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Panteón de San Lorenzo Tezonco, lugar de rituales y cantos

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Los panteones de la capital tienen su magia, los recuerdos y las tradiciones florecen mientras esperan que los muertos regresen este dos de noviembre

La flor  “de los cuatrocientos pétalos” o cempasúchil, nubes, terciopelos, crisantemos; agua, comida, pan, vino, ceras, sahumerios humeantes de copal, mirra e incienso; rezos, cantos y música, son algunos elementos que conforman la tradicional celebración de Día de Muertos, en el Panteón Civil de San Lorenzo Tezonco.

Este camposanto es de los más grandes de entre los diez que tiene la delegación Iztalapalapa. Arraigado en el corazón de uno de los 16 pueblos originarios de la Ciudad de México, se caracteriza por contener al antiguo Panteón Vecinal, donde está la milagrosa capilla de El Pocito.

A pie o en automóvil cientos de familias se dan cita el uno y dos de noviembre para visitar a sus “santos difuntos” y honrar su recuerdo; dar mantenimiento y adornar con flores y velas las tumbas, mientras se reza, platica, canta, bebe y come.

La familia Chávez Ibáñez visita año con año la tumba de quien en vida fue el padre de nueve hijos. Para ellos, es tradición asistir al antiguo panteón del pueblo originario Tezonco con sus esposas e hijos para que la señora, viuda de Chávez, se encuentre con su difunto esposo.

Mientras Juan Manuel Chávez Ibáñez arrulla a su nieta comparte con El Big Data Mx que ya es una tradición llegar temprano a visitar la tumba de su padre, pues cada uno de los nueve hermanos lleva flores y ceras y ayuda a limpiar la cripta.

Además detalla que le ofrecen una misa en la capilla de El Pocito a la una de la tarde cada Día de Muertos para pedir por el descanso de su alma.

A pesar de compartir elementos de una tradición sincrética, mezcla de creencias españolas y prehispánicas, como flores, pan de muerto o velas, los capitalinos muestran una diversidad cultural para adorar a las personas que ya no están en vida.

Para María de Jesús Delgado este día es una tradición heredada de familia en familia, de generación en generación, que se va arraigando en sus creencias.

En compañía de su hermana, la señora María asiste al Panteón de San Lorenzo para limpiar el nicho donde descansan los restos de su cuñado. La elegante capilla con terminación en maderas y mármol muestra la imagen de un señor mayor sonriente con su recuerdo.

“Si uno lee la palabra de Dios entenderá que cuando llega la muerte es como un sueño profundo que llega y descansa la persona, sin pesadillas ni perturbaciones donde El Ser Supremo llega a salvarnos. Yo pienso que cada vez que mientras recordemos a nuestros difuntos, estarán presentes entre nosotros, sólo mueren cuando se olvidan los recuerdos”, asegura.

Los pasillos del panteón resuenan con Amor eterno, La nave del olvido, Cuatro cirios, Cruz de Madera,Canción Mixteca, Cucurrucucú Paloma, Camino de Guanajuato y demás canciones interpretadas por norteños y tríos.

Como cada año, el grupo norteño “Relámpagos” se dio cita para amenizar los recuerdos de la personas que asisten al camposanto. Mientras descansan y aprovechan para comer un taco, comentan que este día trabajan para complacer el deseo de los dolientes.

Rubén de la O dice que las piezas que pide la gente varían, pero melodías de José Alfredo, Jiménez, Vicente Fernández, Chalino Sánchez, Javier Solís ente otros, son siempre preferidas.

Entre los norteños y tríos los precios varían ya que pueden ir de los 50 a los 70 pesos por pieza y por hora pueden cobrar hasta 1800 pesos.

Los carros y las pipas no dejan de llegar, mientras policías de tránsito y personal de la delegación coordinan el tránsito y a quienes se quieren estacionar para comprar flores o contratar a un panteonero para limpiar las tumbas.

Iván Mayén, es un joven trabajador del panteón. Él llegó desde las siete de la mañana y regularmente sale a las seis de la tarde, pero sabe que este día es para irse ya pasada la noche.

Este joven veinteañero comenta a esta casa editorial que su oficio viene de familia, pues recuerda que sus abuelos trabajaban también en el cementerio de San Lorenzo.

Detalla que el negocio de ellos es arreglar las tumbas, cortar las plantas y césped y ayudar a acarrear agua a las personas que la solicitan. Una pipa les distribuye el agua por un costo que va de los 40 a los 60 pesos y ellos cobrar 10 pesos por un bote de 20 litros. Además cobran de 30 a 50 pesos por cortar y lavar una cripta.

En cada esquina de las decenas de pasillos que conforman el panteón civil se observan patrullas y oficiales uniformados debajo de un árbol que da sombra ante la inclemencia del Sol. Los oficiales de la Secretaría de Seguridad Pública capitalina indican que todo se desarrolla sin pormenores mientras bromean y beben sus aguas.

Sin embargo, José Emanuel Montesinos,  enfermero del Servicio Médico de la delegación, que junto a un Centro de Hidratación atiende a los feligreses, declara que los percances que más se presentan son deshidratación, dolor de cabeza, hipertensión.

Comparte que sólo atendió a tres personas de la tercera edad: una persona que se cayó y abrió la ceja cuando cargaba cubetas con agua; otra a la que se le atendió para aliviar su dolor de cabeza; y otra señora a la que se le subió la presión.

El sol baja y las nubes comienzan a cubrir el cielo al Oriente de la capital, en los linderos de Iztapalapa y Tláhuac, mientras la gente llega y se va, muertos que llegan para que los entierren otros que son esperados mientras la noche llega iluminada con velas.

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