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Falta de mercado, problema de nopaleros de Milpa Alta

 Los pequeños productores de nopal en Milpa Alta se quejan de falta de mercado y del precio tan castigado que tiene la planta ancestral en México

Eduardo Suárez

La falta de apoyo para la comercialización nacional e internacional del nopal es una de las problemáticas que más afecta al desarrollo económico de los pequeños productores de Milpa Alta, externó Moisés Alva, quien desde hace más de 40 años siembra y cosecha este vegetal con su familia.

En el Centro de Acopio de Nopal y Verdura de Milpa Alta, inaugurado desde el 2000, diariamente arriban más de mil pequeños productores para abastecer a comerciantes de mercados y tianguis de la Ciudad de México.

De 3 de la mañana a 3 de la tarde, los pequeños productores ofertan nopal, verduras, pulque, entre otros alimentos de una de las demarcaciones de la capital que mantiene una rica variedad en flora, fauna y producción agropecuaria.

La familia Alva, como la mayoría de los campesinos, no tiene más de cinco hectáreas, donde cultiva el nopal con la ayuda de una plantilla de seis o más trabajadores, dependiendo la temporada, ya que en invierno la producción disminuye al 50 por ciento.

Y es que una hectárea de tierra, diez mil metros cuadrados, llega a producir 15 cajas diarias con 100 nopales cada una. A la semana estaríamos hablando de 105 cajas con una producción de 10 mil 500 nopales. Sin embargo cuando hace frío en los meses de diciembre y enero, no llegan a los cinco mil nopales producidos semanalmente.

El señor Alva enfatizó que su precio en el marcado es pobre, ya que por una caja de 100 nopales con espinas se paga a 20 pesos, ya que los compradores la adquieren la mano del productor.

Explicó que el nopal con espinas es el que encajonan ellos para la venta, porque hay personas que cobran 15 pesos por pelar una centena de nopales.

El proceso que se necesita realizar el sembrado por cercos para que una penca de nopal de retoños. El tiempo de espera es de más o menos un año, indicó el nopalero, pues primero se necesita que la planta madure y una vez que crezca se despenca, esa penca se deja orear una ocho días.

En su caso, indicó, la tradición de la siembra de nopal ha ido disminuyendo, ya que en la familia Alva la componen cuatro personas: su esposa que es jubilada, sus dos hijos que uno trabaja y otro estudia, y él, quien sólo se dedica a la producción del nopal con la ayuda de trabajadores.

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