDMX nos indignamos con el racismo

Derechos Humanos, derechos de la mujer,derecho a la vida, derecho a el trabajo, derecho a la salud, derecho a la diversion, derecho a la alimentacion, derecho a la libre expresión

5 mayo 2016 1:38 pm

El racismo se define como “cualquier distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en la raza, color, descendencia u origen étnico o nacional, que tenga el propósito o efecto de invalidar o perjudicar el reconocimiento, goce o ejercicio, en situaciones iguales, de los derechos humanos y libertades fundamentales en el campo político, económico, social, cultural o cualquier otra área” .

La Encuesta sobre Discriminación en la Ciudad de México 2013, efectuada por el COPRED, revela que las personas encuestadas relacionaron la palabra discriminación con “indígenas”, “racismo” y “color de piel”, entre otros conceptos.

Si bien el racismo tiene diversas causas, lo abordaré desde el reconocimiento jurídico de las personas en la Nueva España, cuando se desarrolló el llamado Derecho Indiano. Éste otorgaba el reconocimiento de derechos a las personas en función de la raza y –claro- del género, pues el derecho es un sistema concebido, desde sus orígenes, por y para el varón libre, blanco y con patrimonio.

Así, el Derecho Indiano reconoció calidades diferentes a las personas europeas, otro al mestizo, otro al “indio” y otro al “negro”. Al primero, claro está, le otorgó derechos plenos. En cambio al “indio” lo exentó de la esclavitud, pero le otorgó un régimen de incapaz relativo que le desconocía como una persona plena de derechos, lo que justificaba que siempre estuviera bajo el dominio de una persona europea.

Por su parte, ser  “negro” siempre fue una calidad menos afortunada pues se le consideraba como una cosa, como parte de un patrimonio del cual podía disponerse como cualquier otro bien. En la Nueva España, había interés en mantener registros numéricos sobre la población negra en la medida en que representaban bienes patrimoniales más que personas, pero después de la abolición de la esclavitud fue un grupo poblacional invisible.

Finalmente, los mestizos gozaban de otro tipo de protección y estatus jurídico que dependía de si se había nacido dentro o fuera de matrimonio. Si su caso era el primero, prácticamente gozaba de los derechos del europeo; sin embargo, si era el segundo, le correspondía un estatus social y jurídico muy desafortunado pues se asumía que a la persona nacida fuera de matrimonio le eran inherentes características como el desequilibrio mental. Ello generó que todo el aparato institucional lo estigmatizara bajo las siguientes reglas: no podría vivir en pueblos indios (por sus supuestos actos de crueldad), tenía limitaciones para ser soldado por ser considerado inestable (aunque cuando se necesitaba carne de cañón dicha norma se hacía a un lado), estaban limitados para asumir cargos públicos, entre otros.

Resulta interesante considerar los datos anteriores a la luz de la compleja relación de la sociedad en nuestros días. Si bien ahora se miran absurdas las concepciones filosóficas que en los siglos XV y XVI se tenían respecto a la categoría de persona que implicaban el ser racional, cristiano, varón, blanco, libre y con patrimonio, resulta más absurda aún la vigencia de los prejuicios y la constatación de la herencia que dejaron las diferencias entre personas. La dominación de raza generó dominación de clase y ambas entrañaron siempre dominación de género.

Tal herencia acarrea discriminación, entendida como una conducta aprendida, culturalmente arraigada, sistemática y socialmente extendida de desprecio contra una persona o grupo de personas.

Para no discriminar hay que aprender a indignarnos ante aquéllas personas  que se sienten superiores a otras  y que, por tal hecho, asumen que tienen derecho a maltratar, ofender, injuriar, golpear y hasta a matar. Para no discriminar hay que aprender a valorar / admitir al otro y a la otra. Sólo así lograremos transitar hacia la igualdad.

Invito a lectoras y lectores de este texto a reflexionar y  a dimensionar la gran tarea que tenemos como la sociedad en general  acciones para combatir la discriminación racial estructural.

Si encaramos al racismo, nos indignamos; y si nos indignamos, nos modificamos.

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