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Cobijado por el amor de su gente, Juan Gabriel partió a la eternidad

Después de casi 48 horas en que el pueblo se volcó al palacio de Bellas Artes para despedirlo, Juan Gabriel partió a la eternidad

Minutos antes de las diez de la noche de hoy martes, con un coro de miles de voces que cantaban “Amor eterno”, quizá una de sus canciones más representativas, la carroza con las cenizas de Juan Gabriel abandonó la que fuera su última capilla ardiente, el Palacio de Bellas Artes.

El homenaje popular que la Ciudad de México ofreciera a uno de los artistas más queridos, llegaba a su fin.

Después de casi 48 horas de permanecer abierto para que miles de admiradores, llegados de todas partes pudieran dar el último adiós al artista, el palacio de mármol blanco cerró sus puertas.

Cobijado por el amor de la gente que lo admiró y lo convirtió en un ídolo, Juan Gabriel partió rumbo a su ciudad adoptiva donde permanecerá por siempre en la que fuera su casa.

De acuerdo con las autoridades, más de 700 mil personas acudieron a despedirse de él en Bellas Artes, pero cientos o miles más, lo siguieron desde que el avión que transportaba sus cenizas, llegó de Juárez.

No importó ni la lluvia, ni el sol, ni el cansancio, ni las horas de pie, esperando pacientemente el turno para darle el adiós.

La música unió a desconocidos y los convirtió en deudos del mismo dolor, la pena por la muerte de su ídolo hermanó a todos, mexicanos y extranjeros, todos por igual, unidos en la tristeza por la pérdida del hombre que con sus canciones y su música es hoy y para siempre, parte de cada persona que lo admiró y lo convirtió en inmortal.

En medio de porras, lágrimas, música, gritos y resguardado por una impresionante comitiva de motociclistas, la elegante carroza gris enfiló por la avenida 5 de mayo para después rodear la plancha del Zócalo, tomar avenida Pino Suárez, calzada de Tlalpan, el Viaducto Miguel Alemán y dirigirse al Hangar Presidencial, donde un avión de la Fuerza Aérea Mexicana lo conduciría a Ciudad Juárez.

Al final, el deseo de Juan Gabriel de no convertir su muerte en un circo, se vio cumplido a pesar del despliegue mediático, siempre se le guardó el respeto que merecía.

El pueblo y la gente que lo sentía parte suya, lo lloró como lo hacemos en México, con una tristeza alegre, como seguramente a él le habría gustado.

“Y con todo y mi tristeza me enseñé a no olvidarte, me enseñé a vivir sin verte, pero sin acostumbrarme…!”

Descanse en paz, Juan Gabriel.

 

 

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