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Cuantificar a las lesbianas, un arma de doble filo

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Estudios de este tipo no tienen un sentido práctico de hecho identificar la orientación sexual de las mujeres las pone en riesgo de sufrir episodios de acoso, discriminación o violencia.

¿Sirve etiquetar a las mujeres a partir de su orientación sexual? Según expertas en la materia, no tiene utilidad alguna y de hecho resulta peligroso hacerlo.

En entrevista con El Big Data Mx, Olivia Rubio Rodríguez, coordinadora de Asesores de la Comisión de Derechos Humanos del Senado de la República, dudó de la utilidad social de estas investigaciones.

Incluso no lo consideró necesario para generar políticas públicas específicas, pues las mujeres son individuos y como todas las personas merecen que el Gobierno garantice respeto a sus derechos humanos, ese debe ser el punto del que partan nuevas iniciativas, no de la orientación sexual.

Un estudio publicado el año pasado por la Universidad de Essex, en Reino Unido, determinó que la mayoría de las mujeres son bisexuales o lesbianas; sin embargo, Rubio dijo que en ese estudio británico se midió la respuesta sexual de las mujeres, y sólo se enfocó en la excitación objetiva sin tomar en cuenta la parte subjetiva.

“Me parece que es un estudio cuantitativo y no cualitativo. La sexualidad humana se determina por una multiplicidad de factores”, abundó.

Al ser muchos y de distintos orígenes, los factores que intervienen en la orientación sexual de las mujeres resultan casi imposible medirlos todos y mucho menos relacionar sus efectos, indicó.

Recordó al biólogo, Alfred Kinsey, quien ya en 1953 publicó el trabajo Conducta sexual en la mujer, aplicando su famosa escala, en la cual se indicaba el grado de orientación sexual de una persona a partir de siete comportamientos sexuales básicos. Concluyendo que las mujeres se mueven entre este espectro de muy distintas maneras.

El trabajo de Kinsey sobre las mujeres resultó de la aplicación de un primer estudio sobre la sexualidad masculina publicado en 1948.

En ese entonces el científico argumentó: “El varón no es quien representa estas dos poblaciones distintas, heterosexual u homosexual. El mundo no puede ser dividido entre cabras y ovejas”, lo cual aplica también a las mujeres.

Además se debe tener en cuenta que las respuestas a preguntas como “¿cuál es tu orientación sexual?”,”¿te gustan hombres o mujeres?”, están sometidas a la influencia que la sociedad ejerce sobre las personas.

Lo que la sociedad espera del comportamiento de una mujer es otro de los factores que influye, el lesbianismo es más aceptado en ciertos ambientes, como el urbano de Londres o Nueva York, pero en México aún en la capital es un tema tabú.

Por su parte Yania Cordova, médico forense y lesbiana defensora de los derechos de familias diversas en México, refirió que los estudios parten desde cuestiones muy subjetivas.

“Te puedo decir como médico que es fácil que cualquier persona se pueda estimular independientemente del género, del sexo y de cómo manifieste su sexualidad”, indicó.

Si los estudios o encuestas se basan únicamente en la cuestión fisiológica eso no tiene nada que ver con la orientación.

Para Cordova, estudios de este tipo no tienen un sentido práctico ni para visibilizar a las lesbianas, mucho menos para sumar esfuerzos a la lucha por el respeto de sus derechos.

De hecho identificar la orientación sexual de las mujeres las pone en riesgo de sufrir episodios de acoso, discriminación o violencia, alertó.

Sobre si el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) o alguna otra dependencia deba cuantificar a las lesbianas de México, Cordova opinó que no lo ve como un asunto realmente prioritario, pues en todo caso las cifras de los censos pueden servir para implementar políticas públicas y esas políticas deben ir dirigidas a toda la población, independientemente de a qué colectivo pertenezcamos, dijo.

Además se debe respetar el derecho de las lesbianas y gays a permanecer en el “clóset”, pues también la privacidad debe ser algo que autoridades y sociedad garanticen a cada uno de sus miembros.

“Va a ver una contabilización de quien se asume como gay o lesbiana y los que no se asumen no dejan de ser gays o lesbianas, y ellos también existen y merecen los derechos que todos debemos tener como personas”, recalcó Cordova.

Reconoció que México es un país misógino, machista, en el que las mujeres están “fregadas”, etiquetadas por todo.

“Si da miedo estar en un país en donde ser mujer es un factor de riesgo para morir, entonces ya le agregas otros rubros en los que te van etiquetando es como desgajar la naranja y quedamos siendo nada”, lamentó.

Los bajos porcentajes de autoidentificación con lo homosexual o bisexual  puede responder a que las categorías de “homosexual, bisexual y lesbiana” están cargadas socialmente de contenido negativo e institucionalmente impera la discriminación hacia las personas que se aceptan como tales, concluyeron los investigadores de la UNAM y el Injuve.

Cómo deberían ser los estudios de diversidad

Los estudios sobre diversidad sexual deberían entonces más que señalar a las personas LGBT, dirigirse hacia la aceptación de estas personas entre la sociedad predominantemente heterosexual.

Como el que hizo la Alianza Gay y Lésbica contra la difamación (GLAAD por sus siglas en inglés) quien publicó su más reciente reporte de Aceptación Aceleración 2016.

Los datos que destaca son desde la opinión de los heterosexuales, población no vulnerable quienes pueden expresar su opinión libremente, sin temor a represalias, incluso aunque tengan un punto de vista calificado como homofóbico.

Entre los resultados encontrados por GLAAD están que en 2014, 36% de los encuestados se sintieron “muy incómodos” al ver a una pareja del mismo sexo tomados de la mano, para 2015 ese porcentaje bajó a 29%.

En 2014 32% de los encuestados se sintieron muy incómodos al enterarse que uno de los miembros de su familia era LGBT, esto cambió a un 27% de los encuestados para 2015.

Y así en otros aspectos, todos reflejaron una evolución positiva sobre la aceptación de la diversidad sexual en Estados Unidos, sin poner en riesgo la privacidad de los miembros de la comunidad LGBT aún considerados un sector social vulnerable a nivel internacional.

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