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La transexualidad, entre el lujo y discriminación

A pesar de los avances jurídicos y científicos, lograr una reasignación sexo-genérica en la capital del país es todo un viacrusis…

Y es que las personas transexuales no sólo se enfrentan al estigma social sino también a una constante violación de sus derechos humanos en lo que es considerada la “Ciudad de las Libertades”.

Veamos:

Para que una persona transexual se les reconozca su nueva identidad, son sometidas a ¡un peritaje! Afín de corroborar que se realizó el cambio de sexo, lo cual, de acuerdo con la Declaración Universal de los Derechos Humanos es una conducta degradante.

En México, este procedimiento tiene un alto costo económico, pues tan sólo el abogado que realiza el peritaje cobra alrededor de 60 mil pesos, a lo que se suman gastos en los procedimiento médicos y quirúrgicos, por lo que muy poco pueden tener acceso a una reasignación sexo-genérica.

Las personas transexuales son hombres y mujeres que nacieron con un sexo biológico con el cual no se identifican; su deseo es adquirir el sexo opuesto.

Gustavo Robledo Aguayo, jefe de la Unidad Departamental del Juzgado Central del Registro Civil del DF, detalló a El Big Data Mx que actualmente es necesario que los solicitantes apliquen su rol de género.

“Se tienen que ver físicamente como mujer (mujer trans solicitante) o como hombre (hombre trans solicitante)”. Esto implica incluso verificar si las personas transexuales ya se han sometido a procedimientos quirúrgicos.

Sin embargo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículos 6 y 7, señala que “Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica” y que “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”.

Desde 2009, cuando se aprobó la Ley de Identidad de Género en el DF, hasta la fecha, 199 personas han realizado el cambio ante el Registro Civil.

Esta estadística contrasta con el número de casos atendidos en la Clínica Condesa, dependencia del Gobierno del DF encargada de atender casos específicos como el tratamiento de hormonas para las personas transexuales, detección y tratamiento de VIH-SIDA, entre otros, ya que en el mismo periodo ha atendido mil 109 casos, de los cuales son 943 mujeres transexuales y 142 hombres transexuales.

Aunque ambos servicios son públicos, el del Registro Civil resulta inaccesible para el grueso de la población trans, pues su situación económica, en la mayoría de los casos es desfavorable al no contar con los recursos para pagar un abogado, y mucho menos, los peritajes.

Los solicitantes han llegado a desembolsar unos 60 mil pesos en gastos de abogado y peritajes, según la versión de Gustavo Robledo Aguayo, jefe de Unidad Departamental del Juzgado Central.

En el caso de la Clínica Condesa el servicio médico es gratuito, pero sólo contempla el tratamiento hormonal, mientras que las cirugías de cambio de sexo que se requieren para solicitar un acta de reasignación sexo-genérica se elevan significativamente.

“Aquí, un grupo de expertos determina si una persona presenta las características médicas y psicológicas de la disforia de género”, dice Luis Manuel Arellano, director de Vinculación e Integración Comunitaria.

Afirma que no en todos los casos es posible autorizar el tratamiento hormonal, “se necesita verificar por medio de un protocolo que los solicitantes son en realidad personas trans, el departamento de Salud Mental es el responsable de dar el visto bueno”.

Al respecto, el sexólogo Luis Perelman advierte que el cambio de sexo para las personas transexuales no es un “capricho”, sino una condición de vida y la reasignación sexo-genérica les permite contar con documentos oficiales que reconozcan el sexo con la que se identifican.

El pasado 13 de noviembre la Asamblea Legislativa del DF (ALDF) aprobó la reforma a los Artículos 35, 134, 135 Bis, 137 y 138 Bis del Código Civil por los que se da reconocimiento a la identidad de género de los habitantes de la Ciudad de México, pero aún no son publicados en la Gaceta Oficial, por lo que aun no entran en vigor.

Con las nuevas disposiciones ya no será necesario el peritaje y el procedimiento para solicitar una reasignación de género, sólo se requerirá presentar una solicitud de cambio en el acta de nacimiento.

Si el GDF publica estas reformas, se prevé que el número de solicitantes de cambio de actas de nacimiento aumente exponencialmente.

Es así como el Registro Civil se dice completamente preparado para recibir el aumento en la demanda del servicio, además de que cuenta con la experiencia y capacitación para atender a miembros de la Comunidad LGBT, según indicó Robledo Aguayo.

La doble discriminación

Los transexuales son uno de los grupos sociales más vulnerables. Quienes deciden hacer visible su transición sufren la discriminación desde diferentes frentes: el laboral, el personal y hasta el familiar.

Quienes más padecen las consecuencias de la fobia son los trans de menos recursos económicos y que cuentan con menor apoyo familiar; esta situación los orilla a ejercer trabajos como el de la prostitución, con mayor frecuencia en el caso de las mujeres transexuales.

Por eso la alternativa es vivir la transexualidad en el clóset, al menos en lo laboral. Este es el caso de Joanna Paula García, quien nació en el seno de una familia acomodada en la Ciudad de México en la década de los 50’s.

Joanna se presenta diariamente a su lugar de trabajo vestida como varón -sexo biológico con el que nació-; trabaja como ingeniero en programación y su jefe y colaboradores le dicen “ingeniero”.

Las horas en el trabajo pasan lentas para Joanna, dice que aunque le gusta mucho lo que hace, el hecho de tener que comportarse como hombre cuando su identidad es la de una mujer, simplemente la devasta.

Antes de su actual empleo, Joanna intentó encontrar trabajo identificándose como mujer pero en poco tiempo se dio cuenta que eso sería muy difícil. “Voy a tener que buscar en el rol masculino, en el rol femenino es complicado”.

Y cuenta que las empresas la recibían y le hacían todas las pruebas sólo para negarle el empleo argumentando que no cumplía con el perfil, para ella ésto sólo es una forma de disfrazar la transfobia laboral.

Joanna debe esperar a salir del trabajo y llegar a su casa para ser ella misma. Cabe mencionar que en su caso no pudo acceder al tratamiento hormonal, pues cuando asistió a la Clínica Condesa, al iniciar su proceso de transición, los médicos le informaron que al padecer Lupus no era candidata para recibirlo.

Ella aceptó el diagnóstico. Sobre todo porque no sentía la necesidad de modificar su cuerpo; someterse a cirugías y otros tratamientos estéticos, además del hormonal.

Lo que hace Joanna al llegar a casa y en sus días libres es utilizar vestidos, faldas, calzado femenino, joyas, aretes, esmalte de uñas y otros accesorios; pero además es cuando puede actuar con libertad; habla como mujer.

Se mueve y hace ademanes que revelan su verdadera personalidad. Es así como a ella le gustaría integrarse a la sociedad, y de hecho lo hace parcialmente, hasta donde se lo permite la sociedad.

Actualmente pertenece a un coro de mujeres que todos los fines de semana se presenta en un lugar del Centro Histórico, no obstante nadie en su trabajo sospecha que el exitoso ingeniero de programación es por dentro, una mujer.

Los transexuales necesitan cambiar datos como el nombre y sexo en su acta de nacimiento para así obtener otros documentos oficiales como credencial de elector, pasaporte o título profesional, entre otros, que incluyan la información oficial y que coincida con su identidad de género, pero mientras eso no pase, la discriminación será su eterno acompañante.

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