08 de Diciembre de 2016
City

Recibe Mixquic a sus difuntos entre la lluvia y el misticismo

mixquic

Con pan de muerto, chocolate y una lluvia que no cesó, los habitantes de Mixquic, en Tláhuac, recordaron a sus muertos en el panteón del lugar

A pesar de la inusual lluvia, los pobladores de Mixquic –como la marca la tradición– rindieron un digno homenaje a sus fieles difuntos, en la tumbas del emblemático panteón, que de nueva cuenta se pintó de amarillo  con las flores de cempasúchil.

El pueblo originario de la delegación Tláhuac, se impregnó del olor de los anafres, flores y frutas que llevaron consigo cientos de habitantes,  que limpiaron y adornaron los sepulcros de sus seres queridos, que como cada año montaron una guardia durante toda la noche.

Sin embargo, este Día de Muertos sería diferente, pues la lluvia tomó por sorpresa a propios y extraños y arreció casi a las 18:00 horas, cuando los oriundos de San Andrés comenzaban a encender las velas de más de un metro de largo.

Aunque eso no impidió que la gente llegara, ya que decenas de personas abarrotaron el lugar con un único objetivo: presenciar cómo Mixquic le rinde homenaje a sus muertos, y no decepcionó.

La noche cayó y con ella el ambiente se iluminó con las veladoras, el humo que se desprendía de los anafres inundó la atmósfera, mientras que cientos de adultos de la tercera edad, jóvenes, adultos e incluso niños se resguardaron entre las tumbas.

Fue entonces cuando los pobladores reclamaron  su papel de protagonistas y convirtieron el panteón en un santuario; mientras, en los alrededores decenas de veladoras alumbraban el camino a los turistas y residentes de la zona.

Al fondo, la parroquia lucía a su máxima capacidad, la lluvia iba y venía, un ritual que según los colonos es una analogía de las almas que regresan al mundo terrenal para luego irse, no sin antes visitar a sus familiares.

Al exterior del panteón, comercios formaron un pasillo directo al lugar sagrado de las ánimas, quienes vendían de todo, desde los típicos tacos al pastor, el pozole y el atole, hasta pizza y cortes de carne.

“¡Llévele!, ¡barato!, ¡pásele!, aquí damos lo mejor”, gritaban algunos dueños de los negocios de comida, mientras que otros ofrecían máscaras de zacate, calaveras artesanales y un ropa típica del lugar.

A  las 21:00 horas el panteón tanto a las afueras como al interior se encontraban a su máxima capacidad y la lluvia se hacía presente de nuevo, lo que originó que el caminar de las personas en el sitio fuera  lento.

Pero eso no los desanimó, las campanadas a esa hora marcaron la llegada de los fieles difuntos, que como cada año arriban al santuario que les preparan sus familiares, así como la comida que les dejan como el tradicional pan de muerto, mole y chocolate.

También lucía la tierra y el piso del panteón, pues se encontraba pintado de amarillo con diversas figuras, calaveras y simbolismos, esto de acuerdo a las creencias, para que a su llegada, los muertos  no desviaran su camino, ya que es ahí donde habita la muerte.

En ese lugar se hizo presente la famosa “Alumbrada” donde se les conmemora a los que ya no están en este mundo terrenal.

Y es ahí, desde hace mucho tiempo, que se reforzó una tradición milenaria que no dejan morir los pobladores de Tláhuac y que lo trasladan a las nuevas generaciones, para seguir homenajeando a los muertos.

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