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El pendiente de la Seguridad

Los índices delictivos en la CDMX alcanzan los niveles de las administraciones priistas, algo que se había disminuido con AMLO.

Uno de los signos inequívocos de la decadencia del régimen priísta en la Ciudad de México fue el crecimiento de los índices delictivos. Desafortunadamente, la historia se repite. En el ocaso del perredismo en la capital, el número de delitos crece hasta llegar a los niveles registrados en el Gobierno del último regente, lo que ya preocupa la ciudadanía.

La seguridad es uno de los deberes básicos del Estado y en la ciudad es una de las principales tareas del Jefe de Gobierno. Es un error común pensar que la seguridad es un tema que compete exclusivamente a policías y Ministerios Públicos. Generar y mantener un clima de paz involucra a todas las instancias. Hasta hace poco, los Gobiernos electos democráticamente en la capital habían comprendido esto.

Durante el último Gobierno del PRI, se registraron en promedio 500 homicidios dolosos con arma de fuego al año. Esta cifra disminuyó con los Gobiernos democráticos, especialmente durante el periodo de Andrés Manuel López Obrador, donde este delito descendió hasta los 300 casos.

La baja en la incidencia delictiva conseguida por López Obrador se debe a múltiples factores que por supuesto involucraron a las instancias policiacas, pero fueron más allá.

El primer paso fue una decisión política del entonces Jefe de Gobierno. Se autoimpuso la disciplina de comenzar sus jornadas laborales a las 6:00 de la mañana para analizar con el gabinete de Seguridad Pública y Procuración de Justicia el comportamiento diario de la delincuencia. De esta forma, conocía diariamente los lugares y las horas con mayor conflictividad, lo que permitía afinar la estrategia y exigir resultados cada día.

Se crearon 70 Coordinaciones Territoriales para concentrar no sólo a los elementos de policiacos y a los jueces cívicos, sino también a representantes de Jefe de Gobierno, la Consejería Jurídica, Participación Ciudadana, y de las autoridades delegacionales.

En estas Coordinaciones también había reuniones diarias presididas por mujeres representantes del Jefe de Gobierno y en las que los vecinos podían plantear su problemática directamente a los mandos policiacos y al resto de servidores públicos. La estrategia funcionó y se complementó con los planes de desarrollo social, económico, vivienda, educación y cultura.

El mayor acierto de López Obrador fue asumir el problema y no caer en la salida fácil de minimizarlo. La seguridad es un tema prioritario y el gobernante de la ciudad no debe nunca renunciar a triunfar en esta batalla.

Para ello, lo primero que hay que hacer es ganar la percepción de que el Gobierno se ocupa de la seguridad y eso sólo se hace trabajando. Ese es el reto de la actual administración y de la próxima, también.

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