22 de Septiembre de 2017
Big Voces

¿Cómo reducir el tráfico?

Las pérdidas económicas por la congestión en las urbes se estiman entre 1 y 3% del PIB nacional dependiendo de la metrópoli.

En la Zona Metropolitana del Valle de México, los costos sociales, económicos, ambientales y otros derivados de la congestión vehicular son enormes. El incremento exponencial del uso del automóvil entre la población ha traído consigo miles de horas perdidas, toneladas de emisiones, así como accidentes, estrés, ruido y, en algunos casos, agresividad extrema.

Las pérdidas económicas por la congestión en las urbes se estiman entre 1 y 3% del PIB nacional dependiendo de la metrópoli, y mayor si se cuantifica la pérdida a partir del PIB local, el cual para la Ciudad de México se calcula en 4.6%.

Con este escenario y considerando que probablemente la cantidad de autos que circulan seguirá creciendo y que aumentar las vialidades no ha probado ser una solución muy ambiental ni muy efectiva, ¿no sería mejor plantearnos cómo administrar de manera más efectiva el espacio vial que ya tenemos?

Desde luego una parte de la solución es aumentar las opciones de modos más eficientes y sustentables de traslado como el transporte público de calidad, el uso de la bicicleta y el auto compartido. Sin embargo, la otra parte fundamental y sin la cual las ciudades no han conseguido reducir la congestión vehicular es paralelamente cómo desalentar el uso del carro. Dentro de las alternativas de políticas públicas para lograr esto, las dos que han mostrado mayor efectividad son la reducción del estacionamiento, así como el cobro por el uso de vialidades existentes.

¿Qué pasaría si, por ejemplo, en lugar de plantear la muy cuestionable idea de construir un segundo piso sobre el Viaducto, diseñáramos un mecanismo transparente y efectivo con el fin de cobrar por su uso a las horas pico, destinando los recursos recaudados para mejorar las opciones de transporte público que utiliza la mayoría de la población? Quizás, en la lógica política de corto plazo, cueste abrirse a la idea de proponer esta clase de prácticas (que, por cierto, ya se dan en muchas partes del mundo), aunque yo esperaría de los tomadores de decisión que estuvieran a la altura de la problemática que tenemos, como dijera Otto von Bismarck, que actuaran pensando no en una votación, sino en la próxima generación.

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