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El circo está de luto… dan el último aplauso a sus animales

Entre aplausos y gritos que pedían seguir con el espectáculo, se despidieron los tigres, los caballos, los ponis, los monos; algunos asistentes prometen volver aunque ellos ya no estén

El fascinante mundo del circo, está de luto. Es la última función en la que tigres, caballos, llamas, ponis, hipopótamos, monos, camellos y más animales serán el centro de atracción; los aplausos para ellos se acabaron.

A partir del 8 de julio de 2015 empieza una nueva era para el espectáculo circense en México, aunque para quienes viven dentro de la carpa, trabajan en una jaula y viajan de pueblo en pueblo, la era del circo terminó.

Una ley general prohíbe en todo el país el uso de animales silvestres en espectáculos de circo, quien no acate la nueva disposición será multado.

Una fila de gente espera ingresar a ver la función del circo de los Hermanos Cedeño, la última con animales y por la que pagan 30 pesos por niño o adulto por un lugar en gradas con asiento de madera; 50 en luneta con silla de plástico o 70 pesos en palco con silla de plástico pero patas de metal.

¡Primera llamada!

El circo está ubicado en los límites de ciudad Nezahualcoyotl y el municipio de Chimalhuacán en el Estado de México, en la avenida Bordo de Xochiaca, rodeado de zonas marginadas y de evidente pobreza, o al menos eso se aprecia al ver casas improvisadas con láminas de cartón, hules como techo y niños cubiertos de suciedad que corren por ahí junto a uno que otro perro que los custodia.

El circo fue instalado en piso de tierra, hay lodo porque es temporada de lluvia;  al fondo de la carpa principal está la de los animales, cualquier persona puede acercarse, pero no demasiado porque los más feroces imponen  y los pacíficos quieren tener contacto humano.

Uno de los tigres dormita patas arriba, un jaguar vigila mientras el camello parece que posa para las fotos, se luce, va y viene con su gran joroba y se acerca, sube y baja la cabeza, se contonea. Una de las llamas tiene ojos enormes, negros y brillosos, se deja tocar.

“Primera llamada”, anuncia una voz anónima y el público está listo para ingresar. Dentro el ambiente es otro. Manos se mueven, cargan cajas, acomodan refrescos, el queso para los “nachos” está listo. Los maíces truenan y ya huele a mantequilla.

No hay muchas sonrisas  porque no hay razón esta noche. Elba Gutiérrez ha vivido en ese circo por 16 años, su familia de sangre está ahí, al resto los ha adoptado como tal porque ese es el efecto del circo, dice la mujer mientras acomoda los totopos en pequeñas charolas.

Elba dice que no está enojada; luego revira. “Sí, sí estoy enojada, un poco”; se arrepiente y dice que más bien está triste y preocupada. “No sabemos qué va a pasar, la gente viene, pregunta si hay animales y si no hay se va”, cuenta.

“Segunda llamada”

“Segunda llamada”, dice la voz e invita a los asistentes a comprar palomitas calientitas, refrescos fríos y algodones de azúcar; sin olvidar las manitas aplaudidoras, las flechas luminosas y las espadas de La Guerra de las Galaxias, con pilas incluidas totalmente gratis.

La gente se acomoda, alrededor de 150 personas están listas para ver, aplaudir y reír en el circo.

“Tercera llamada y comenzamos”, dice la voz con tono alegre y le sigue un aplauso del público para el domador, quien ad hoc al momento viste de negro. Es Junior, así lo conocen, su nombre es Víctor Hugo Herrera y es la segunda generación en su familia que se dedica a domar animales.

Seis tigres lo obedecen, el que no lo hace es reprendido con voz fuerte  y el movimiento de un fuete,  que produce un chasquido y el tigre regresa a su posición, ocasionalmente enseñan los colmillos.

Junior les habla a los tigres con palabras “cariñosas”. “Bonito, preciosa, chiquito, siéntate por favor, acostadito”, los llama por su nombre: Kafú, Román y Samurai; Camila, Zimba y la más bonita, dice, Thalía.

Los tigres presentan el show, se paran en dos patas, se  sientan en fila, saltan aros con fuego y chocan la mano del domador. “Es la última noche, la noche más dura de mi vida en 25 años, la más dura”, dice Junior y pide un aplauso para sus artistas: los tigres. Aunque también ha domando elefantes y caballos.

El domador le agradece al Partido Verde Ecologista de México (PVEM), principal promotor de la prohibición de animales en circo, haberlo dejado sin empleo y le dedica su presentación en la que cada uno de los seis tigres lo obedece y se sienta en el centro del escenario, sin golpes, sin maltrato.

Y la función… debe continuar

El público le pregunta al domandor desde las gradas a dónde irán los animales y la respuesta es contundente: “no lo sé, no hay un lugar a donde vayan y si se los llevan se van a morir”, advierte.

El público grita “sí al circo con animales”, “que no se lleven a los animales” “queremos al circo”.

Entre los asistentes está Susana Quiroz, quien lleva a su hija, asegura que la nueva ley es un buen paso para evitar el maltrato animal, la mujer promete volver y espera ver un mejor espectáculo ya sin animales.

Al domador de tigres le dolía el corazón, igual que a Armando Cedeño, también a Héctor quien vende algodones de azúcar  en el circo en cada función y a Elba quien no puede ocultar la tristeza de lo que los cirqueros llaman “una batalla perdida”.

Se estima que hay alrededor de cuatro mil animales en diferentes circos que se presentan en la República Mexicana, al menos 70 domadores de animales y se han perdido al menos dos mil empleos.

Pero como siempre y como ellos dicen “en el circo la función debe continuar”.

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