Jóvenes LGBTTTI más propensos al suicidio por miedo al rechazo

19 enero 2016 11:59 pm

Redacción El Big Data

Por:

Renovando la experiencia de informarte

La escuela es uno de los lugares más hostiles para la población LGBTTTI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgénero, Transexuales, Travestis e Intersexuales), alertaron expertos.

Un estudio realizado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) indicó que 62% de los adolescentes con orientación sexual distinta a la heterosexual piensan en el suicidio, contra 45.9% de los jóvenes “hetero”.

La organización Todo Mejora México atiende casos de chicos y chicas con depresión o víctimas de bullying (acoso escolar) con la intención de evitar situaciones de fatalidad, aunque no siempre lo logran.

Alex R Orué, su vocero, detalló que entre los años 2009 a 2015 ellos llevan un registro documental de al menos 13 casos de adolescentes LGBTTTI acosados, de los cuales 6 derivaron en la muerte de los jóvenes.

Las cifras ofrecidas por la UAM ponen el dedo en la llaga, pues muestra que 40% de los niños y adolescentes LGBTTTI sufren violencia física o verbal en la escuela contra 26% de otros menores agredidos.

Al parecer los más afectados son los varones identificados como gays, el Instituto Nacional de Salud Pública reportó en 2014 que 33% de estos jóvenes informó ser víctima de bullying homofóbico, a pesar de no ser homosexuales, entre las mujeres identificadas por sus compañeros como lesbianas,19% sufrió abuso o violencia.

Los adolescentes no se suicidan por ser gays, sino por miedo al rechazo

En entrevista con El Big Data Mx, Alejandro Aguilar Tejeda, director del Instituto Hispanoamericano de Suicidología, confirmó lo expuesto en cifras, dijo que uno de los factores que derivan en el suicidio de adolescentes es el miedo a las repercusiones por expresar abiertamente su orientación sexual o identidad de género.

Al iniciar este despertar sexual, este deseo de vinculación, empiezan a tener mucha angustia, mucho miedo, y trastornos de ansiedad, más que por la aceptación de su identidad, por los efectos, las repercusiones o la respuesta que pueda darse en su entorno”, detalló.

La edad de mayor riesgo es entre los 10 a 13 años, indicó el especialista. Por lo que padres y maestros deben poner especial atención en esta etapa para evitar que una situación de bullying homofóbico tenga un desenlace fatal.

La recomendación para los adultos que acompañan a las personas LGBTTTI en esta etapa de la vida es simple: “crear un ambiente de aceptación”, puntualizó Aguilar.

También es importante enseñar al menor a adaptarse, es decir, que entienda que vive en una sociedad predominantemente heterosexual y, por lo tanto, su conducta puede llegar a transgredir la visión y moral de otros.

Lo mejor es darles herramientas para entender su entorno cultural y defenderse del acoso, reportándolo o pidiendo apoyo, pero sobre todo hacerlos sentir protegidos, amados y aceptados.

Finalmente, advirtió que además de los múltiples factores que lo causan, las autoridades mexicanas no han implementado una política sanitaria de prevención del suicidio, a pesar de que esta problemática sigue reportando un número creciente de casos.

Según cifras del INEGI, la tasa de suicidios en México presentó una tendencia al alza entre 2000 y 2013, al pasar de 3.5 a 4.9 suicidios por cada 100 mil habitantes, 40% de los casos de suicidio se da entre jóvenes de 15 a 29 años.

Los casos

Gregorio, un muchacho trans de 19 años de edad que vive en el pueblo de Tlaltenco, delegación Tláhuac, contó a esta casa editorial que empezó a asistir a la escuela vestido de hombre al comenzar el bachillerato. Además de las burlas de sus compañeros, llegó a escuchar conversaciones de profesores que aseguraban sólo se trataba de una “chava marimacha”, lo que afectó mucho su autoestima y llegó a pensar en el suicidio.

Sí fue difícil, no para mí, porque no tardé mucho tiempo en aceptarme e informarme, pero para mi entorno sí”, recordó el joven.

Otro es el caso de Fernanda Garza, lesbiana de 24 años de edad que vive en Monterrey, Nuevo León. Cuando “salió del clóset” hubo una ruptura familiar, dejó la escuela, no tenía trabajo y sentía que su vida no valía nada.

Su padre le hizo ver que no había ningún futuro para una mujer como ella; le dijo que una lesbiana no iba poder formar una familia, se quedaría sola y sería infeliz, “¿Por qué quieres ser como ellos?”, le preguntó.

Entonces empezó a rondar por su cabeza la idea de terminar con su vida, inició “cortándose”; usaba cuchillos o navajas para marcar su cuerpo, en las noches sola en su cuarto empezó a escribir un libro.

Me ponía a escribir, otras noches a rezar… era un momento que en Monterrey empezó la ola de violencia muy fuerte, entonces le pedía a Diosito que me pusiera en medio de una balacera…”, contó.

Un día Fernanda salió de casa, le dijo a su mamá que iría a la tienda, subió a un puente peatonal, trepó la reja y estuvo aproximadamente una hora pensando en lanzarse al flujo vehicular, aunque la gente le pitaba tal vez en señal de ayuda, nadie se detuvo a impedir que se suicidara. Finalmente no lo hizo.

A partir de entonces, decidió enfocar sus esfuerzos en regresar a la escuela e involucrarse en el movimiento LGBTTTI, lo que la ayudó a darse cuenta que no había nada malo en ella y que podría ser tan feliz como otros jóvenes.

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