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Donald Trump y una nación que se siente discriminada

Ante ello, el Gobierno de México deberá sostener una postura clara y firme, en tres asuntos: el TLC, la repatriación de personas y la negativa de pagar por el muro.

Algunas verdades siempre han estado ahí y, a pesar de ello, en cierto contexto, éstas relucen tanto que hasta nuevas parecen. Una de ellas es que las personas que cruzan la frontera, en particular aquellas que no cuentan con documentos o buscan refugio, sin importar en qué parte del mundo lo hagan, se encuentran expuestas de manera reiterada a conductas xenofóbicas motivadas por un nacionalismo exaltado y mal entendido que detona, a su vez, conductas racistas.

Sin duda, Donald Trump nos ha aportado buenos ejemplos de la actualización de tales conductas y ha sabido capitalizarlas políticamente apoyado en el discurso de las supuestas amenazas a la seguridad nacional y las fuentes de empleo representan las personas extranjeras -con énfasis en cierta extranjería-.

Hoy, buena parte de México se siente discriminado, maltratado y ofendido por los  mensajes de odio hacia nuestra nación. Congruentes con tal sentimiento, hemos ofrecido argumentos con el ánimo de invalidar estos mensajes racistas y xenofóbicos. Son reiteradas las acciones orientadas a visibilizar las aportaciones sustantivas y positivas con las que la migración en general y la mexicana en particular, contribuyen a la economía y sociedad estadounidenses.

El mundo conoce y tiene ejemplos claros de la tragedia humanitaria que representa la separación de las familias con el impacto en el tejido social que esto conlleva. Aún así, los argumentos brindados no parecen tener resonancia en quienes apoyan la construcción del  muro y pretenden cargarlo a nuestra cuenta. Y es que quienes dicen “no quiero mexicanos/as indocumentados aquí y no quiero que intenten pasar ilegalmente”, ya han tomado su decisión.

Los documentos oficiales firmados por el Presidente Trump el 25 de enero y los días subsecuentes de este año relativos a la construcción del muro entre ambos países y la prohibición de ingreso a personas de diverso origen nacional a los Estados Unidos de América están claramente motivados por actitudes discriminatorias.

Tras el viraje en la política exterior de Estados Unidos hacia nuestro país, el Gobierno de México deberá sostener una postura clara y firme, aunada a una congruente capacidad de negociación respecto, al menos, a tres asuntos: el Tratado de Libre Comercio, la repatriación de personas sin documentos y la negativa mexicana de pagar por el muro. En tales intercambios diplomáticos, nuestro Gobierno deberá tener presente que la persona que encabeza el Estado vecino es un interlocutor que emprende conductas discriminadoras, al igual que gran parte de su electorado.

¿Qué es lo que debe hacer una nación cuyos integrantes han sido señalados por su vecino como criminales en una franca transgresión a principios generales del Derecho Internacional de los Derechos Humanos?

Se espera que muchas de las y los connacionales padecerán detenciones arbitrarias, entre otros abusos. Ante ello, tendrán que continuar las acciones individuales y colectivas para denunciar, evidenciar y señalar responsables, así como para solicitar medidas de protección, exigir medidas de no repetición y, en su caso, de reparación del daño.

Para ello, será necesario recurrir a las instancias nacionales, regionales e internacionales que haga falta, es decir, sistema judicial estadounidense, Comisión Interamericana de Derechos Humanos -en la medida en que sea posible dadas las limitantes de competencia para su país anfitrión- y, por supuesto, el Sistema de Naciones Unidas.

Es decir, se requiere y requerirá la solidaridad de la comunidad internacional a través de los mecanismos formales de denuncia, participación y sanción previstos en el andamiaje normativo e institucional que se ha construido con motivo de las peores consecuencias de actos de discriminación, racismo y xenofobia en el mundo.

No basta con las acciones internas que se anticipan para la recepción de nuestras y nuestros connacionales, como las políticas públicas y presupuestarias para su defensa y protección de todos sus derechos. Tampoco basta con las acciones emprendidas desde las representaciones consulares o por medio de la hermandad con Ciudades Santuario.

Ahora, hemos de exigir un trato igualitario en el exterior, de no hacerlo nuestra dignidad quedará ultrajada y habremos negociado pero seguiremos siendo un país discriminado por sus vecinos, será un terrible precedente para la configuración de las relaciones Norte-Sur. Ninguna negociación puede ser a costa de la dignidad, que nunca debe ser moneda de cambio.

2 Comentarios

2 Comments

  1. patricce dossetti

    Febrero 10, 2017 at 1:02 pm

    En total acuerdo, pues en verdad tenemos que reaccionar ante estos atropellos, no podemos permitir pisoteen nuestra dignidad.

  2. ramiro zapatero

    Febrero 10, 2017 at 1:14 pm

    Es una discriminación totalmente racista, y se esta actuando con mucha tibieza.

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