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Mixquic celebra Día de Muertos con Alumbrada

Panteón de Mixquic 2015-7

Cientos de familias del Distrito Federal y del interior de la República Mexicana se dieron cita en el emblemático panteón de Tláhuac para observar como el pueblo de Mixquic le rindió tributo y homenaje a sus muertos.

El panteón de San Andrés Mixquic fue el santuario predilecto de miles de creyentes quienes rindieron homenaje a sus seres queridos que ya no están en este mundo, como parte de las celebraciones del Día de Muertos y con ello reafirmar una de las tradiciones más representativas de la sociedad mexicana.

 

En uno de los pueblos de la delegación Tláhuac la fecha se conmemoró  de manera diferente al resto de la Ciudad de México, como cada año miles de personas asistieron al panteón para rendir tributo a sus familiares que fallecieron.

Con un panteón tapizado por flores de cempasúchil, los habitantes de Mixquic -como lo marca la tradición mexicana- recibieron a sus santos difuntos, quienes alimentaron esta tradición milenaria con la colocación de anafres, cirios y flores  a lo largo del mítico lugar.  

Los oriundos de la zona impregnaron la atmosfera de misticismo y devoción al llenar las calles de ofrendas, emularon a la muerte con maquillaje de catrinas  y buscaron lo risible en los animales al disfrazarlos de algún personaje afín a la festividad.

Cientos de personas arribaron al lugar atraídos por la fama en que Mixquic le rinde tributo a sus muertos.  Desde lejos se apreciaba una catrina gigante que daba la bienvenida y un anuncio que acogía a sus visitantes con la leyenda de Mixquic.  

Al filo de las seis de la tarde, personas de la región encabezados por gente de la tercera edad comenzaron su andar hacía el panteón, portando cirios de más de un metro y flores de  cempasúchil que invadían las calles de amarillo.

Su marcha era lenta pero impresionaban a propios y extraños, como cada año, la tradición les exigía respeto y mesura. Una hora más tarde el manto de la noche cubrió el cielo de Mixquic, entonces las veladoras y globos de Cantoya reclamaron su protagonismo en el acto.

El camposanto de San Andrés arrebataba miradas a los curiosos y pobladores de la zona quienes desfilaban alrededor y entre las tumbas de sus familiares; algunos rendían homenaje a sus seres queridos rezando en silencio.

Otros, más despreocupados yacían sentados a un costado de la tumbas, platicaron con sus familias, rieron  y hasta tomaron pulque, pues para ellos el Día de Muertos es una celebración y no un día de luto y reposo.

Sin embargo, no sólo los adultos oraban, sino también los niños, quienes aseguraron que  con el fin de  mantener y continuar con la tradición de sus antepasados estuvieron dispuestos a estar toda la noche en la tumba acompañados de sus familiares.    

La noche cayó y cada delimitación de tierra del panteón se convirtió es un espacio de rezo y añoranza, varias familias siguieron el rito con disciplina y los anafres continuaron ardiendo hasta la madrugada.

Julia y Valeria, habitantes del pueblo de Mixquic, aceptaron que este día es muy especial, ambas perdieron a su padre hace dos años, pero era la  primera vez que montaban una guardia alrededor del sepulcro.

Quisieron tener la certeza de que su padre tendría un buen viaje durante su arribo a este mundo, al menos admitieron que  sintieron que podían estar con él en este día del año, por ello le regalaron de ofrenda pulque y agua-chile que tanto le gustaba en vida.

Ambas mujeres, como la mayoría de la gente adornaron la tumba de su padres con flores de cempasúchil, un anafre al centro de la lápida que mantuvieron encendido toda la noche; cirios y veladoras a los costados, parte de la tradicional “Alumbrada” y por supuesto una pequeña ofrenda en honor a su padre.

Otras familias -a la vieja escuela- con murmullos apenas perceptibles, se observaba que platicaban  con las lapidas, en un intento de comunicación con sus padres, abuelos e incluso hijos que habían muerto.

Oraciones y rezos invadían el panteón de Mixquic, el asombro era notable para los que  visitaron el lugar por primera vez, el humo de los anafres invadía el aire de la zona, el olor a pan de muerto y el color de las flores ofrecieron un espectáculo único a todo aquel que se encontró en el santuario de los muertos.

Sin embargo, el enojo para algunos de los  pobladores fue  observar personas disfrazadas de zombis y monstruos que recorrieron el panteón, aunque  para las nuevas generaciones la mezcla estas dos fechas empieza a ser inseparable.

Aunque cada familia, poblador y visitante recibió el Día de Muertos de manera diferente, las costumbres y tradiciones del lugar se mantuvieron intactas al respetar el ritual de las 12:00 Horas y montar una guardia toda una noche ante la llegada de sus familiares este mundo terrenal.

Muchas personas  catalogaron a este día como mágico y que sigue traspasando los límites de la mente humana o al menos trata de hacerlo por lo místico que inyectan lo pobladores de la zona.

La fiesta y conmemoración se llevó sin ningún conflicto entre los residentes de la colonia, a diferencia del año pasado, el panteón de Mixquic sin contratiempos y fiel a su estilo recibió a miles de los santos difuntos que llegaron a visitar al menos por un día a sus familiares.

 

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